Destacados, Destacados RDS, Opinion

¿Hasta dónde puede llegar Bolsonaro?

bolso

Jair Bolsonaro encaró sus primeros días como presidente de Brasil con la intensidad que todos esperábamos. Después de un discurso de asunción corto, elemental, cargado de contenido religioso, conservador y un tanto anacrónico, el presidente comenzó con medidas por la vía de decreto prometidas en campaña.

Entrega de tierras para el sector de los agronegocios que tiene su representante en la Ministra de Agricultura, Tereza Cristina Correa, que forma parte de la devolución de favores al apoyo proveniente del bloque agrario.

Quita de derechos para los comunidades LGTB, como parte de la guerra contra “la ideología de género” impuesta por los sectores evangelistas que son una de las bases de sustento del nuevo gobierno (con Damara Alves en el Ministerio de Familia y Derechos Humanos) y con un importante poder fuego en el Parlamento.

La posibilidad de tenencia de armas como forma de resolución a los graves problemas con la seguridad pública (uno de los motivos por el que millones de brasileños votaron por Bolsonaro).

Trasladar la Comisión de Amnistía, responsable por las políticas de memoria por las vícitimas, de la última dictadura de la esfera del Ministerio de Justicia al de la Mujer.

Más poder para la Secretaria de gobierno para supervisar y coordinar actividad de organismos internacionales y ONGs como forma de control sobre la sociedad civil. 

A su vez, las primeras decisiones económicas están orientadas a la eliminación de 7 ministerios (Trabajo, Cultura y Comercio por citar algunos), despidos en el sector público, la continuidad de las reformas sobre el salario de los trabajadores y una reforma previsional que el Gobierno está dispuesto a aprobar rápidamente, aunque aumentaría un año la edad jubilatoria y no 5 como establecía la iniciativa de Temer. Todo esto cumple el objetivo de austeridad y liberalización de la economía impulsada por Pablo Guedes, superministro de Economía y Hacienda. 

El valor del salario mínimo sufrió un reajuste de un 5,4% y será de R$ 998 [lo equivalente a US$ 266,28]. Sin embargo, es inferior al valor aprobado por el Congreso y por el gobierno de Michel Temer, que correspondía a R$ 1.006 [US$ 268,82].

Hasta el momento, nada nuevo en el horizonte. La pregunta que se nos presenta es, ¿hasta dónde puede llegar el presidente de Brasil en su cruzada ideológica contra lo que se le presenta como diferente? 

Cabe destacar que el Gobierno toma las riendas luego del trabajo sucio realizado por Michel Temer; y lo logró en el Congreso, luego de la destitución de Dilma Rousseff quien termino su año de mandato con un crecimiento del 1,39% y una inflación a la baja.

Aquí vemos dos escenarios. La retórica hiperideologizada que pone al Gobierno en una cruzada contra la izquierda y se opone al globalismo y la realidad económica que no se resuelve tan fácilmente con discursos encendidos que generan titulares. Veamos.

 

Estados Unidos está con usted”

“Felicitaciones al presidente Jair Bolsonaro que acaba de hacer un gran discurso de inauguración. Estados Unidos está con usted”, escribió Donald Trump en su cuenta de Twitter luego del primer discurso del Jefe de Estado en el Palacio Planalto. Por su parte, yendo más al hueso, la Embajadora norteamericana ante la ONU, Nikki Haley, dijo en su red social: “es genial tener otro líder amigo de los Estados Unidos en América del Sur, que se unirá a la lucha contra las dictaduras en Venezuela y Cuba, y que comprende claramente el peligro de la expansión de la influencia de China en la región”.

La funcionaria de la administración Trump parece haber marcado la hoja de ruta sobre lo que la Casa Blanca pretende del nuevo Gobierno. Sin lugar a dudas, el más complejo de todos los asuntos es la relación con China, principal cliente e inversionista de Brasil, de creciente influencia en América Latina y en plena guerra comercial con la potencia del norte, a pesar de la actual tregua por tres meses. 

Según Bloomberg, las exportaciones chinas en Brasil aumentaron 137 por ciento con una presencia muy fuerte en la mayoría de los Estados. En ese sentido, el gigante asiático compra el 30 por ciento de las exportaciones agropecuarias de Brasil contra solo un 10 por ciento de los Estados Unidos. Entonces, ¿es posible que Brasil tome partido por Whashington en esta puja de poder poniendo en riesgo la importancia de Pekín para la dinámica comercial? A priori, parece más sencillo retirarse de pactos globales como el de París contra el Cambio Climático o el de Migraciones, que dejar afuera a China de los agronegocios nacionales. De hecho, el vicepresidente Hamilton Mourau quien parece haberle tomado el gusto a las reuniones de orden internacional, a dos días de tomar funciones se reunió con una delegación de la cámara de comercio de China. Del dicho al hecho…

La ofensiva contra lo que queda de izquierda en la región es más fácil de llevar a cabo. En ese marco, Brasil cumplirá la función de hostilizar el vínculo con Venezuela, Nicaragua y Cuba, pero poniendo el foco en rodearle la manzana al gobierno de Nicolás Maduro jugando como el brazo político y ¿militar? del Departamento de Estado. El ida y vuelta de retórica violenta entre ambos mandatarios puede ser una de las disputas del año que comienza.

En ese contexto, Bolsonaro aseguró que no descarta la instalación de una base militar para defender “la soberanía de Brasil”, oponerse a la buena relación “sovietica” con Venezuela y aclaró que tiene “al pueblo norteamericano de amigo”.

El vínculo con Israel se expresa en el ámbito de la defensa y en la centralidad de evangélicos y penteostales en las decisiones de gobierno contra “la ideología de género”.

En el plano internacional, Brasil decidió abrazar una alianza estratégica con EEUU e Israel y reagrupar sin un horizonte demasiado claro a expresiones de derecha reaccionaria como el de José Antonio Kast en Chile, Matteo Salvino en Italia o Viktor Orban de Hungría. El anacrónico discurso de Bolsonaro contra “los rojos” y la denuncia sobre “los males del socialismo” es, por el momento, solo un discurso que de avanzar puede configurar un escenario de persecución política muy peligroso.

 

Mercosur en vilo

El primer destino suramericano de Bolsonaro será Chile. Es conocido que Pablo Guedes prioriza la relación con Chile por sobre el Mercosur. Esto pone en crisis el futuro de un bloque que permanece estacado y sin certeza sobre lo que puede llegar suceder. No obstante, los escenarios pueden ser tres:

-Unión aduanera imperfecta con limitaciones para los acuerdos bilaterales, es decir, el estado de situación actual.

-Unión aduanera con flexibilidad, en donde cada país pueda firmar acuerdos de libre comercio por las partes. Esta posibilidad entusiasma al gobierno argentino.

-Zona de libre comercio similar a la Alianza del Pacífico y sin ningún tipo de regulación ni arancel. Esta sería la opción de Guedes, aunque la idea de “Brasil por encima de todo” se encuadra en la aparente decisión de Brasil de pivotear los acuerdos como le parezca poniendo a sus aliados, como Argentina, en un lugar de subordinación, mucho más teniendo en cuenta la ascendencia de China en los países mercosurianos.

Este tema será debatido el 16 de enero en la reunión entre Mauricio Macri y Jair Bolsonaro en Brasil.  

 

Gobernar es otra cosa

Bolsonaro puede decir muchas cosas, pero en Brasil el sistema suele poner las cosas en su lugar. El parlamento es clave, y el partido de gobierno no tiene la vaca atada a pesar del apoyo de los bloques sociales. Sin ir mas lejos, el Partido Social Cristiano acordó la continuidad de Rodrigo Maia en la presidencia de la Cámara de Diputados, tercera línea de sucesión.

De esta manera, el oficialismo se contradice negociando con “los políticos” con los que dijo que no iba a acordar, justamente porque en una presidencia de coalición no es posible sostenerse con bravuconadas, mucho menos cuando se cuenta con un poder legislativo atomizado. Será negociar, negociar y negociar.

De la misma manera no es fácil privatizar empresas como Petrobras ni borrar de un plumazo acuerdos comerciales que llevan tanto tiempo. Mucho más si esa liberalización termina perjudicando a los industriales de San Pablo o áreas del sur en donde hay vínculos fuertes con Argentina.

Así, bala (militares, policías y políticas de mano dura), buey (lobby empresarial agropecuario) y biblia (Israel, evangelistas y pentecostales) significan una tríada que de por sí es insuficiente, pero sobre todas las cosas tienen que lograr un entendimiento entre sí capaz de evitar un choque de prioridades. 

Bolsonaro asumió y en menos de una semana dejó en claro su cruzada moral-religiosa fundamentalista y sobreactuó de forma fenomenal su retórica nacionalista reaccionaria y la gestualidad con Estados Unidos. El tema es que para gobernar se necesita política e inteligencia, dos aspectos de los que Jair y los suyos, carecen.

5 enero, 2019

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata