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¿Por qué Rusia apoya a Nicolás Maduro?

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El último estallido de la crisis venezolana se ha convertido en un parte aguas de la política internacional. Por un lado se encuentra el bando anti-Maduro, liderado por EEUU y la Unión Europea; por el otro, el grupo pro-Maduro, encabezado por Rusia, China y sus aliados Irán, Siria y Turquía, entre otros (1).

A diferencia de los vínculos con China, las buenas relaciones entre Venezuela y Rusia no son una novedad. Inmediatamente luego de la auto-proclamación de Juan Guaidó, el presidente ruso llamó a su par venezolano para expresar su apoyo “invariable” al legítimo gobierno venezolano. Según dijo Maduro, Putin afirmó que “ahora más que nunca vamos a trabajar en todos los proyectos de cooperación para el desarrollo de Venezuela”.

 

Mercenarios rusos en Venezuela

En los últimos días se habló de la presencia en suelo venezolano de alrededor de 400 personas (las cifras varían) vinculadas al grupo Wagner, agencia militar privada compuesta por ex-soldados rusos con el objetivo de garantizar la seguridad personal de Nicolás Maduro.

El Kremlin ha tildado a estos rumores de “teorías conspirativas” y ha afirmado que Caracas no ha pedido ayuda formal a Rusia. Pese a los dichos de Moscú, en la guerra siria, que data de 2011 y se ha cobrado la vida de miles y miles de personas, el presidente Bashar Al-Assad se ha mantenido indemne gracias a la protección rusa.

Si es cierto que Maduro está protegido por mercenarios rusos, ¿por qué Moscú se toma tan personalmente la seguridad del presidente venezolano? ¿Qué hay detrás de las buenas relaciones entre Putin y Maduro? ¿Qué podemos esperar de las relaciones ruso-venezolanas a futuro?

 

¿Alianza anti-Estados Unidos o interés económico?

Las relaciones bilaterales entre la Federación Rusa y la República Bolivariana de Venezuela comenzaron a fluir regularmente a partir de la presidencia de Hugo Chávez. A nivel discursivo, esta alianza se basaba en una estrategia anti-imperialista de protección frente a Estados Unidos. A nivel pragmático, la nacionalización del petróleo venezolano y la fuga masiva de capitales estadounidenses condujo a Venezuela a dirigirse al gigante euroasiático para importar maquinarias y recursos humanos a fin de tomar control sobre la producción petrolera.

Ante la caída del precio del petróleo y la creciente crisis económica, PDVSA fue cediendo el mando Rosneft, la empresa petrolera rusa más importante. En la actualidad, Rosneft controla aproximadamente un 40% de la producción petrolera venezolana. En consecuencia, las sanciones a Venezuela son sanciones indirectas a Rusia.

A causa de la crisis económica, el gobierno venezolano se encuentra muy atrasado con los pagos de sus deudas. No obstante, el pasado noviembre Nicolás Maduro y Vladimir Putin acordaron refinanciar la deuda de $3.15 billones de dólares a pagar hasta el 2023. Esto no se trata de simple generosidad. En primer lugar, el país latinoamericano no tiene la capacidad real de pagar. En segundo lugar, Putin, en su actual campaña de desdolarización, está evaluando una estrategia de financiación que le permita eludir la acumulación de divisa norteamericana. En este sentido, la enorme cantidad de reserva de oro venezolano es una posible garantía. Por último (y tal vez lo más importante), si Venezuela es deudora de Rusia, ésta tendrá una excusa para meter los pies en el barro en caso de que Maduro sea destituido.

Pero el petróleo no lo es todo. Ante la falta de producción de alimento, Rusia ha estado exportando productos agrícolas. Sólo en 2018 se importaron 226,000 toneladas de trigo ruso. Otro sector de interés es el aprovisionamiento militar. El 66% del armamento venezolano es de origen ruso: desde rifles Kaláshnikov y equipamiento militar hasta tanques y aviones, algunos de los cuales podrían llevar armas nucleares.

 

Posibles escenarios

El pasado sábado 26 de enero, Francia, Alemania, España y Reino Unido dieron un “ultimátum” de 8 días para convocar a elecciones. En caso de no llevarse a cabo los comicios, reconocerán a Guaidó como presidente interino. Es poco probable que Maduro acepte convocar a elecciones en un plazo de una semana. Y no está de más advertir que, aún si lo quisiera, sus “socios” chinos y rusos no se lo permitirían.

Por otra parte, la intervención militar estadounidense, apoyada por la Unión Europea, es casi un hecho. En cuanto esto suceda es muy poco factible que Rusia se quede de manos cruzadas y observe la expropiación de los recursos que son (de facto) suyos. Si la situación escala en esta dirección, es posible que nos acercamos a una nueva Siria, esta vez, en nuestro continente.

(1) Infografía sobre apoyos internacionales a la auto-proclamación de Guaidó

29 enero, 2019

Sobre el Autor

Noelia Pérez Rivaben