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Nueva Zelanda: ¡Hay que matar al Otro!

Israel bombardea a mujeres y niños en Gaza, Palestina (no importa cuando leas esto). Arabia Saudí, o mejor, Arabia Sionista, descarga sus fracasos regionales contra familias enteras en Yemen. EE.UU. hace su parte masacrando en Siria.

Hay quienes pueden escapar de las bombas y las miserias del dios dinero, pero el mar de la indiferencia los entierra: el Mediterráneo es un cementerio creado por Europa.

Hombres y mujeres, todos civilizados, deciden sobre la vida de millones. Son más peligrosos que los barbaros de barba y turbante, los terroristas.

Imaginemos. Un musulmán con vestimenta tradicional asesinando judíos en dos sinagogas. El planeta Tierra dejaría de girar, y todos los lideres del “primer mundo” viajarían a Nueva Zelanda para dar sus condolencias y condenar al terrorismo. Hipócritas.

La masacre fue difundida en vivo por Facebook. Las redes sociales al servicio de la causa. La publicidad del acto terrorista indigna menos que la imagen de un perro maltratado. El video es semejante a un videojuego, nos dicen los medios. Para algunos, matar es un juego. Las armas más sofisticadas para matar se manejan como una simple consola. Drones, tanques, misiles: elige tu propio juego para matar.

La globalización nos vende, y muchos lo consumen, la ecuación diversidad=indiferencia. Es el fin de la historia. La respuesta del choque de civilizaciones es ser la “única” historia. El odio es su doctrina, el miedo su ética.  Globalización o choque de civilizaciones, Obama o Netanyahu, Siria o Palestina, son todos fundamentalistas. Hay que elegir entre el lugar que te da Occidente, o la guerra. Por eso, Oriente Medio derrama más sangre que petróleo.

El hombre blanco sabe de genocidios. Indígenas, negros, judíos. No hay continente que no llore sus muertos. El presente se lleva puesto a los musulmanes. Ellos en Europa y los latinos en EE.UU. tienen, supuestamente, un enorme peligro que pone en jaque a la civilización: hijos.

El terrorista apuntó su odio contra dos mezquitas. En árabe mezquita es masyid, literalmente “el lugar donde uno se postra”. Es decir, es el lugar donde el hombre se comunica con lo sagrado. Los que pueden, abandonan el mundo de la modernidad por un rato, para dar paso a la plegaria, al silencio, a Dios. Se quiera reconocer o no, la modernidad lucha con todas sus fuerzas contra cualquier posibilidad de acceder a la Trascendencia. Bien se corrompe lo sagrado, sea con el wahabismo saudí en el islam, el sionismo en el judaísmo, o el tele-evangelismo en el cristianismo; o bien se lo licúa en la trampa del multiculturalismo, o se lo aniquila. No exageramos: el terrorista de Nueva Zelanda es un cruzado de la modernidad, aunque alguno no comparta sus formas.

El otro no existe, o no debe existir. Y el islam en serio, con sus respuestas, hay que exterminarlo, hay que borrarlo de la faz de la tierra. Se puede hacer, como lo hace Israel con Palestina.  Sucede que la singularidad del islam escapa a la diversidad del sistema. Por derecha o por izquierda, son todos iguales. ¡Que idiotas!, nos dirán. Gracias, es nuestra tarea: es el alma del mundo lo que esta en discusión.

17 marzo, 2019

Sobre el Autor

Kamel Gomez El Cheij

Presidente de la Unión Árabe Mar del Plata.