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España: entre la coalición de izquierda y una nueva ronda electoral

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El futuro del gobierno español ha caído en una incertidumbre compleja de predecir tras el fracaso del segundo intento de investidura de Pedro Sánchez. Las facciones izquierdistas se culpan mutuamente de querer tirar por tierra las negociaciones con el riesgo de llamar a nuevas elecciones mientras la derecha española se relame augurando poder competir nuevamente en las urnas. ¿Es este el indicio que reaviva la crisis institucional del 2015 de cara a unos nuevos posibles comicios o la izquierda negociará para evitar un eventual avance de la derecha? La fecha límite es el 23 de septiembre y el tiempo empieza a correr.

Las negociaciones entre las facciones izquierdistas se han tensado en la última etapa del segundo intento de investidura del favorito en las elecciones, el actual presidente Pedro Sánchez, que a pesar de haber ofrecido 3 ministerios y la vicepresidencia a Unidas Podemos, no logró convencer al bloque, que buscaba hacerse del Ministerio de Trabajo. Por supuesto, la oferta es un manotazo de ahogado del PSOE que desde un principio buscó gobernar en soledad y evitar a toda costa un cogobierno, tal vez, ensanchados por la decisiva victoria electoral. Sin embargo, en la cuenta final y pasados 3 meses de intensas negociaciones los socialistas lograron más abstenciones que apoyos.

La misión del PSOE tras la holgada victoria en los comicios generales de abril era convencer a los bloques centro izquierdistas del parlamento para lograr los 53 escaños restantes y alcanzar la mayoría absoluta de 176 para investir a Pedro Sánchez como presidente. Como toda democracia parlamentaria, las negociaciones tienden a endurecerse al momento de buscar apoyos y una España determinada por la diversificación partidaria no fue la excepción. En este escenario, inclusive, las pequeñas fuerzas suman al total.

En los acuerdos el PSOE da por descartada una coalición de derechas. Ni el Partido Popular, que obtuvo apenas 66 diputados, ni VOX, que ingresó al parlamento con 24 plazas, son candidatos a formar una coalición parlamentaria. Tampoco lo es Ciudadanos, con sus 57 representantes de la cámara baja, que desde un inicio ha demostrado poco interés en dar su apoyo a los socialistas. Con un techo de 147 diputados, su mayor carta es apostar a la disolución del Parlamento y convocar a nuevamente al pueblo español a las urnas, principalmente para el PP que ha tenido una paupérrima derrota en términos electorales.

Tampoco los independentistas catalanes de JuntsxCat y Erc han apoyado a Sánchez, aunque no quedan descartados del plano. Con sus 18 escaños en el Parlamento, la mínima garantía para retomar las conversaciones con el gobierno de España recae sobre Unidas Podemos, de Pablo Iglesias. Por tanto, el rechazo de Podemos a formar gobierno condiciona, en parte, la aprobación independentista para apoyar a Sánchez, sobre todo en momentos donde la Justicia española debe definir las penas a 12 líderes catalanes por el referéndum ilegal del 1-O del 2017.

Por su parte, Podemos trata de recuperarse de una crisis que afectó a ambas facciones en la contienda electoral. Sin embargo, sus 35 escaños son sumamente necesarios para el PSOE a los fines de obtener la investidura de Pedro Sánchez. La incógnita recae en qué tanto están dispuestas a medirse las fuerzas de izquierda para conformar gobierno durante el tercer y último intento de investidura presidencial o en la posibilidad de perder los votos capitalizados en la última elección y el riesgo que implica un eventual crecimiento de la derecha, que amenaza con propuestas cada vez más lejanas al centro.

Un pacto a la portuguesa: ¿la estrategia de Sánchez?

Casi como un modelo para las izquierdas europeas, el pacto forjado por el país vecino no hace más que construir una agenda en común entre las diversas fuerzas ideológicas con el objetivo de impedir un gobierno de derecha. Es lo que definitivamente representa una coalición partidaria que debe sacrificar determinadas aspiraciones y liderazgos para garantizar estabilidad conforme a un proyecto en común. Por tanto, la alianza no se propone a formar necesariamente parte del gobierno, sino más bien a constituir una estabilidad parlamentaria, a pesar de la fuerza que haya ganado la contienda.

De cara a la tercera y última ronda de negociaciones, el líder del PSOE extendió la posibilidad de negociar con Podemos el pacto que permitió a Portugal salir de una profunda crisis económica que afectó al país en 2015. Eso significaría que las agrupaciones de izquierda deberían juntarse en una mesa a dialogar una agenda, que ha encontrado puntos en común durante la presidencia de Sánchez, y ceder el poder ejecutivo y gabinete a la fuerza vencedora o acordada.

Esa propuesta será negociada con un Pablo Iglesias que exige un cogobierno para dar su apoyo en el Parlamento. Y, de hecho, Sánchez ya dio un primer paso en ese sentido tras la frustrada investidura, aunque sin terminar de convencer a Podemos.

No obstante, el actual presidente buscará llegar a organizaciones sociales, ecologistas y feministas como estrategia que sirva para la construcción de una agenda y traccionar la alianza buscada. Sin embargo, la posibilidad de un pacto a la portuguesa es, por momento, impensado, a menos que la discusión empiece a centrarse en garantizar el control parlamentario.

¿El llamado a elecciones seduce a los socialistas?

Un paso más adelante y pensando en un nuevo llamado a las urnas, las encuestas empiezan a buscar protagonismo. El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), organismo autónomo que depende del Ministerio de Presidencia, publicó un panorama que potencia al voto socialista y eso seduce al PSOE.

Aunque durante su discurso en la sesión de investidura aseguró no tener miedo a una eventual elección el 10 de noviembre, las palabras de Sánchez se topan con su último intento de convencer a Podemos para formar una coalición y un cogobierno. Sin embargo, el primer estudio del CIS asegura que el PSOE tiene una intención de voto directa del 41,3 por ciento, un resultado que de ser posible ubicaría a los socialistas en una posición mucho más favorable que al 28,7 por ciento que obtuvo en abril y, por tanto, con mayores posibilidades de investir a Sánchez.

Muy por debajo se ubica el PP como segunda fuerza con el 13,7 por ciento, el 13,1 por ciento de Unidas Podemos en tercer lugar, Ciudadanos con el 12,3 por ciento en tercer lugar, Vox con un 4,6 por ciento y ERC con un 4,5 por ciento de intención de voto directo.

Esto puede significar un arma de doble filo para Sánchez, ya que arriesgarse a una nueva contienda electoral podría dar vuelta el escenario y ponerlo bajo verdaderos aprietos. Podemos deberá analizar, por su parte, si es posible considerar una mesa de negociación por fuera del gobierno o si continuará presionando al PSOE para formar un cogobierno, a pesar de que las fracturas en el seno del partido han generado una profunda crisis que pagó a nivel electoral y que, ante un nuevo llamado a elecciones, podría lamentar aún más.

Por lo pronto, el escenario más favorable parece ser garantizar la seguridad de la victoria ya obtenida por las fuerzas de izquierda en la última elección. Si el último intento por investir como presidente a Sánchez fracasa el 23 de septiembre, los españoles serán convocados a las urnas nuevamente el 10 de noviembre para la conformación de un nuevo parlamento.

El futuro presidente de España se posa en estos momentos sobre una cuerda tensa que solo los partidos de izquierda deben definir hasta qué punto aflojarla. De eso dependerá una posible nueva elección, que deberá lidiar con una sociedad española que deberá ir a comicios generales por cuarta vez en 4 años y una derecha que amenaza con retroceder en las medidas sociales alcanzadas durante los últimos años.

1 agosto, 2019

Sobre el Autor

Sebastian Mangini