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Marianna Basch: “Constantinopla está violando todos los cánones eclesiásticos”

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La Iglesia ortodoxa de Ucrania viene exigiendo hace años que le concedan el “tomos”, documento eclesiástico que le permitiría independizarse del patriarcado de Moscú y constituirse en una más de las 14 Iglesias ortodoxas nacionales existentes. El pasado 11 de octubre, Constantinopla finalmente aceptó concederle a Ucrania la autocefalía. En reacción a esta situación, la Iglesia ortodoxa rusa declaró la ruptura oficial de las relaciones con el patriarcado de Constantinopla. En este marco, para conocer más sobre esta situación, Resumen del Sur conversó con Marianna Basch, periodista y redactora en jefe del canal “El Don Ortodoxo” y jefa de prensa del Centro Patriótico Eclesiástico “Ciudad Bautista” de la ciudad de Rostov del Don.

 

Hace tiempo que la Iglesia ucraniana quiere recibir el “tomos” y la independencia del Patriarcado de Moscú. ¿Por qué recién ahora el patriarcado de Constantinopla acepta esta petición?

Con respecto a que la Iglesia ucraniana hace tiempo que busca la autocefalía, esto no es completamente cierto. La autocefalía empieza a disputarse a partir de los años noventa en el momento en el que comienza a construirse el estado ucraniano. De hecho, la dirigencia política de Ucrania la ve como un instrumento de independencia gubernamental, como una forma de separarse de Rusia. En lo que refiere a la mayoría de los creyentes y a los funcionarios eclesiásticos, nunca expresaron ningún deseo de autocefalía. Para ser más exactos, unas tres curtas partes de los representantes de la Iglesia ortodoxa que no pertenecen a la patriarcado de Moscú jamás expresaron semejante deseo. De hecho, el pedido del otorgamiento del “tomos” para lograr la autocefalía fue realizado por el presidente ucraniano, Poroshenko. Fue él mismo el que mandó la carta a Constantinopla, es decir, no fue ningún representante de la Iglesia ucraniana, ningún metropolitano sino el mismísimo Poroshenko en acuerdo con otras jerarquías eclesiásticas que no dependían de la Iglesia o que alguna vez se separaron del patriarcado de Moscú. En síntesis, es evidente que esta idea tiene un tinte político vinculado con las relaciones tensas entre Rusia y Ucrania. Este tema [el de las relaciones tensas entre Rusia y Ucrania] comenzó en los años noventa y continúa avanzando en la actualidad.  

 

Suponiendo que la Iglesia ucraniana efectivamente reciba el “tomos” y alcance la  independencia, ¿qué modificaciones concretas representa esto para la Iglesia rusa?

 

Visto desde “dentro de Rusia” no se modifica en nada, no influye de ninguna forma. En relación a aquellos en Ucrania que quieren quedarse con la Iglesia rusa y no quieren recibir la autocefalía, para ellos sí puede ser que empiecen tiempos difíciles porque es completamente evidente que el gobierno ucraniano está interesado en obtener la autocefalía y es muy probable que utilicen cualquier tipo de recurso administrativo. Es probable que utilicen algún tipo de presión para que más ortodoxos ucranianos quieran trasladarse a la iglesia autocefálica. A pesar de que se declara que se va a respetar la libertad y el derecho de elección, en los hechos concretos el poder ucraniano de ninguna forma oculta su opinión sobre este hecho y se sobreentiende que va a actuar de acuerdo con sus intereses.

 

El patriarca Hilarión, portavoz de la Iglesia ortodoxa rusa, anunció luego del Sínodo del 15 de octubre la decisión de romper relaciones con el patriarcado de Constantinopla. En tu opinión, ¿qué futuro le depara a la Iglesia rusa?

 

Esta decisión es una respuesta a la actitud de Constantinopla de reconocer a Ucrania en su territorio. Constantinopla empezó a disponer de este territorio como si fuese suyo y está violando todos los cánones eclesiásticos. En respuesta a eso se comunicó la ruptura de las relaciones como forma de advertencia de que nosotros no estamos de acuerdo con este tipo de acciones. En tanto y en cuanto no estamos de acuerdo con este tipo de acciones, a las cuales consideramos completamente inapropiadas, no podemos estar en unión con dicha institución. Sin embargo, esta decisión no significa una ruptura completa e irrevocable ya que existe toda una familia de Iglesias ortodoxas además de la de Constantinopla, la serbia, la georgiana, la griega, etc., creo que unas 12 o 13, las cifras varían. Con las otras Iglesias nacionales la Iglesia rusa mantiene una buena relación. Afirmar que la Iglesia rusa se separó de todo el mundo ortodoxo es incorrecto. Es más, habría que ver quién se alejó de quien. Habrá que esperar y ver cómo se desarrollan los hechos. Espero que no haya ninguna complicación y que dentro de poco este conflicto se resuelva de algún modo. Yo soy una persona optimista, por eso este pronóstico es optimista. Pero también hay otras visiones. He escuchado y leído mucho sobre la división dentro del mundo ortodoxo. Se dice que será un problema largo y que puede ser la base de la aparición de nuevas iglesias. Yo creo que pueden ocurrir algunos cambios, aún más en caso de que haya otra persona en el poder. Es decir que si hay algún tipo de modificación en la situación política, esto afectará a la situación eclesiástica para el mejor de los casos, por supuesto.

 

19 octubre, 2018

Sobre el Autor

Noelia Pérez Rivaben