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#G20 La calma que antecede a la tormenta

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“Diez años después de la primera Cumbre de Líderes del G20, nos reunimos en Buenos Aires, Argentina, el 30 de noviembre y 1 de diciembre de 2018 para construir un consenso respecto al desarrollo justo y sostenible a través de una agenda centrada en las personas, de mirada inclusiva y dirigida al futuro”, dice el punto 1 de la declaración final de la reunión de presidentes y Jefes de Estado en nuestro país.  

El G20 terminó mejor de lo que se esperaba. La existencia de un documento final es más de lo que se logró en la cumbre del año pasado en Hamburgo, en el G7 y en la reunión de APEC. Se encuadra en la intención de las potencias de salvar la ropa de la multilateralidad en un contexto de fuerte disputa. ¿Se logró?

El texto final habla de un mundo que recuperó el sendero del crecimiento económico, el compromiso para estabilizar las finanzas y aclara que los países “toman nota” respecto de las tensiones comerciales. Cabe descartar que los puntos divergentes desde la llegada de Donald Trump al poder en los Estados Unidos son el libre comercio y el cambio climático y que para alcanzar el consenso final fue necesario omitir algunas consideraciones e incorporar algunas ambigüedades. 

Se decidió no cuestionar al proteccionismo y plasmar las posturas a favor y en contra del acuerdo de París que contempla el apoyo de buena parte de los países. Según el punto 20 del documento, se plantea:  Los signatarios del Acuerdo de París, que también se han unido al Plan de Acción de Hamburgo, reafirman que el Acuerdo de París es irreversible y se comprometen a su plena implementación reflejando responsabilidades comunes pero diferenciadas y capacidades respectivas a la luz de las diferentes circunstancias nacionales. Continuaremos abordando el cambio climático mientras promovemos el desarrollo sostenible y el crecimiento económico”.

A su vez, se incorporó la disidencia de Estados Unidos en el punto 21: “Los Estados Unidos reiteran su decisión de retirarse del Acuerdo de París y afirman su firme compromiso con el crecimiento económico y con el acceso y la seguridad energética, utilizando todas las fuentes energéticas y tecnológicas y protegiendo al mismo tiempo el medio ambiente”.

En este debate, el problema sigue siendo el mismo y sin horizontes de cambio, solo que quedaron expresadas las dos posiciones en el texto de cierre. 

El tercer elemento que permitió el consenso fue la reforma de la Organización Mundial del Comercio. El texto indica: “El comercio y la inversión internacionales son importantes motores del crecimiento, la productividad, la innovación, la creación de empleos y el desarrollo. Reconocemos la contribución que el sistema multilateral de comercio ha hecho para ese fin. Actualmente, el sistema no está cumpliendo con sus objetivos y hay margen de mejora. Por lo tanto, apoyamos la reforma necesaria de la OMC para mejorar su funcionamiento. Revisaremos el progreso en nuestra próxima Cumbre”.

Como se observa, no hay especificidades sobre el trazo fino de una reforma que viene siendo reclamada por Estados Unidos respecto a China, China respecto a la negativa norteamericana de considerarla una economía de mercado y las encomias emergentes para que existan reglas mas favorables. Decir “revisaremos el progreso más adelante” es demostrar que no se sabe de qué manera todas las partes interesadas se verán beneficiadas, dado que los objetivos difieren, por eso solo se limitó a coincidir en lo que hay que reformar y evitar el qué y el cómo. 

Por eso, lo único que permitieron estas incorporaciones al documento es ponerle una pausa a las enormes e irreconciliables diferencias globales y preservar el G20 como mecanismo de resolución. 

 

Tregua en el G2

La reunión bilateral más importante es la que protagonizaron Estados Unidos y China. En una estética que nos retrotrajo a las tensiones de la guerra fría, las dos primeras potencias del planeta decidieron pactar una tregua de tres meses. Según Donald Trump, China ha acordado reducir y eliminar los aranceles a los automóviles que llegan a China desde los Estados Unidos (actualmente la tarifa es del 40%). Además, confirmó que “los agricultores serán un beneficiario muy grande y rápido de nuestro acuerdo con China. Tienen la intención de empezar a comprar productos agrícolas de inmediato”. 

Decir que esto se cumplirá es desconocer la imprevisibildad propia de la realidad internacional (y de Trump en particular) pero sí se pudo ver cierta responsabilidad de ambos países respecto de las implicancias de su guerra en la cotidianidad mundial. 

Ahora bien, Estados Unidos y China tienen demasiados intereses cruzados como para ser optimistas con una estabilidad prolongada. Es así que Estados Unidos busca, aunque no con los resultados que la Casa Blanca espera, condicionar a los gobiernos a los que consideran aliados en América Latina para que dejen de priorizar la relación con el gigante asiático. Esto se choca con la influencia creciente de China en nuestra región que lo ubica como principal socio de Argentina, Brasil y Chile, por citar algunos países. Por el momento, estos países hacen equilibrios, habrá que ver hasta cuándo. 

Siguiendo en el continente sudamericano, Washington y Pekín tienen intereses cruzados en Venezuela. El primero para debilitarlo y el segundo para sostenerlo. Aquí estamos en presencia de otra futura colisión. 

Del otro lado del mapa, Estados Unidos seguirá con su lógica unilateral para resolver la crisis con Corea del Norte, que tiene como principal interesado a China. Resulta difícil pensar una mesa de cuatro con Trump sin pretender centralidad. 

La tregua sino-norteamericana es una señal positiva que permite ganar tiempo para organizar la batería de conflictos por delante, especialmente, en lo que a todas las luces será un guerra de largo aliento en el sector científico-tecnológico.

 

Saldo para la Argentina 

Una buena organización, documento final y 17 reuniones bilaterales nos permiten concluir que el saldo para la Argentina ha sido positivo. Al margen de la decenas de reuniones, el gobierno logró concretar las reuniones que esperaba, especialmente, con Estados Unidos y China. 

Con Donald Trump hubo mucha bestialidad, poca novedad comercial y una operación fuerte que puso en riesgo la reunión con China cuando el comunicado difundido por el gobierno estadounidense confirmaba el compromiso de ambas administraciones a “combatir la economía depredadora de China”.

A pesar de esto, la bilateral con Xi Jinping se realizó y se firmaron 37 convenios de cooperación entre los que se destacan el swap financiero de 8.500 millones de dólares que oxigenan las reserva del Banco Central y otros 1500 millones para exportación de soja que hace un total de 5 mil millones de inversión.

Macri convive entre la fe ideológica que lo sostiene en una relación estrecha con Estados Unidos y la Unión Europea sin ningún beneficio comercial (no hay exportación de carne a EEUU ni habrá acuerdo entre Mercosur y UE, por más que Macri insista una y mil veces) y el realismo de entender que el libre comercio llega desde Oriente. En ese marco, China, Rusia (y la Unión Económica Euroasiática) e India aparezcan en el radar argentino, no porque esto traiga enormes beneficios para las mayorías populares, sino para abandonar la sobreideologizacion que nos llevó a navegar en mar de incertidumbres. 

Si esto se diera con una economía en relativo crecimiento, un bloque regional fuerte, autonomía estratégica y sin el Fondo Monetario Internacional monitoreando cada movimiento, tal vez, el saldo podría ser aún mejor. 

 

Conclusiones finales 

La Cumbre de Buenos Aires cristalizó más que nunca que el G20 es un espacio de transición en un mundo en crisis. La decisión de parar la pelota y ceder para poner pausa a la conflictividad significa patear para adelante. No es algo menor. 

Paradójicamente, las temáticas abordadas e incluidas en el documento como el comercio, el trabajo, la crisis migratoria o el cambio climático son problemas que los Estados nacionales no pudieron resolver y, en parte, dieron paso a expresiones de ultraderecha en Europa y América Latina.

La reunión en Japón del año próximo tendrá la acumulación de los problemas que no se han podido resolver, contará con la presencia de un posible aliado de Donald Trump en el contexto internacional como el presidente de Brasil Jair Bolsonaro que compartirá con Andrés Manuel Lopez Obrador y un saliente o re-electo Mauricio Macri.

A su vez, el 2019 tendrá las elecciones europeas como uno de los acontecimientos más importantes del año por el crecimiento sostenido de las ultraderechas en todos los países de la Unión Europea, salvo Irlanda y Portugal.

Decir que la multilateralidad está salvada es pecar de optimismo. No obstante, Buenos Aires ratificó al G20 como un espacio que, aún con el poder menguado, procesa conflictos y marca los tiempos de las peleas globales entre nacionalistas y globlaistas. El próximo round quedará bajo el arbitraje de Shinzo Abe y veremos si vamos camino a la estabilidad prolongada o tan solo es la calma que antecede a la tormenta.

3 diciembre, 2018

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata