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El preso político más conocido del mundo

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El expresidente de Brasil, Luiz Inazio Lula Da Silva, cumple su primer año en prisión. Ríos de tinta se han recorrido para explicar la falta de pruebas al demostrar cualquier ilícito y ha quedado muy claro el maltrato al que han decidido someterlo, al punto de no poder asistir al funeral de su hermano o contar con tan solo dos horas para ir al velorio de su nieto.

La detención se concretó luego de que el Supremo Tribunal Federal votara en contra de un recurso de amparo presentado por la defensa del líder petista. El mismo tribunal postergó (aún sigue postergando) el debate sobre las condenas en segunda instancia e inauguró la tercera fase de una crisis que comenzó con la destitución de Dilma Rousseff y continuó con las políticas de ajuste llevadas a cabo por Michel Temer.

´#Lula no es un preso cualquiera. Su encierro es un factor disciplinador´ Click To Tweet

 

Esta instancia de la crisis apuntó a correr del escenario electoral a quien lideraba todas las encuestas y a garantizar la permanencia de un bloque de poder que no tuvo inconvenientes para erosionar la democracia en el gigante suramericano. Como escribimos hace exactamente un año, “la delación premiada puso la declaración de un acusado como elemento probatorio de un crimen y los delatores, en su gran mayoría empresarios, a la larga salieron favorecidos por la reducción de penas. Sin ir más lejos y a modo de ejemplo, Paulo Roberto Costa y Alberto Youssef, pudieron reducir drásticamente sus penas gracias a incriminar a otros presuntos corruptos. O incluso Marcelo Odebretch podría salir de prisión en cuestión de meses cuando fue condenado a 18 años de cárcel. Pareciera entonces, que los peces gordos no están sufriendo la contundencia jurídica de Moro. Ahora bien, en ese proceso que tuvo su auge entre 2014 y 2015, hay varios elementos para discutir a pesar de lo antipático que pueda resultar”. 

Lula no es un preso cualquiera, es una figura de alcance global y su encierro es un factor disciplinador para todo aquel que pretenda un rumbo diferente al actual. No se puede hablar de la detención de Lula sin mencionar el rol del juez Sergio Moro, quien en nombre de la operación “Lava Jato” y mediante la utilización de la delación premiada (la figura del arrepentido) se encargó de destruir la credibilidad del sistema político, cosa que terminó generando las condiciones para la llegada de Jair Bolsonaro al poder.

´Lula está preso porque el Poder Judicial decidió destruir el Estado de Derecho´ Click To Tweet

 

El año pasado dijimos: “El Lava Jato afectó mucho a la política y un poco a los empresarios. ¿Quién se beneficia en un país cuyos ciudadanos no creen en la política? Marcelo Crivella, pastor evangelista y alcalde de Río de Janeiro o Joao Doria, empresario televisivo e intendente de San Pablo y un tal Jair Bolsonaro pueden ser un principio de respuesta”.

Moro inició esta ofensiva contra Lula en marzo de 2016, cuatro meses antes de la caída de Dilma, cuando detuvo a Lula en la ciudad de São Bernardo do Campo, en el ABC Sao Paulo para tomarle declaración indagatoria con una enorme cobertura mediática. Todo sirvió para terminar de noquear a un gobierno petista sin aliados, desconectado de la sociedad y en recesión. La desgrabación del interrogatorio fue contundente: Moro no tenía pruebas contra Lula y el exjefe de Estado dejó en claro que el departamento no le pertenecía ni a él ni a nadie de su familia. “La falta de pruebas, pero la alta convicción del juez” fue la frutilla del postre de la persecución.

¿Qué pasó después? La denuncia del Ministerio Público Federal (MPF) contra el expresidente vendría tan sólo cinco días después de la conducción coercitiva, cuando el procurador de la Operación Lava Jato Deltan Dallagnol, protagonizó la famosa escena, que más tarde sería tema de memorias en las redes sociales, de un power point que vinculaba los casos de corrupción de Petrobras a una foto del expresidente, en el centro de la pantalla. En ese momento, Lula era acusado de ser “el jefe” de todo el esquema de corrupción.

La doble vara judicial en Brasil es obscena. Bajo la mismas circunstancias arbitrarias de un Poder Judicial que cumple el rol de poder supremo, Michel Temer fue detenido pero liberado pocos días después. Las pruebas contra el vice de Dilma son más fuertes que las que pesan sobre Lula, la diferencia es que uno sigue en la cárcel y el otro no.

Sergio Moro es ministro de Bolsonaro, y eso no es un dato al pasar. Sin Moro no hubiese sido posible un Bolsonaro. Sin Lava Jato no estaríamos frente a esta coalición de gobierno que combina liberalismo económico, militares y fundamentalismo religioso sin rumbo ni horizonte.

Lula está preso porque el Poder Judicial decidió destruir el Estado de Derecho y eliminar las garantías individuales y la presunción de inocencia para impedir que vuelva a ser presidente. También sufre las consecuencias de una hegemonía conservadora en la región que decidió ser cómplice y de la dramática falta de movilización de un pueblo que muchos pensamos que no iba a tolerar semejante injusticia en pleno año electoral.

El poder no solo no lo quiere presidente, sino que lo expone como foto de lo que son capaces de hacer. Lula está preso hace 365 días por todo esto, pero por sobre todas las cosas, Lula está preso por ser Lula.

 

 

7 abril, 2019

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata