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Forajidos de ayer, zánganos de hoy

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El 13 de abril de 2005 se desarrolló en Quito una masiva movilización popular que terminó con el gobierno de Lucio Gutiérrez en Ecuador. Fue el último, en realidad su vicepresidente Alfredo Palacio que terminó su mandato, de 7 mandatarios que no pudieron terminar su mandato por las sucesivas crisis en diez años y que tuvo su pico máximo entre 1999 y 2000 con el feriado bancario y el ingreso a la dolarización.

Esa masa de gente de clase media que se alzó en protesta al gobierno fue denominada “rebelión de los forajidos” en honor a la calificación de Gutiérrez cuando se movilizaron a su casa para pedirle al renuncia.

Luego llegó Rafael Correa y en sus años, con avances y retrocesos, el país logró estabilidad y un liderazgo del que los ecuatorianos se pudieron acostumbrar.

Hoy, la situación es diferente, Lenín Moreno traicionó el programa por el que fue votado el 2 de abril de 2017 y decidió adoptar el camino contrario, es decir, ajuste, relación subordinada con Estados Unidos y acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. Además, en nombre de la lucha contra la corrupción se gestó un verdadero estado de excepción judicial en el que ex funcionarios y el propio ex presidente están siendo investigados, detenidos como Jorge Glas o, en el caso del excanciller Ricardo Patiño obligados a pedir asilo político.

Lo ocurrido esta semana es unas síntesis de la gestión Moreno y, tal vez, un adelanto de lo que pueda ser su futuro. Las medidas que desataron la bronca fueron la quita del subsidio al combustible que se venía implementando hace 47 años y provoca un aumento del 100 por ciento que se trasladará a toda la cadena valor y los alimentos.

Bajo estos argumentos se llevó a adelante un paro de tres días que solo se levantó para pedir la libertad de dirigentes sindicales del transporte que fueron ilegalmente detenidos.

Aumento de combustible, reforma laboral y despidos en el sector públicos fueron recomendaciones del FMI que Moreno decisión aceptar sin chistar aun sabiendo el malestar popular que esto generaría en un contexto de fuerte caída de la imagen.

El interrogante gira en torno al futuro inmediato. El correísmo, hoy nucleado en el partido Revolución Ciudadana, pide que la Asamblea Nacional se encargue de restaurar la democracia y haga uso de la facultad de dejar sin efecto el Estado de Excepción que militarizó las calles, reprimió y detuvo a mas de 300 personas.

A su vez, el pedido va mas allá e incluye aplicar la figura de “Muerte cruzada” que termine forzando la renuncia del jefe de Estado para que se convoque a elecciones legislativas y ejecutivas, estas ultimas contempladas para el año 2021. Las similitudes con el paquete de ajuste de 1999 son muy contundentes y la masividad de los sectores sociales que se movilizaron, especialmente las comunidades indígenas hace pensar en un desenlace parecido al de Lucio Gutiérrez.

Además, cabe destacar que Lenín Moreno no tiene mayoría propia luego de la ruptura con el correismo y necesita del apoyo que le  brinda la derecha tradicional nucleada en el Partido Social Cristiano de Jaime Nebot que ya tuvo a algunos de sus integrantes con criticas a la forma en la que Moreno llevó a adelante la crisis.

De esta forma, la derecha tradicional, el gobierno de Estados Unidos y el FMI son el sostén principal de Moreno pero, como sabemos, nada es para siempre y si el estado de descomposición se acelera, lo probable es que termine convirtiendo a Lenín Moreno en un lastre fácil de descartar.

Moreno calificó de zánganos a los que quieren “seguir viviendo de los subsidios” y en el horizonte se avizoran más protestas que lo tienen en la mira. Tal vez, los forajidos de ayer sean los zánganos de hoy, y el pueblo ecuatoriano nuevamente termine rediseñando el mapa político ecuatoriano.

6 octubre, 2019

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata