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El presente brasileño necesita coraje

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Por Melisa Morini

Volver al gigante latinoamericano después de unos cuantos años me impactó. El tiempo que lleva Jair Bolsonaro en el poder se traduce en las calles: incremento de las fuerzas policiales y malestar social. La opinión desde el arte, a través de la palabra de la profesora y directora de la Orquesta Juvenil Villa Lobos, Cecilia Rheingantz Silveira y la mirada periodística del redactor de Noticias Do Dia, Fabio Bispo. 

El choque cultural, social y político al entrar en Brasil después de pasar unos meses en Uruguay se hizo sentir. La primera parada fue Porto Alegre donde salí de la terminal, mochila a cuestas, a comer algo y estirar las piernas. Bajé de una entrada tipo autopista e inmediatamente pensé “llegué a Brasil”: calor pegoteado de enorme centro urbano, gente viviendo en la calle, algunos jóvenes consumiendo  droga y la policía actuando con abierta impunidad.

A los gobiernos latinoamericanos como los de Iván Duque en Colombia, Sebastián Piñeira en Chile o Mauricio Macri en Argentina hay que agregarles otros personajes en el resto de mundo como Donald Trump o Rodrigo Duterte en Filipinas. Según los especialistas de historia y geopolítica, Bolsonaro se avecinó como una catástrofe y sus ideas apuntan a medidas, aún peor,  a lo que se ha visto en los gobiernos antes mencionados.

Una derivación de esa lógica, que viene pegando fuerte en lo que lleva esta figura en el poder, es la radicalización de las fuerzas de seguridad y al mismo tiempo, la definición de quiénes representan enemigos sociales. Fácil, ya lo viene demostrando: migrantes, poblaciones originarias, colectivos de la diversidad sexual. Ellos son los chivos expiatorios para el violento accionar de la policía y el ejército y los platos rotos los pagan, como siempre, las clases populares.

Conocimos en campaña que Bolsonaro fue capitán del Ejército brasileño y una vez asumido el poder, colocó en puestos significativos de su gabinete a integrantes y ex integrantes de las Fuerzas Armadas. Su vicepresidente, el general Hamilton Mourao, es una muestra de ello. No sólo eso, sino que lo que opinan desde la oposición es que Jair es una marioneta del poder y que quien gobierna realmente es el Ministro de Economía, Paulo Guedes, centrando la atención en la reforma de la previsión social. Un verdadero clásico del manual neoliberal.

Estaba sentada en la vereda de un barcito callejero cuando una camioneta de la policía frenó e inmediatamente avanzó contra todos, personal del bar de al lado, consumidores y unas chicas que estaban en la vereda. No puedo asegurar si la situación era sospechosa pero se los notó ensañados con las dos jóvenes. En las caras de quienes estaban en el mismo lugar que yo pude ver una sensación de intolerancia e impotencia. La moza los grabó, disimuladamente, con el teléfono. Imagino que así es como se crean los vídeos que ya circulan, sobre el incremento de la violencia policial.

Ya ubicada en nuevo destino, en el estado de Santa Catarina, me sorprendió ver la cantidad de puestos de control y móviles ubicados en lugares específicos, no recordaba que fuera así años atrás, mucho menos tratándose balnearios turísticos. Lo comenté con diferentes personas y me llevé diferentes versiones. Comerciantes encuentran bien contar con seguridad en zonas balnearias y otros, en cambio, se llevaron fiascos. “Si les das más poder al poder..” cantaba una banda mexicana.

En la misma localidad, me encontré con unos argentinos que me contaron que la policía pasó por una calle cualquiera, donde estaban compartiendo un fin de tarde unas cuantas personas y tiró gas lacrimógeno ¡de la nada y sin motivo! Quedaron impactados. Apenas un ejemplo, salieron en la prensa muchos más.

Parece que los vínculos violentos son un mal de familia. Hace poco se reveló que el hijo mayor de Bolsonaro, Flavio, tiene conexiones con un excapitán de la policía militar, Adriano Magalhaes da Nóbrega, el presunto jefe de la Oficina de Delitos, ahora fugitivo de la Justicia. La madre y la esposa de Nóbrega trabajaron durante años en la oficina de Flávio Bolsonaro cuando era legislador del estado de Río de Janeiro. En un comunicado de prensa, el mayor de los Bolsonaro afirmó que ellas fueron contratadas por otra persona y que él fue víctima de una campaña de desprestigio. Pero también elogió a Nóbrega dos veces en la Asamblea Legislativa de Río por su trabajo como oficial de policía, y le otorgó el honor más alto de la asamblea mientras aún estaba en la cárcel por una condena por homicidio. ¿Quién era la víctima? Un residente de la favela que lo denunció por delitos de tortura y extorsión. Y en 2015, Flavio Bolsonaro fue el único legislador que votó en contra del establecimiento de una comisión parlamentaria para investigar fraudes y asesinatos por parte de la policía que se hayan cometido en una supuesta defensa propia. Parece que los grupos paramilitares no actúan como estado paralelo sino que son el Estado.

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Resistencia cultural 

Este conjunto es el resultado del trabajo de educación musical ha llevado adelante desde 1992 en la Escuela Municipal de Enseñanza Fundamental “Heitor Villa Lobos”. El proyecto persigue el objetivo de proporcionar a niños y jóvenes de Lomba do Pinheiro, periferia de Porto Alegre, el acceso a la música, a vivencias artísticas, promoviendo el desarrollo de la autoestima y estableciendo una interacción con los elementos de la cultura local con impacto en la sociedad. Y vaya si lo consigue. El grupo está constituido por 40 jóvenes en escena y no sólo es la música la estrella sino también la danza y la escenografía.

La Orquesta ya pasó con creces más de mil conciertos en varios estados de Brasil y también llegaron a tocar en Argentina y Uruguay para públicos que superaron las 300 personas. Lo cuento y se me eriza la piel. El arte cala hondo. La coordinadora y directora de esta maravillosa y enérgica banda, es la profesora Cecilia Rheingantz Silveira, quien idealizó el proyecto y que recibió merecidos premios por eso. Conocerla fue gratificante, conversar con ella más aún y verla de vacaciones con el grupo, trabajando horizontalmente, fue inspirador.

La actualidad política en su país le preocupa, claro, porque, en sus palabras, “se trata de una política que desvaloriza y desconsidera la educación pública y cualquier producción cultural y artística”. Desde su rol como docente en el sistema público, contó que “estamos empezando a sentir las consecuencias de este modelo excluyente y se hará cada vez más fuerte porque lo que se viene es la reforma de la previsión social”.

“A medio plazo, trabajadores y trabajadoras públicas, servidores públicos de Brasil, estaremos siendo perjudicados porque eso va en cascada, una vez que la Ley Federal, que parece que será aprobada porque el oficialismo está consiguiendo los votos que necesita, las medidas tendrán una fuerte repercusión entre nosotros”, aseguró Cecilia.

En relación a lo que siente en el presente, contó que “es una enorme tristeza, estamos viendo tantos desmanes, determinaciones y persecución contra los pobres, contra las minorías, contra el arte, contra la libre expresión de ideas, contra derechos conquistados en las últimas décadas, cuánto ingreso en la universidades, cuántas conquistas en las áreas artísticas, sociales, en los movimientos sociales. Es un retroceso inexplicable para los jóvenes y para nosotros”.

Por otro lado, expresó que “se trata de un gobierno totalmente no preparado, el equipo no está preparado para asumir las riendas de un país como Brasil. Ellos son de derecha y hasta ahí tiene sentido que defiendan ideas de derecha pero a la hora de hablar y de encarar medidas políticas suenan absurdos y desprevenidos. Emiten un decreto que luego vuelven para atrás porque no tiene coherencia. Es mucha incompetencia. Eso hace que tengamos una preocupación inmensa en relación a los rumbos que pueda tomar el país en los próximos tiempos”.

Firme a sus convicciones y a su modo de entender la vida, la profesora Rheingantsz Silveira dijo que “estamos viviendo un momento de unión, donde debemos tomarnos de las manos, todos y todas. Es importante que quienes creamos en la libertad, en la formación, en la educación, no solo de niños y adolescentes sino también de los adultos, es importante que nos formemos permanentemente para que la identidad y la cultura de un pueblo se mantenga y resista”.

Paraty, ciudad situada al sur del estado de Río de Janeiro es habitada hace generaciones por comunidades tradicionales: quilombolas, caicaras e indígenas. Los guaraníes, que tradicionalmente han habitado estas tierras dominadas por el ecosistema tropical de la mata atlántica, comparten con las comunidades quilombolas, formadas por descendientes de esclavos que huyeron de los campos de trabajo y se establecieron en lugares apartados y con los caicaras, pescadores en su gran mayoría, que viven en las inmediaciones a las playas.

La región, hace más de treinta años, viene sufriendo fuertes impactos sociales y ambientales en función de la construcción de la Rodovia Rio – Santos, de la implementación de condominios de lujo, marinas y resorts y la privatización de playas y espacios públicos. Eso indujo en la remoción de comunidades tradicionales para la periferia de la ciudad en nuevos contextos socioculturales.

Patricia Solari es argentina, profesora de dibujo y pintura y su fuerte como artista es la cerámica y Roque Gonzáles, su compañero, técnico en sistemas, artesano y profesor.  Trabajaron durante años en un proyecto cultural, artístico y educativo junto a las comunidades locales en lo que luego fue un libro, “Ymaguare Mokoi po ha Mbohapy”, presentado en escuelas, organizaciones, conferencias y viajes. Patricia y Roque son lo más. Hoy tienen una posada en el medio de la floresta, en el camino entre Paraty y Trinidade. La fueron construyendo bien de a poco, al igual que hicieron su vida y criaron a sus tres hijos, trabajando y peleando. Son incansables aprendices. Trabajan la tierra, hacen permacultura, siembran y cosechan. Cosechan frutas, verduras e hierbas pero también amistades y el cariño de cientos de viajeros. Hace seis años que reciben voluntarios y el intercambio cultural es imponente. Dar para recibir, de eso se trata y funciona.

Su trabajo de investigación, en consonancia con la creación de la Asociación Nhandeva, entidad sin fines de lucro, solidaria con las culturas originarias, resaltó y registró las formas de hacer artesanato y valoración de los insumos, que son recursos naturales como fibras y semillas. Al mismo tiempo, buscaron revalorizar los conocimientos proporcionados por los ancianos de las comunidades y transmitido a las nuevas. Así, buscaron revitalizar a los ancianos de las comunidades y aumentar el nexo y la participación con los más jóvenes.

Lo que vino después de la presentación del libro fue parte de la magia que acontece cuando las cosas se divulgan. No solo sirvió para que las culturas tradicionales se mantengan, o por lo menos no se pierdan, sino que además resultó ser un puente para pensar en ellas mismas, en sus derechos territoriales, entenderse como parte de un tiempo y un espacio, pensarse como sujetos políticos y afianzarse en esa comunidad que tantas veces dejo de lado o busco olvidar.

A raíz de ellos, me conecté con los guaraníes de la región y entendí un poco más de su lucha y su relación con el presente a nivel gobierno. Organizadas, las comunidades se vienen manifestando ya que consideran al presidente como una amenaza a sus territorios ancestrales. En movilizaciones, buscan defender sus derechos y la preservación de los recursos naturales, que se han visto afectados por diversas políticas impulsadas por Bolsonaro.

Desde 2004, el “Campamento Tierra Libre” ha cobrado fuerza. Entre el 24 y el 26 de abril de este año, se llevó a cabo el encuentro que unió a más de 4000 líderes de pueblos originarios, que representan a 305 comunidades. En un comunicado, la Articulación de los Pueblos Indígenas de Brasil aseguran que  El proyecto económico de la administración de Bolsonaro responde a poderosos intereses financieros de corporaciones empresariales, muchas de ellas internacionales, agroindustriales y mineras, entre otras. Por lo tanto, es un gobierno fuertemente entreguista, antinacional, depredador, etnocida, genocida y ecocida”.

En el texto afirman que “los indígenas de todo Brasil estamos unidos, en lucha permanente hace 519 años en busca del fin de la violencia, la criminalización y la discriminación contra nuestros pueblos y líderes, incluso por parte de agentes públicos, garantizando el castigo de los responsables, la reparación de los daños causados y el compromiso del gobierno de proteger nuestras vidas”.

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Por su parte, Bolsonaro ha asegurado que los pueblos tradicionales son “manipulados por grupos ideológicos de izquierda”, que tratan de arrebatarle a Brasil la Amazonia y sus materias primas. En relación al Campamento en Brasilia, no ha dicho ni una palabra.

Global Witness, ONG que trabaja para romper los vínculos entre la explotación de los recursos naturales, los conflictos, la pobreza, la corrupción y los abusos de los derechos humanos en todo el mundo, reveló que en el año 2017 se habían registrado hasta 201 asesinatos de campesinos indígenas a nivel mundial y que 57 de ellos fueron en Brasil. El presente está exigiendo coraje, coraje para resistir.

Después de siete años nos volvimos a encontrar. Afortunadamente, no sentimos los cambios y enseguida la conversación fluyó como si el tiempo no hubiera pasado. Con Fabio nos conocimos en un bar en Florianópolis, la madrugada nos descubrió hablando sobre las medidas políticas de Chávez, en un chapuceado portugués para principiantes que por entonces yo manejaba.

Fabio trabajaba como cronista para el diario Catarinense Noticias Do Dia, aún lo hace. En ese entonces, éramos dos jóvenes encantados con la Patria Grande y el Socialismo del Siglo XXI, comparábamos los modelos que Lula y Kirchner proponían a nuestros pueblos, entre los más recónditos escondites en la Isla de la Magia.

Esta vez, después de hacernos las preguntas formales que siete años de distancia obligan, nuevamente, el colega Bispo y yo, nos pasamos el día conversando sobre la situación geopolítica y nos abrazamos, espantados y unidos, ante el avance fachistoide que les toca vivir a quienes habitan el país hermano.

“La pretensión retórica de combatir al “comunismo” a través de la bandera anti Lula hizo de la elección presidencial del año pasado una de las más emblemáticas después de la redemocratización que tuvo inicio en 1985”, reflexiona el periodista y agrega que sin, embargo, “en la práctica, el gobierno de Bolsonaro estuvo ocupado, y preocupado, mucho más en hacer una “limpieza” ideológica en las instituciones que gobernar de hecho para los brasileros. A través de Twitter dispara contra todo y contra todos, ataca a las minorías, critica a la comunidad homosexual y la diplomacia nacional queda en ridículo. Llegó incluso a despedir al ministro de Educación a través de esa red social”.

En consonancia, relató que “con un discurso armamentista, Bolsonaro amplió el acceso a la posesión de armas y en la esfera criminal está en vías de aprobar un paquete anti crimen impulsado por el ministro Sergio Moro, el mismo que mandó a encarcelar a Lula, que entre otras cosas, va a permitir que agentes de seguridad no sean responsabilizados por muertes en consecuencia de acciones policiales”.

Mientras Fabio conduce por las calles de Floripa, en el auto suena Fito Páez, a coro con el rosarino también cantamos “¿Qué pasó en la Argentina?” ¿Y en Brasil?. Continua Bispo, “lo que pasó recientemente en el área de educación es escalofriante, bregando por una “higienización” de las materias sociales, el presidente anunció recortes del 30% en carreras superiores. Antes de eso, su patética actuación incluyó el envío de cartas a las escuelas para que alumnos graben el himno nacional, patrocinando el proyecto Escuela sin Partido, que defiende la educación domiciliaria”.

Bolsonaro gobierna como si todavía estuviera en campaña, no se cansa de citar a los gobiernos del PT y de abusar de frases hechas. Todo lo que se oponga a su manera de pensar es tildado de “marxismo cultural” o de comunismo.

Recientemente, se cumplieron los primeros cien días de Jair Bolsonaro en el poder, para Bispo, “La evaluación que hicieron las instituciones de datos dieron como resultado lo que para muchos era evidente: el presidente tiene la más baja imagen de aprobación en los últimos años, con un 32% como bueno y 30% como malo o pésimo. Ningún otro presidente electo tuvo una validación con tanto índice negativo”.

“Entre las peleas cotidianas, muchas de ellas patrocinadas por el hijo, el legislador de Río de Janeiro, Carlos Bolsonaro, el gobierno intenta imponer una cortina de humo sobre las acciones factibles hasta hoy, como el uso de mujeres como “naranjas” por su partido en las elecciones o el caso Queiroz, el asesor de su otro hijo, Flavio, que no consigue explicar el movimiento de más de R$1,2 millones a su cuenta, sin hablar de la posible aproximación con milicianos envueltos en la muerte de la legisladora Marielle Franco, asesinada en Rio, en el marco de la reforma de la previsión social que pretende imponer a la población”.

Podríamos extender el diálogo, se podría extender el artículo. Los hechos aparecen todo el tiempo, hay ejemplos para cada cosa y más de una voz quiere ser expresada. No queda otra, los tiempos que corren nos piden unidad, coherencia y  coraje para enfrentar lo que se viene y resistir. Resistir para sobrevivir a la calamidad sin corazón ni cabeza.

 

8 mayo, 2019

Sobre el Autor

Redacción Resumen del Sur