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Venezuela: drama y radicalización

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Venezuela vuelve a estar en el centro del debate internacional luego de la ceremonia asunción de Nicolás Maduro para gobernar el periodo 2019-2025. De esta manera, la grieta regional se divide entre quienes no reconocen el gobierno del mandatario chavista y aquellos que sí. 

La discusión se enfoca en la transparencia de los comicios del 20 de mayo que, para los detractores del proceso bolivariano careció de garantías básicas. Por su parte, los aliados de Maduro dicen que el 67 por ciento de los votos nutren de legitimidad al Jefe de Estado y que la hostilidad manifiesta contra su gobierno está relacionada con un plan golpista orquestado por Estados Unidos. 

Nada de lo que sucede transcurre en los canales institucionales de un Estado de Derecho Click To Tweet

 

Lo primero que hay que decir sobre la crisis profunda que se vive en Venezuela es que nada de lo que sucede transcurre en los canales institucionales de un Estado de Derecho, justamente porque eso esta roto. 

Otro punto que es importante destacar es que  los actores en pugna no han sido parte de la solución, sino más bien siguen siendo parte del problema de Venezuela, y eso nos pone un dilema muy complejo de analizar de manera racional. 

Decir que la democracia venezolana es próspera y la crisis humanitaria que vive el país solo es producto de la operación del imperio es una falsedad enorme que exime de responsabilidades a quien ejerce la conducción del Estado desde hace 20 años.

La baja participación en las urnas es el termómetro de la decepción de los venezolanos Click To Tweet

Por otro lado, la oposición siempre careció de estrategia para derrotar al chavismo y, especialmente en los últimos tiempos, terminó nutriendo de legitimidad a Maduro ante cada insurrección que buscó sacarlo del poder. La falta de cohesión opositora hizo que una parte de la fuerzas políticas que integran la MUD participaran de las elecciones regionales y presidenciales poniendo en crisis la idea de vaciar el escenario electoral y quitarle legitimidad al chavismo. La baja participación en las urnas es el termómetro de la decepción de los venezolanos con la clase política, algo que también puede verse en países sin tanto condena mundial como Chile o Colombia. La candidatura de Henri Falcón, tal vez lo más interesante que tiene la oposición en sus filas, buscó interpelar a los escépticos. No lo logró.

Venezuela no siempre fue una democracia debilitada como la que vemos hoy, sino que en tiempos de Chávez supo ser puesta como ejemplo de democracia participativa en la cual, la voluntad popular se expresaba con altos niveles de participación y el referéndum revocatorio era una herramienta con la que realmente contaba el pueblo venezolano para incidir en el proceso político. Todo, con el correr de los años, se fue desdibujando hasta llegar a lo que vemos hoy. 

El punto de inflexión se da luego de la victoria de la oposición en las elecciones legislativas de 2015 que le permitió controlar la Asamblea Nacional. A partir de entonces, la disputa se trasladó a los poderes del Estado y así, en el desconocimiento de los unos con los otros, la oposición intentó avanzar en un revocatorio. El Gobierno apeló a todas las maniobras posibles para demorar los tiempos. Y lo logró. Mientras tanto, la oposición se negó a cumplir con una decisión del Tribunal Supremo de Justicia para anular la asunción de tres diputados por un presunto fraude electoral, justo los diputados que le daban mayoría calificada a la oposición. Desconocer la decisión judicial puso a la Asamblea en desacato y al estar en desacato, el ejecutivo la ignoró por completo e incluso la cerró por un corto tiempo.

El escenario tiende a la radicalización Click To Tweet

 

Esta crisis vino acompañada de nuevas manifestaciones violentas, represión y muertos en las calles. Como respuesta, el Gobierno convocó a una Asamblea Nacional Constituyente que terminó pacificando la situación, dividiendo a la oposición, pero reemplazando al poder legislativo, y consolidando un decidido autoritarismo oficial .

Lo que vino después es conocido: tres elecciones con victoria chavista en cuestionados procesos electorales y una presión internacional cada vez más fuerte para sacar a Maduro del poder. 

Hoy vemos una radicalización de los problemas que hace difícil pensar 6 años para adelante. El Gobierno, abrazado a China y Rusia y sostenido en las Fuerzas Armadas Bolivarianas, construirá su legitimidad con el pretexto del enemigo externo que conspira contra los intereses nacionales.

¿Qué hace la oposición? Juan Guaidó, flamante presidente de la Asamblea Nacional, anunció que bajo el artículo 233, 333 y 350 de la Constitución convocará a elecciones libres para “poner cese a la usurpación”.  Bienvenidos a un nuevo laberinto. Por su lado, la OEA conducida por Luis Almagro, apoya esta maniobra bajo la explícita intención de terminar con el gobierno chavista. ¿No debería ser árbitro para destrabar el conflicto?

Habría que dejar la pereza intelectual de pensar que el gobierno de Maduro requiere de una defensa cerrada por ser de izquierda y por ser víctima de ataques imperiales. Venezuela es de interés geopolítico, tanto de Estados Unidos como de China, por su petróleo y sus recursos, pero eso no explica la gravedad de lo que se vive en un país cuyos habitantes no cuentan con un salario digno para vivir. ¿Acaso revolucionario no es que la gente viva dignamente con las necesidades básicas satisfechas?

Como sea, la situación está empantanada y la crisis se torna cada más compleja en un Estado que alberga 30.000 homicidios al año, hiperinflación, un éxodo que llega A 2 millones por año según ACNUR, una economía que seguirá cayendo (8 por ciento, según el Banco Mundial)  y un proceso cada vez más autoritario con proscripciones, presos políticos y violaciones a los Derechos Humanos. 

El escenario tiende a la radicalización y el principal problema es que nadie se está ocupando de tender puentes para resolver el drama venezolano. El Gobierno se atrinchera y tira piñas al aire, pero con una cohesión interna que crece en la medida que las amenazas externas se reproducen. El progresismo está en un silencio cada días más alarmante y la derecha regional, con Jair Bolsonaro como cabeza de playa de los intereses de Washington y la OEA, apagan con nafta el fuego que puede iniciar un incendio por el que todos terminaremos quemados. 

12 enero, 2019

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata