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¿Qué está ocurriendo en Georgia?

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     Hace 20 días que el país caucásico se encuentra en una ola de continuas protestas y la situación, lejos de apaciguarse, está cada vez más convulsionada. La última leña tirada al fuego ocurrió el domingo 7 de julio cuando el periodista Gueorgui Gabunia abrió su programa en el canal opositor “Rustavi 2” con una editorial en la cual se dirigía a Vladímir Putin con fuertes insultos. Inmediatamente, miles de personas salieron a la calle tanto para abuchear como para defender al periodista. El gobierno de Salomé Zurabishvili, elegida hace apenas un año por su posición escéptica respecto a Rusia, se enfrenta a una profunda crisis social y económica.

Las protestas

       El jueves 20 de junio se llevó a cabo en Tiblisi, capital de Georgia, la vigésima sexta sesión de la Asamblea Interparlamentaria de la Ortodoxia que reúne a los representantes de dicha religión. La sesión se realizó en el recinto del Parlamento georgiano y fue precedida por Serguéi Gavrílov, un senador ruso perteneciente al partido comunista y defensor de la secesión de Abjasia y Osetia del Sur.

        Elene Khoshtaria, una senadora opositora, declaró que “el Sueño Georgiano [nombre del partido oficialista] ha traído a los ocupadores rusos y les dejó sentarse en la silla del presidente del Parlamento. Eso es una cachetada a la historia reciente georgiana”. Como respuesta a esta “ofensa”, los georgianos comenzaron un ciclo de protestas multitudinarias que ya se extiende por 20 días. Las manifestaciones han dejado un saldo de más de 400 detenidos y 250 heridos.

Las heridas abiertas

            Georgia, como todos los países post soviéticos, mantiene una serie de disputas territoriales con Rusia. Una de ellas es la región de Abjasia, la cual formaba parte de la  república georgiana hasta que a mediados de 1992, apoyada por tropas militares rusas, declaró unilateralmente su independencia. Hasta la actualidad, la república de Abjasia ha sido aceptada únicamente por la Federación Rusa.

         Por su parte, tras la caída de la URSS, la región de Osetia fue dividida en Osetia del Norte, perteneciente a Rusia, y Osetia del Sur, perteneciente a Georgia. El 2006 se celebró un referéndum en el cual el 99% de la población sureña votó a favor de la unión con Osetia del Norte y Rusia. La tensión creció hasta que en 2008 Rusia y Georgia entraron en guerra, tras la cual Osetia del Sur se auto-declaró un estado independiente sólo reconocido por Rusia, Venezuela y Nicaragua.

         Hasta el día de hoy las fronteras georgianas con Abjasia y Osetia del Sur se encuentran militarizadas y en estado de alerta constante. Las disputas territoriales han afectado muchísimo la relación con Rusia y la memoria histórica nacional gerogiana: desde el orgullo de ser el país que vio nacer al líder revolucionario Iósif Vissariónovich Dzhugashvili, alias Stalin, a ser un país que reniega de su pasado soviético y busca acercarse cada vez más a Occidente, la Unión Europea y la OTAN.

Las consecuencias

           Al día siguiente del inicio de las manifestaciones, el presidente del Parlamento, Irakli Kobajidze, presentó su renuncia y fue reemplazado por Archil Talakvadze, otro miembro del oficialismo. El nuevo presidente parlamentario prometió iniciar un diálogo constructivo con la oposición y mantener el rumbo hacia el ingreso del país en la OTAN y la Unión Europea aunque aún no se han visto movimientos en este sentido.

            La presidenta georgiana, quien el primer día de protestas se encontraba en una visita oficial en Bélgica, dijo: “Rusia es nuestro enemigo y ocupante. Controla una «quinta columna» que podría llegar a ser incluso más peligrosa que la agresión directa”. También se mostró en contra de la editorial de Gabunia y declaró que se trata de una nueva ola de provocaciones o de revanchismos que sólo juega en contra del propio país.

            El Kremlin ha catalogado todo lo que viene sucediendo de “provocación rusófoba” y ha tomado medidas en contra del país caucásico. Alegando el peligro que puede aguardar a sus compatriotas, el presidente ruso firmó un decreto que prohíbe a las aerolíneas rusas volar a Georgia y puso en marcha un plan de “evacuación” de todos los ciudadanos rusos que temporalmente se encuentran en el territorio de dicho país. Asimismo, se sancionó una ley para prohibir la importación de vino y agua mineral y se está evaluando la posibilidad de levantar sanciones.

            Al respecto, Putin se declaró en contra y afirmó que “alguien salió, dijo cualquier cosa y se cree importante. Antes nadie lo conocía y ahora todo el mundo habla de él. En éste sentido, consiguió su objetivo. Lo suspendieron por dos meses, ahora se va de vacaciones, luego volverá y seguirá su trabajo. Pero hay gente en Georgia que protesta en contra de esto. En virtud de estas personas y en virtud de recuperar las relaciones normales entre Rusia y Georgia yo no tomaría ningún tipo de decisión que dificulte nuestras relaciones”.

           A pesar de que Georgia entró a la Unión Europea como estado asociado en julio de 2016, la mayoría de los ingresos del país proviene de los intercambios comerciales con Rusia. El país caucásico recibe alrededor de 1.4 millones de turistas rusos por año. Según una estimación de Ministerio de Turismo georgiano, Georgia podría perder 300 millones de dólares anuales sólo por la limitación al turismo ruso. Resta decir que la Unión Europea no ha tomado cartas en el asunto ni ha hecho declaraciones a favor de su socio.

9 julio, 2019

Sobre el Autor

Noelia Pérez Rivaben