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Venezuela: dos presidentes para un país que se desangra

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Golpe de Estado, inminente invasión “imperialista” o reconstrucción democrática contra una dictadura de izquierda. Todos aquellos que opinan sobre la realidad venezolana construyen sus propias teorías sobre las causas, los responsables y las consecuencias que esto traería aparejado para la región. En casi todos los casos, existe una brutal ausencia de matices y eso complica un entendimiento más integral de un contexto que, de por sí, se presenta complicado. De todas formas, haremos el intento. 

 

Los límites propios

Omitir la responsabilidad del gobierno de Nicolás Maduro en la crisis profunda que vive el país es negar una realidad insoslayable que cuenta con números concretos. La caída de los precios del petróleo hirieron de muerte a una economía que el chavismo no supo diversificar. La dependencia en un 90 por ciento del oro negro y sus derivados y la dirección estatal (control total de importaciones y puertos, por ejemplo) que el gobierno le asignó a la economía afectó los ingresos y llegada de divisas y sumergieron al país en el caos de la hiperinflación. Esto perjudicó notablemente la calidad de vida de los venezolanos que supieron conquistar derechos en tiempos de Hugo Chávez. La pobreza aumentó y los aumentos del salario no alcanzan para cubrir lo mínimo. 

Ante la ausencia de cifras oficiales de parte del Banco Central de Venezuela, la Asamblea Nacional controlada por la oposición informó que la economía venezolana se contrajo el 50,61 % desde 2013. Otras consultoras indicaron que el país lleva 5 años seguidos en recesión, en 2017 y 2018 el PBI cayó 14 y 18 por ciento respectivamente (números propios de una nación en guerra) y, según el Banco Mundial, en 2019 la caída será de 8 puntos. Mientras tanto, el desabastecimiento 

Por otra parte, la producción petrolera esta en claro descenso. Según la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) el bombeo de crudo de la estatal PDVSA cayó de nuevo en agosto un 2,8 %, con una producción promedio de 1,23 millones de barriles diarios. Este nivel de producción es 42,6 % inferior al promedio de todo 2016, que rondó los 2,15 millones de barriles por día. El año pasado, según Ecoanalítica, PDVSA redujo su producción en 300.000 barriles diarios, cifra que puede sobrepasar los 700.000 barriles durante los cinco años de gestión de Maduro.

El drama es un hecho al que se le debe sumar con 30.000 homicidios al año, hiperinflación y un éxodo que llega a dos millones por año según ACNUR. ¿Es el bloqueo y la presión internacional responsable de esto? Sí, pero también la pésima administración chavista. 

 

Deterioro institucional 

Este es otro punto en el que es necesario enfocarse. La victoria electoral opositora en 2015 hizo que el chavismo se aferre a las Fuerzas Armadas y altere mecanismos institucionales que antes funcionaban bien. También hubo un pésimo manejo de la situación de parte de la Mesa de Unidad Democrática que se creyó cumplir funciones ejecutivas y pensó en ir por todo. En ese ir por todo, la oposición apeló a la herramienta constitucional del referéndum revocatorio (utilizada por Chávez para plebiscitar su propio gobierno en 2004). El chavismo utilizó todas las maniobras que tuvo a mano en el Consejo Nacional Electoral para estirar los plazos de entrega de firmas y favorecer a Maduro. Finalmente, el referéndum no llegó y el 2017 estuvo cargado de violencia. La situación siguió hasta la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente que, en lugar de redactar una constitución, reemplazó de hecho a la Asamblea Nacional que controla la oposición. 

Esta decisión dividió a la oposición y logró terminar con la violencia, pero concentró el poder en el ejecutivo y profundizó un estilo de gobierno autoritario. De esta manera, la Constituyente se paró por encima de los poderes del Estado y configuró un escenario casi de partido único en el cual, el poder legislativo fue declarado ilegal y el resto de los poderes públicos fueron controlados por el Gobierno. 

Los dilemas entre blandos y duros hicieron que la oposición presentará a Henri Falcón como candidato a presidente desobedeciendo la decisión de la MUD, que había optado por no presentarse en los comicios por “falta de garantías para las transparencia”.

 

¿Es el sistema de votación un problema para la democracia venezolana?

Es el mismo que dio ganadora a la oposición en la legislativas de 2015. Es decir, el que para un sector de la comunidad internacional es el único poder legítimo para la restablecer la democracia. Tiene su composición sobre la base del mismo sistema de voto que arrojó la victoria de Maduro. Inclusive, el año pasado hubo 5 gobernadores opositores que ganaron elecciones regionales y hoy cumplen funciones. 

No es ese el punto para cuestionar, en todo caso, el problema es la falta de credibilidad en los poderes estados y la anulación de estos entre sí. 

 

El rol de las Fuerzas Armadas

Opositores racionales como Henrique Capriles, Ramos Allup o Jesús Torrealba o insurreccionales como Leopoldo López o María Corina Machado saben muy bien que si quieren gobernar Venezuela no pueden hacerlo sin el apoyo de las Fuerzas Armadas. 

Luego del fallido golpe de Estado contra Chávez en 2002, el gobierno bolivariano inició una purga que le permitió contar con una fuerza militar leal que funciona como sostén del proceso. Esa lealtad es hoy la principal, por no decir la única, garantía de estabilidad de Nicolás Maduro.

No obstante, las últimas semanas se dieron algunos sucesos que nos permiten pensar que hay fisuras. Al artículo del Washington Post que dijo que Vladimir Padrino López, militar y Ministro de Defensa, en ese orden, había aconsejado a Maduro que de un paso al costado, hay que sumarle el libre albedrío de los agentes del SEBIN que secuestraron por un rato al presidente de la Asamblea Nacional, Juan Guaidó, y la veintena de militares manifestaron su apoyo al hoy “Presidente encargado”, ponen de manifiesto que la banca no es cerrada, al menos, en los estratos inferiores.

Al margen de esto, la molestia existe por diferentes razones: la crisis humanitaria, el colapso de la economía y el ajuste que el Gobierno hizo sobre sus salarios provocaron la salida de aproximadamente 4 mil soldados de la fuerza. 

Las Fuerzas Armadas se mueven en clave nacional, no quieren ni permitirán hostilidades de Estados Unidos de ningún tipo, pero tampoco firman la entrega de soberanía a China y Rusia. El incierto futuro tiene a las fuerzas armadas como un factor determinante. Es por eso que Maduro destacó el apoyo de los altos mandos y Guaidó habla como si no fuera miembro de Voluntad Popular (partido de Leopoldo Lopez) y propone amnistía y diálogo.

Por lo pronto, los militares cerraron filas con Maduro, calificaron de usurpador a Guaidó, proponen una salida constitucional a la crisis y aclararon que no hay posibilidad de un conflicto armado.

 

¿Guerra Proxy?

Venezuela puede ser foco de un escenario de disputa global entre las potencias. Las guerras Proxy, también conocidas como “subsidiarias” se basan en terceros actores confrontando un territorio de interés para las potencias globales. Siria es el ejemplo más claro, con Estados Unidos y Rusia disputando poder a través de actores regionales y locales. 

¿Hay posibilidad de que esto suceda en Venezuela? Si de Estados Unidos dependiera, podríamos creer que sí. Donald Trump ha dicho que “estan todas las opciones sobre la mesa” incluyendo una (poco probable) intervención militar. Cuenta con aliados para hacerlo: tanto en el Grupo de Lima como en territorio bolivariano. La diferencia en el caso venezolano es sobre el rol de Rusia y China. Resulta poco probable pensar en una aventura de esas características en territorio venezolano. Hay diversos asuntos que ambas potencias tienen que resolver en sus regiones, sumados a la salida de Estados Unidos de Siria que le permite a Putin mostrarse como triunfador. 

China tiene buenos motivos para estar expectante dado que, según Bloomberg, la deuda del Estado venezolano con el gigante asiático es de 80.000 millones de dólares. Si llegara a existir algún riesgo para la encomia asiática, podríamos anticipar intervención más directa, pero pase lo que pase, Venezuela seguirá vinculado con China, así como también continuará vendiendo petróleo a Estados Unidos. Parece que pase lo que pase el destino es la dependencia. 

En el caso ruso, hay que decir que la petrolera estatal venezolana tiene una suculenta deuda 45.000 millones como parte de acuerdo para impulsar la producción de petróleo.

Intereses abundan, pero no sería correcto anticipar una nueva etapa de una guerra subisidiada. 

 

Los salieris de Trump

El Grupo de Lima actuó tal y como la Casa Blanca esperaba. Reconoció a Guaidó como presidente legítimo y se plegó a la condena internacional que tiene a la OEA como escenario institucional. 

Sin embargo, esta retórica antichavista carece de métodos preventivos en el caso de un estallido social. En primer lugar, resulta insultante pensar que Luis Almagro fue un mediador legítimo para intervenir en la crisis cuando solo se preocupó por calificar y adjetivar a Maduro y su Gobierno. 

La falta de mediación regional demuestra que los países que condenan al gobierno de Venezuela no están a altura de las circunstancia para pensar una resolución. Destruir la UNASUR fue poco inteligente si pensamos que en  ese espacio pudieron dirimirse conflictos importantes entre Estados o, como sucedió en 2010 con Néstor Kirchner como Secretario General, entre las FARC y el gobierno colombiano. 

Existe una ausencia de mediadores regionales: José Luis Rodríguez Zapatero fue acusado de chavista y corrido de la mesa de diálogo de la que participaba una parte de la MUD y el Papa Francisco no cuenta con apoyo en el territorio dado que  la Conferencia Episcopal de Venezuela convocó a marchar contra Maduro. De esta forma, la región se divide entre el Grupo de Lima, los progresistas sensatos (México y Uruguay) y la izquierda negadora (lo que quedó del ALBA).

Profundizar el aislamiento y la hostilidad pueden encender la llama de un estallido social que traería graves consecuencias. ¿Qué haría Bolsonaro si una guerra civil en Venezuela duplicara el número de refugiados?¿Abriría la frontera con el Estado de Rohaima? Lo mismo para Ivan Duque que, desde que asumió, no ha podido resolver la frontera con su vecino.

Descartando una salida negociada y en paz, en lo inmediato podemos vislumbrar tres escenarios: Detención de Juan Guaidó y una fuerte persecución de quienes estuvieron detrás de esta estrategia de conformar un gobierno paralelo. Esto profundizaría la relación con las Fuerzas Armas y solidificaría el rol de la Asamblea Nacional Constituyente que, podría incluir, una convocatoria a elecciones anticipadas para las elecciones legislativas que corra del escenario a toda la oposición.  El segundo escenario posible es la de una negociación entre las Fuerzas Armadas y Guiadó con salida anticipada de Maduro, situación difícil pero no imposible. Por último, la salida forzada de Maduro vía invasión militar o de terceros, también poco probable. En los tres casos, el escenario es de radicalización. 

Venezuela se desangra entre la crisis, la erosión institucional, los errores de un Gobierno que vela por no perder apoyos claves y la irresponsabilidad de Estados Unidos y sus aliados que juegan al borde y coqueteando con un colapso mayor. 

24 enero, 2019

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata