Desarrollo Sostenible, Divulgación, Opinion

Geopolítica de la alimentación

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 Por Tomás Carrozza *

Los discursos sobre alimentación en nuestro país son parte del acervo cultural. Sin ir más lejos, gran parte de nuestra población repite un mantra que aboga sobre producir alimentos para 400 millones y sin embargo no poder alimentar a 40. Lo que alberga dicha frase más allá de sus imprecisiones es un hecho irrefutable: Argentina es un actor central en la producción de alimentos y en la geopolítica de la alimentación a nivel mundial.

Esta producción de alimentos tiene un claro factor movilizante: la demanda de granos por parte de un conjunto de países emergentes. Este hecho es central para poder delinear la relación entre dos elementos que en muchos casos suelen pasar inadvertidos: las estrategias en política internacional y la producción de alimentos.

El intercambio de alimentos entre naciones es algo tan viejo como la historia misma de la humanidad. La mejora tecnológica y los aumentos de la productividad permitieron que algunas naciones (como la nuestra) se conviertan en grandes productores de granos y que éstos, a su vez, se conviertan en el sostén de su economía.

´Nuestros territorios son proveedores de alimentos para las grandes potencias´ Click To Tweet

 

La capacidad de producción ha aumentado constantemente. Sin embargo, este aumento ha mostrado en los últimos años varios efectos que comienzan a generar dudas sobre la sostenibilidad en el tiempo. Por un lado, la predominancia de un cultivo por sobre el resto, como la soja, que termina por inducir fuertes cambios en los ecosistemas. Por otro, el avance de la frontera agrícola sobre territorios que usualmente estaban dedicados a otras actividades.

Esto último es el reflejo de una dinámica mayor, que es aquella que hace a la demanda mundial de alimentos, y el papel de las potencias emergentes en el mercado mundial. Así, países como China e India mediante sus políticas de mejora de calidad de la vida de la población impactan sobre un componente central: los cambios en las dietas de los ciudadanos. A medida que los ingresos aumentan, aumentan la ingesta de carnes (de cerdo, principalmente) y con ello la demanda insumos para su producción que es principalmente la soja, de la cual somos proveedores.

Así podemos ver una primera relación central: existe un estrecho vínculo entre la capacidad de nuestra economía, los alimentos que producimos y la demanda de éstos por parte de la población China.

´Los alimentos se han convertido en activos financieros para la especulación´ Click To Tweet

 

Ahora bien, ésta relación también es la que lleva a una mayor presión por el uso de nuestros recursos, un aumento en la superficie sembrada y fuertes consecuencias socioambientales. Estos hechos no son desconocidos por los países participantes, y son fuente de estrategias en política internacional. Así, la necesidad de alimentos de un país y la conciencia de éste sobre la necesidad de divisas de sus socios comerciales, impacta en diferentes estrategias políticas. Dicho de otra forma, nuestros territorios son proveedores de alimentos para las grandes potencias, las que en algún punto entienden a nuestras naciones como “territorios extendidos” para el intercambio.

Relaciones cada vez más estrechas, y sus fuertes impactos son la muestra de lo que se denomina la nueva geopolítica de la alimentación. Así, hablar hoy en día de producción de commodities en nuestro país debe llevarnos a interrogarnos sobre los escenarios internacionales y las formas en que se juega el poder entre naciones para suplir las demandas de alimentos de una población cada vez mayor y con mayores recursos.

´Gran parte del problema alimentario mundial es producto de una mala distribución´ Click To Tweet

 

Dentro de este escenario tenemos a su vez un proceso paralelo, pero no menos importante, que es el del ingreso de los commodities al mundo de la financiarización. Así, además de constituirse como fuente de alimentos se han convertido en activos financieros para la especulación. Este hecho no resulta trivial, ya que como ha sido demostrado por algunas investigaciones[1], las alzas continuadas como producto de la especulación fueron un componente central en la “primavera árabe”. De este modo, y casi como en una película de ciencia ficción, un aumento de los precios de alimentos producto de la especulación financiera y la incapacidad de la población de pagarlos terminó por derivar en las revueltas que derrocaron a un conjunto de líderes de la región de oriente medio.

Nuestro país juega un papel central en esta lógica actual de la producción de commodities, y es pionera en la construcción de formas de negocios en la cual el uso de la tierra era un medio más dentro de un conjunto de inversiones financieras. Cuando la tierra ingresa en esta lógica es también preciso preguntarse cuál es el asidero de considerar que producimos alimentos para 400 millones. Lo que hoy es soja, mañana podría ser otro activo financiero. Como ha sido ampliamente demostrado, más allá de una demanda creciente, gran parte del problema alimentario mundial es producto de una mala distribución y no tanto de una baja productividad.

Este escenario entonces configura a un país como Argentina en una tensión central, no sólo respecto de la fuerte dependencia de la producción de commodities para la subsistencia de nuestra economía, sino como parte de una lógica extractiva global en el cual cualquier propuesta alternativa es siempre tildada de “anti-tecnológica” y en la cual el espacio de nuestra soberanía política, económica, alimentaria y ambiental resulta cada vez menor.

[1] https://video.vice.com/en_us/video/motherboard-math-physics-predicted-arab-spring/58ffac792539226a16ed65a6

 

*Tomás Carrozza es docente e investigador de la Facultad de cs. Agrarias de la UNMDP y Mg. en agroeconomía

21 febrero, 2019

Sobre el Autor

Redacción Resumen del Sur