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¿Puede Bolsonaro seducir a las elites?

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A dos semanas de las elecciones presidenciales, las encuestas ubican a Jair Bolsonaro y Fernando Haddad como los candidatos mejor posicionados para la segunda vuelta del 28 de octubre con una tendencia que favorece al candidato de Lula. El interrogante que se mueve alrededor del candidato de la ultraderecha es si tendrá el apoyo del bloque de poder conformado por la Federación de Industriales de San Pablo, los bancos, los medios de comunicación, las Fuerzas Armadas y el poder judicial (que operó para sacar al Partido de los Trabajadores del gobierno a través de la destitución de Dilma Rousseff en 2016 y aceleró el proceso de encarcelamiento de Lula para correrlo del escenario electoral).

Con Geraldo Alckmin, del PSDB y Henrique Meirelles del MDB sin posibilidades de meterse en el balotaje, el bloque dominante no tiene garantizado la continuidad de las políticas de ajuste iniciadas por Michel Temer luego del impeachment. Cabe destacar que las primeras tres medidas de Temer fueron el congelamiento por 20 años del gasto público vía reforma constitucional, la aprobación del régimen de Participación Público Privada que le abre paso a los mercados a resortes estratégicos de la economía y una reforma laboral que eliminó de manera brutal derechos adquiridos por los trabajadores durante el siglo pasado.

Bolsonaro sabe que su retórica antisistema cargada de violencia le permite contener a sus… Click To Tweet

 

A tal punto el mercado mira con preocupación el escenario electoral que, por ejemplo, cuando las encuestas empezaron a favorecer a Haddad y a relegar a Alckmin, el real se depreció.

En este contexto, ¿es Bolsonaro la garantía de esos intereses? A priori uno entiende que no, si partimos de la base de sustento del candidato del Partido Social Liberal proveniente de estratos transversales enojados y radicalizados con la política, que van desde quienes piden mano dura en materia de seguridad, nostálgicos de la dictadura, pasando por quienes se movilizaron en contra de la corrupción o el funcionamiento de los servicios públicos.

Respecto a los empresarios, la realidad es que se encuentran divididos entre quienes prefieren a cualquiera que impida al regreso del PT y los que miran con desconfianza l0 que pueda surgir en un contexto internacional, de por sí desfavorable.

En julio de este año escribimos: “el bloque dominante coincide en que el primer paso para evitar la vuelta del “populismo” es sacar de la cancha a Lula pero difieren en el apoyo a un candidato en particular. Los mercados y, al menos por ahora, los medios de comunicación miran con buenos ojos a figuras como el exministro de hacienda Henrique Meirelles o el gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin. No obstante, el rol que han tomado las Fuerzas Armadas en el último tiempo podría darle un aventón importante a Bolsonaro al que consideran como propio. Los militares y el diputado suscriben en la necesidad de instalar un proceso de “orden” para frenar la crisis social. Este eufemismo no es más que profundizar la violencia institucional que, entre otros casos, terminó con la vida de Marielle Franco.

“Sabemos que aquello que alguna vez se pensó imposible en el escenario internacional terminó transformándose en realidad, con ver el Brexit y la victoria de Donald Trump alcanza para no descartar ninguna hipótesis. También es importante remarcar que un país de la magnitud de Brasil no puede gobernarse sin alianza parlamentarias, este es un problema para el Partido Social Liberal pero también para el Partido de los Trabajadores”.

Esto último sigue siendo parte del análisis de la situación política de Brasil. ¿Es posible gobernar Brasil con la retórica nacionalista conservadora de Bolsonaro? ¿Y con el sistema de pactos rotos entre el PT y el resto de los partidos tradicionales de Brasil luego del golpe contra Dilma?

No obstante, las últimas promesas del excapitán del ejército indican que lo que hay en marcha es un operativo seducción a los grupos concentrados. En un video publicado en su cuenta de twitter, Bolsonaro prometió “¡menos impuestos y burocracia! Tienes que dejar de asfixiar a quien produce. Mientras que los oponentes mienten y se preocupan sólo por el poder a cualquier costo, nuestro equipo se centra en el futuro del país!”

Además, también vía redes sociales, aseguró que asumió el compromiso de “reducir el número de ministerios y extinguir y privatizar gran parte de las [empresas] estatales”. “Son gastos innecesarios que deben ser destinados a atender a la población”. Por último, dijo que parte de esta decisión está vinculada con la postura de “rechazar los acuerdos que negocian cargos a cambio de apoyo”.

Bolsonaro sabe que su retórica anti-sistema cargada de violencia le permite contener al núcleo duro de sus votantes, pero entiende que con eso no alcanza para superar la segunda vuelta. En ese sentido, busca el apoyo de empresarios a través de la promesas impositivas y privatizaciones, medios de comunicación y evangélicos, que hoy dividen su apoyo entre Alckmin y Marina Silva.

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El armado de Bolsonaro es esencialmente anti-establishment combinado con conservadurismo religioso y una plataforma que hoy se presenta como liberal, expresada en su asesor económico Pablo Guede, pero que no profundiza más allá de la reducción impositiva y el achicamiento del gasto.

La incongruencia de las propuestas de Bolsonaro es pretender la convivencia de una base anti-establishment con un ideario que intente a acercar a una parte del mismo. Debiera aclarar que, en todo caso, para su equipo el problema es el sistema político y que de su descomposición radica su posibilidad de éxito.

El dilema es que si se modera pierde su base de apoyo y, probablemente, termine condicionado por los mercados. Mientras que si profundiza su propia impronta no contará con el apoyo de ninguna de las fuerzas política con representación parlamentaria y el desborde social, probablemente, lo pase por encima.

Entonces, ¿puede Bolsonaro seducir a las elites? Para responder esta pregunta hay que saber lo que quieren. Las promesas de Jair entusiasman, pues continuidad más reducción de impuestos, privatizaciones y una reprimarización de la economía combinada con una relación de mera subordinación a Estados Unidos y la Unión Europea es lo que los mercados esperaban de Alckmin o Meirelles. Es decir, aquí hay coincidencias. Pero, ¿este es el verdadero plan económico del Bolsonaro o Guedes? ¿O más bien la idea es recrear el CMPG y el impuesto al cheque que fue una de las banderas contra Lula en los años 2000? Ante la negativa de los grupos económicos, el principal asesor de Bolsonaro tuvo que retractarse. Por otra parte, proponen eliminar la progresión impositiva y descargarla sobre los asalariados. Aquí hay continuidad.

Así de incierto está el panorama. Estamos ante un juego de ajedrez en el que el mercado reacciona para condicionar o dar el visto bueno a determinadas propuestas. Bolsonaro necesita apoyos para el balotaje y sin dar más certezas sobre su plan económico que lo mencionado anteriormente, lo que buscan es interpelar al electorado que en primera ronda elegirá a Alckmin, es decir, menos del diez por ciento de los votos, entre ellos, los representantes de los mercados. ¿Podrá?

 

25 septiembre, 2018

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata