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Las cartas sobre la mesa

Foto: PT

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Se acabó el misterio, Fernando Haddad será el reemplazante de Luiz Inazio Lula Da Silva en la candidatura presidencial del Partido de los Trabajadores. El líder petista le dio la bendición a su ex Ministro de Educación en una carta dirigida al “pueblo brasilero” confirmó de la decisión de retirarse para darle paso a su delfín. “A los que votarían por mí, les pido que voten por Haddad. Somos millones de Lulas y Haddad será Lula para millones de brasileños”, escribió el ex jefe de estado en la misiva leída por Gleisi Hoffmann en la vigilia que se realizada en la sede de la Superintendencia de la Policía Federal de Curitiba donde Lula se encuentra detenido desde el 7 de abril.

Sin más instancias para recurrir, sin posibilidad de estirar los plazos y ante el riesgo de quedarse sin candidato, el lanzamiento del ex alcalde de San Pablo cristalizó dos aspectos claves de esta particular campaña electoral. Por un lado, la puesta en funcionamiento de mecanismos no tradicionales como el de realizar un acto con el primer candidato en todas las encuestas preso y proscrpito y, por otro,  blanquear la centralidad absoluta que tendrá Lula durante las semanas que quedan de cara al 7 de octubre. Todo lo que haga el PT girará en torno a Lula, esa es la estrategia electoral.

Con Haddad en el escenario, el interrogante estará en la capacidad de transferencia  de votos que puede tener Lula como gran elector de los comicios. Desde el PT confían en que dentro de diez días, Haddad tendrá entre 25 y 30 puntos, número suficiente para ingresar a la segunda vuelta del 28 de octubre. A su vez, Datafolha publicó números muy favorables para el PT  ante la pregunta si “Votaría el candidato apoyado por Lula”, un 33 por ciento respondió la opción “con certeza” mientras un 16 por ciento eligió la opción “tal vez”.

La transferencia es clave para el primer objetivo de meterse  en la segunda vuelta dado que las candidaturas de Ciro Gomes y Marina Silva podrían sumar a los votantes lulistas que no se sientan identificados con el PT.

De todas formas, todo indica que la polarización reinante en el gigante sudamericano se materializará con la presencia de Fernanda Haddad y Jair Bolsonaro el balotaje.  Hay unanimidad entre los analistas a la hora de considerar que el atentado contra el ultraderechista de la semana pasada, a pesar de haber logrado una leve subida en las encuestas, servirá como empujón para meterlo en la segunda vuelta. De ser así, es muy probable que el ex capitán del ejército pierda con quien se le pare en frente. ¿Por qué? Parece difícil que pueda perforar el techo de votos provenientes de un sector social conservador, desideologizado o partidarios de la mano dura. En este marco, no es equivocado pensar que el presdiente de Brasil saldrá de Haddad, Ciro Gomes, Marina Silva o Geraldo Alckmin.

Los vaivenes del mercado en los últimos días, las declaraciones del Jefe del Ejército en contra de la candidatura de Lula y en apoyo a uno de los suyos como Bolsonaro demuestra que los sectores de poder sienten que la izquierda tienen chances de volver al gobierno. Los grupos económicos están un difícil dilema dado que  entienden que  su candidato Alckmin se quedará a medio camino, Silva es difícil verla en el balotaje, aunque puede ser una alternativa del establishment y Ciro Gomes no representa sus intereses. La opción que le queda es Bolsonaro quien expresa una verdadera bomba de tiempo.

En ese sentido, el modelo Bolsonaro  es liberal en lo económico, punitivista en lo que confiere a seguridad y narcotráfico y absolutamente dependiente de las potencias centrales en materia de relaciones exteriores. En este punto, como publicó Perfil el domingo 2 de septiembre, contempla privatizaciones que alcanzaría a 147 empresas, reducción de ministerios, ajuste en el gasto público, baja de edad de imputabilidad, poder de fuego a la polícia y las Fuerzas Armadas, tenencia de armas en manos de civiles y una profunda subordinación a Estados Unidos e Israel. En ese sentido, prometió cerrar al embajada de Palestina en Brasil corriendo al país de la postura histórica respecto a la causa palestina.

Bolsonaro es una bomba tiempo que combina un fascismo de formación con declaraciones que operan sobre el sentido común de una parte de la comunidad. Su condición de antisistema encuadrado en el lema “Más Brasil y menos Brasilia” le permitió crecer debido a sus criticas a la política pero le impone un techo del que no le resultara fácil romper. Por eso, si Haddad llega a la segunda vuelta es muy probable que sea el próximo presidente. 

Paradójicamente, hay similitudes entre Bolsonaro y Lula. Uno era neoliberal y antidemocrático y el otro de izquierda y democrático pero ambos expresa una lógica outsider. Para ser más preciso con este punto, desde la explosión de la Operación Lava Jato en la agenda pública, el sistema político goza de un fuerte desprestigio dando lugar a emergentes del estilo Bolsonaro, Joao Doria o el pastor evangelista Marcelo Crivella. Por su lado, el liderazgo de Lula junto con su historia y gestión le permite superar una crisis de representatividad que también tocó al PT. Por eso es central que el ex presidente se configure como el gran elector de un escenario electoral estratégico para el futuro de Brasil.

El PT tiene claro que el primer desafío es consolidar la estrategia “Haddad es Lula” o en conceptos históricos mas conocidos por los argentinos “Haddad al gobierno, Lula al poder”. El segundo es la transparencia en la elección. ¿Es posible un fraude electoral? Esta hipótesis es algo que nunca había estado en el análisis de la realidad del país, pero como le dijo a este medio  el profesor universitario y miembro de la Mesa Ejecutiva del PT, Valter Pomar, “si metieron preso a Lula, no tendrán problema en hacer fraude”. Será importante el rol de los veedores internacionales, OEA, ONU y los países de la región, aunque de estos últimos no puede esperarse demasiado.

Superados estos escollos, la vuelta del PT sería un hecho y cargará con la necesidad de no cometer los errores del pasado, es decir, abusar de los pactos de cúpula con el sistema político y el poder económico, no solamente porque sería una traición a sus fuentes programáticas que incluye, entre otras cosas, reforma política y mediática, sino también porque la relación se rompió del todo una vez que los viejos aliados se convirtieron en verdugos y cómplices de una ruptura del orden institucional. Decirlo no es tan sencillo como concretarlo, claro y es de esperar una corrida cambiaria más fuerte que la ocurrida en la previa de la primera presidencia de Lula.

El bloque de poder que controla la devaluada democracia brasileña sufre la peor pesadilla como es la posibilidad real y concreta de volver a tener al PT en el gobierno, inclusive mas a la izquierda y confrontativo que la que hemos visto en el pasado.

Pensaron que la destitución de Dilma y la detención del principal referente iba a barrer de la memoria histórica todas las conquistas alcanzadas por el pueblo y las políticas públicas de las administraciones petistas. Se equivocaron, el PT está fuerte para enfrentar una verdadera batalla electoral que definirá tanto la posibilidad de recuperar el desarrollo económico y las posibilidades de inclusión de las mayorías que se han visto perjudicadas por las políticas de ajuste de Michel Temer como el rol global que permitirá reconfigurar un esquema regional capaz de diseñar un política aggiornada al complejo contexto internacional que la derecha no ha manejado con dogmatismo, improvisación y falta de autonomía.  Las cartas está sobre la mesa en lo que parecen que serán semanas tan intensas como definitorias. El tiempo dirá. 

12 septiembre, 2018

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata