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Con el cuchillo entre los dientes

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Lula fue víctima de un nuevo atropello judicial. La decisión de la jueza Carolina Lebbos de trasladar al expresidente de Brasil a la prisión común Tremenbé ubicada en el interior de San Pablo fue un intento de demostrar el manejo de resortes de poder para intimidar y disciplinar. 

El insólito motivo está basado en el supuesto trastorno que generan las visitas y movilizaciones a la Superintendencia de la Policía Federal de Curitiba. El hecho de que se lo ubique en una cárcel con calabozos compartidos en donde se obliga a los detenidos a afeitarse la barba es la mera búsqueda de humillar a una persona que siempre se puso a derecho, aún ante la posibilidad de asilarse a una Embajada. Una persona cuyo proceso debería ser anulado por irregular y parcial.

Esta locura de Sergio Moro cuenta con aliados: los jueces y fiscales de Curitiba que están en la mira de todos a raíz de la investigación del sitio The Intercept, la minoría social intensa que apoya a Bolsonaro y el gobernador de San Pablo Joao Doria, que tiene a cargo el sistema penitenciario de su Estado. Este actor político ostenta el sello del PSDB, pero se entrega al mejor postor y busca postularse para la presidencia en el 2022.

El empresario devenido en político desde que ganó la alcaldía paulista en 2016 dijo que “si Lula era trasladado iba a tener la posibilidad de hacer lo que nunca hizo: trabajar”. Lo dice Doria, cuyo mérito es tener dinero sin demasiada certeza sobre su procedencia. Esto también es el Lava Jato.

Afortunadamente, esta arbitrariedad perversa y desopilate, contó con importantes rechazos. Además del Partido de los Trabajadores y sus aliados, la transferencia fue frustrada por el Supremo Tribunal Federal y el presidente de la Cámara de Diputados, Rodrigo Maia que calificó la medida de persecución. 

Sergio Moro opera como alguien que está herido y dispuesto a todo. Forma parte de un gobierno al que no le interesan las formas.  Su líder no tiene reparos en reivindicar el trabajo infantil o recibir a la viuda del torturador de Dilma Rousseff a quien ungió como héroe nacional. 

Evidentemente, Moro no tiene nada que perder. No piensa retroceder y eso lo lleva a pegar puñetazos al aire con el riesgo de que el Supremo active la discusión sobre la irregularidad del proceso que terminó con Lula preso. ¿Hay alguna duda de que el proceso debe ser anulado y Lula liberado? ¿Es posible ante tanta provocación aceptar una prisión domiciliaria? El camino, indefectiblemente es ese. Moro lo sabe y en ese contexto sus lugartenientes avanzan. 

Brasil requiere con urgencia una reconstrucción democrática. La peor grieta que puede tener un país es entre las fuerzas democráticas (de izquierda y de derecha) y el autoritarismo conservador e impune que hoy conduce los destinos de la potencia más importante de Sudamérica. El 2020 será un primer paso cuando se celebren las elecciones municipales como previa de los comicios generales de 2022.

La batalla no será facil. Las fuerzas democráticas tienen enfrente a un conjunto de líderes que utilizar los recursos del Estado para amenazar, concentrar poder y disciplinar. Pueden llamarlo autoritarismo o fascismo si lo desean, pero definitivamente no podemos considerarla una democracia. 

Operan sobre lo simbólico, como la posibilidad de que Lula deba afeitarse, lo que parece una nimiedad, pero significa destruir una marca personal que solo fue modificada durante el tratamiento por cáncer de faringe que realizó en 2012. ¿Siguen pensando que claudicará? Él lo dijo con claridad: “si me encarcelan, seré víctima; si me matan, seré mártir; si quedo en libertad, seré presidente”. Moro está con el cuchillo entre lo dientes, pero el que tiene adelante es un hombre de mil batallas.

Los meses que restan del 2019 serán claves para saber con certeza cuál es la correlación de fuerzas de Sergio Moro y cuántas ganas tienen los jueces supremos de seguir asistiendo al derrumbe del Estado de Derecho. El futuro está en sus manos, más bien, en sus votos.

9 agosto, 2019

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata