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Rodrigo Maia: el sobreviviente de la debacle

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Brasil vive momentos vertiginosos. El último lustro estuvo marcado por el estallido de la Operación Lava Jato y sus consecuencias sobre el sistema político, la destitución de una presidenta electa pro 54 millones de personas, la detención y proscripción de una de las figuras más importantes de la historia reciente y la victoria de hombre que hace del extremismo una forma de hacer política. 

Muchas cosas cambiaron, entre ellas el color político y la orientación del gobierno federal, pero otras siguen igual. Es decir, por más que buena parte de la dirigencia política sufrió las consecuencias de las causas de corrupción, Brasil sigue siendo un presidencialismo de coalición con el Parlamento como factor central. Es decir, sin negociación y acuerdos no es posible un gobernar. 

Con su llegada al poder, Jair Bolsonaro intentó ningunear a los partidos tradicionales con el objetivo de sobreaactuar su falsa condición de outsider y cumplir con el lema que había utilizado en campaña de “más Brasil, menos Brasilia”. Sin mayoría propia, el Jefe de Estado tuvo que dejar la consigna y asumir la política real. 

En este contexto es que emerge Rodrigo Maia, presidente de la Cámara de Diputados y uno de las figuras más relevantes de la actualidad en Brasil. Si bien no tiene el grado de visibilidad que pueden tener otros dirigentes del país, Maia maneja el pulso político de Diputados y, por ende, gran parte de la agenda pública y los objetivos de gobierno. 

 

¿Quién es Rodrigo Maia?

Nació el 12 de junio de 1970 en Santiago de Chile producto del exilio de su padre, César, de la dictadura militar brasilera. Luego de una experiencia en el Partido Comunista,  Cesar volvió con su familia a Brasil en 1973  y comenzó una carrera política que lo llevó a ser tres veces alcalde carioca.

Por su lado, Rodrigo inició en 1996 su carrera política cuando asumió como secretario de Gobierno de la Prefectura de Río de Janeiro y en 1998, fue elegido por primera vez como diputado federal, cargo por el que lleva su quinto mandato. 

Con una previa en el Partido del Frente Liberal y de la Alianza Renovadora Nacional (Arena), agrupación que respaldó al régimen militar, fundó el partido Demócratas, una fuerza de centro derecha que apoyó en las últimas elecciones  presidenciales a los candidatos del Partido Socialdemócrata de Brasil (PSDB) y ocupó un lugar en el denominado “Centrao”, nombre con el que se conoce los partidos con el que todos los gobiernos tiene que negociar para desarrollar su gestión sin sobresaltos.

Como jefe de la bancada de su partido, Maia formó parte del juicio político que terminó con el gobierno de Rousseff y tomó más relevancia cuando fue elegido para reemplazar al poderoso Eduardo Cunha en la presidencia de la Cámara de Diputados en julio de 2016. 

Las causas de corrupción del Lava Jato también tocaron la puerta del despacho de Maia cuando  junto a su padre fue  investigado por por corrupción activa y pasiva, defraudación de la administración pública y lavado de dinero. La acusación indicó que habría recibido coimas por 300 mil dólares de OAS y donaciones ilegales de Odebrecht a cambio de favores en el Congreso. En 2010, su partido fue condenado por la Justicia Electoral por financiación ilegal y debió devolver un millón y medio de dólares al Estado. 

´Rodrigo #Maia no forma parte del Gobierno y se torna cada vez más distante´ Click To Tweet

 

A diferencia de Cunha, Maia se mostró más dialoguista que conspirador e incluso logró construir un perfil orientado a la defensa de las instituciones con el que logró la confianza de la enorme mayoría de los partidos políticos.  Un ejemplo de esto cuando tuvo a su merced a Michel Temer luego de la difusión de un audio en el que el vice de Dilma aprobaba una coima para Cunha. Mientras la oposición a Temer pedía juicio político, Maia impidió el proceso, aún cuando eso lo depositaba en el Palacio Planalto. 

Con Bolsonaro la cuestión es más sencilla. Maia se paró desde el primer momento en una clara posición de fuerza que lo hizo imprescindible para los intereses del presidente en el Congreso. Sin ir más lejos, la reforma previsional se debatió y aprobó con los tiempos del poder legislativo. 

En las últimos días se conoció el apoyo de Maia al periodista y director del sitio periodístico The Intercept, Gleen Greenwald, víctima de una feroz ofensiva oficial liderada por el ex juez y actual ministro de Seguridad y Justicia, Sergio Moro, que incluyó la detención de supuestos hackers y amenazas contra los periodistas que revelaron las irregularidades con la que Moro y los fiscales detuvieron a Lula. 

´La lucha contra la corrupción de #Moro se convirtió en una cruzada personal´ Click To Tweet

 

Con olfato y audacia, Maia defendió la libertad de prensa y de preservación de las fuentes a sabiendas que esta declaración lo pondría en la vereda de enfrente del gobierno y le abriría la puerta a buena parte de los medios nacionales e internacionales. 

El Lava Jato, el impeachment contra Dilma y la victoria de Bolsonaro, ubicaron a la derecha democrática de Brasil como furgón de cola de Bolsonaro. El antilulismo los llevó al abismo electoral y permitió el arribo a la conducción del Estado de lo más reaccionario y conservador del país. La lucha contra la corrupción de Moro se convirtió en una cruzada personal contra el Partido de los Trabajadores en general y Lula en particular cuyo costo no solo es una prisión injusta, sino el desmantelamiento de las empresas que permitieron que Brasil se consolide como una potencia emergente en un orden mundial multilateral. Por más transnacionales que saquen tajada de la caída en desgracias de las empresas nacionales, la recesión sigue siendo un huésped de honor en el país vecino. 

De esta manera, Rodrigo Maia, así como el vicepresidente Hamiton Mourau, expresan moderación y racionalidad dentro de un proceso conducido por un extremista que parece estar dispuesto a todo para profundizar su misión religiosa y su batalla cultural antiglobalista. 

Maia, por su parte, cuenta con una diferencia sustancial respecto a Mourau: no forma parte del gobierno y en la medida en que avanza el tiempo su relación se torna más distante. No tanto por algunas reformas económicas liberales, sino por la falta de apego del presidente con las libertades y los derechos individuales.

Bolsonaro construyó su victoria en el antipetismo, pero por sobre todas las cosas en la debacle del PSDB y el MDB. Devolver la centralidad a la política y mostrarse como dique de contención de una derecha democrática desdibujada es parte de los objetivos inmediatos de Rodrigo Maia. Renace la necesidad de construir un frente democrático, que compita entre sí y haga frente a esta realidad oscura. El retorno de una derecha socialdemócrata no solo puede entusiasmar a los actores del poder económico que confiaron en Bolsonaro, sino que puede devolver el cauce de normalidad democrática a un país sin rumbo.

 

2 agosto, 2019

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata