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TIAR para Venezuela: implicancias y riesgos

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La Organización de Estados Americanos (OEA) aceptó convocar al consejo del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) luego de que la Asamblea Nacional venezolana, presidida por Juan Guaidó, aprobara la reincorporación al paacto. Se trata de una nueva estrategia que busca aumentar las presiones sobre el gobierno de Nicolás Maduro y que, incluso, puede provocar una intervención militar en el país bolivariano. 

De a poco empiezan a tomar forma las declaraciones del Secretario General de la OEA, Luis Almagro, cuando en septiembre del año pasado justificaba a viva voz la idea de “no descartar” una intervención militar en Venezuela. El paso dado por Argentina, Colombia, Brasil, Chile, Estados Unidos, El Salvador, Guatemala, Haití, Honduras, Paraguay, República Dominicana y Venezuela (a través del autoproclamado presidente Juan Guaidó) será puesto a consulta dentro de dos semanas en la Asamblea de Naciones Unidas y se definirán las sanciones a seguir, además de las ya impuestas por el gobierno estadounidense.

La iniciativa despierta las alarmas y los primeros ensayos militares en la frontera colombiana de Venezuela luego de que el presidente Iván Duque denunciara el supuesto apoyo de Maduro a la facción rebelde de las FARC, que la semana pasada decidió abandonar los diálogos de paz y retomar las armas.

La nueva estrategia, sin embargo, se posa sobre un péndulo que se abalanza entre la polémica de una eventual intervención militar en Venezuela, sin mencionar las asfixiantes sanciones económicas ya impuestas al país, y la imposibilidad técnica de ser aplicada.

¿Qué es el TIAR?

Creado en 1947, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca fue consensuado en Río de Janeiro por países de América latina y la región como una forma de dar protección militar ante posibles conflictos armados. El acuerdo nace como un pacto de defensa mutua que, en su artículo 3, sostiene que “un ataque armado por parte de cualquier Estado contra un Estado Americano, será considerado como un ataque contra todos los Estados Americanos”. 

El tratado, que será aplicado “si la inviolabilidad o la integridad del territorio o la soberanía o la independencia política de cualquier Estado Americano fueren afectadas por una agresión que no sea ataque armado, o por un conflicto extra continental o intracontinental”, propone “el retiro de los jefes de misión; la ruptura de las relaciones diplomáticas; la ruptura de las relaciones consulares; la interrupción parcial o total de las relaciones económicas, o de las comunicaciones ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas, telefónicas, radiotelefónicas o radiotelegráficas, y el empleo de la fuerza armada” a los efectos del mismo. 

Actualmente el TIAR se compone de 19 países del continente americano, entre los que se encuentra Estados Unidos, y desde su creación hasta el día hoy ha tenido intervención en distintos conflictos, con especial protagonismo durante la guerra fría.

Las últimas cartas

A pesar de haber tenido relativa efectividad al lograr la paz en las agresiones bélicas entre Honduras y Nicaragua en 1957, lo concreto es que Estados Unidos, como país miembro, tiene una importante influencia sobre el TIAR y los intereses en su aplicación. A tal punto, que en 1962 fue actor clave para expulsar a Cuba del tratado ante la denominada crisis de los misiles.

También la guerra por Malvinas entre Argentina y Gran Bretaña en 1982 fue un conflicto de intereses, donde decidió apoyar a su brazo de la OTAN y pasar por encima al TIAR por considerar que el país sudamericano fue quien inició las hostilidades, en disidencia con la mayoría de los integrantes del tratado.

Sin embargo, en aspectos técnicos, Venezuela no forma parte ni del TIAR ni de la OEA. En 2012, el hasta entonces presidente bolivariano, Hugo Chávez, decidió abandonar el pacto junto a Ecuador, Bolivia y Nicaragua, países miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA). 

Aunque los legisladores opositores venezolanos confirmaron la reincorporación al tratado por unanimidad, cabe recordar que la Asamblea Nacional que presiden Juan Guaidó fue declarada en desacato por la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) en 2016, lo que dictó la nulidad y validez jurídicas de todas las normativas sancionadas por el organismo. 

Tampoco forma parte de la OEA, institución de la que se retiró en abril de 2017 por instrucciones de Maduro luego de que el organismo convocara una reunión de cancilleres para abordar la situación de Venezuela.

Los hechos obedecen a un reagrupamiento de las fuerzas de derecha del continente con un solo objetivo: desterrar a Maduro e imponer un régimen a tono con la mayoría de los gobiernos de la región. A pesar de los avasallamientos democráticos, institucionales y a los derechos humanos que ha instaurado la política de Nicolás Maduro, la oposición se constituye mediante distintas estrategias que rememoran a planes de inteligencia liderados por Estados Unidos en el cono sur. 

Si bien la agenda estadounidense encuentra su oportunidad junto a gran parte de los gobiernos del continente, los numerosos fracasos para derrocar a Maduro pesan en el resultado final. En medio de ciclos electorales y de posibilidad de cambios de aire en la región, será muy difícil mantener una política de hostigamiento que prospere por mucho tiempo más, principalmente frente a postulados antidemocráticos que son rechazados por gran parte de gobiernos de la región y el mundo. 

12 septiembre, 2019

Sobre el Autor

Sebastian Mangini