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Crónica de una proscripción

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El Tribunal Superior Electoral de Brasil votó a favor de la proscripción del ex presidente Lula para las elecciones generales de octubre. El resultado era cantado y forma parte de la arbitrariedad con la que el poder judicial brasilero se ha comportado desde la destitución de Dilma Rousseff a la actualidad.

En este caso, un puñado de 6 jueces se arrogaron la representatividad de millones que quieren elegir al líder petista como presidente. La justificación fue el cumplimiento de la Ley de Ficha Limpia que prohíbe que los condenados de segunda instancia se postulen para cargos públicos. Más allá de la paradoja de saber que Lula defendió la ley que hoy lo  proscribe cuando ejercía la máxima jefatura de estado, existe una interpretación que fue ignorada por los magistrados y que desde el PT enfatizan con fuerza

En ese sentido, el planteo del PT dice que se presentarán todos los recursos a los tribunales para que sean reconocidos por los derechos políticos de Lula y que están previstos en los Tratados Internacionales. También, desmienten que la Ley de Ficha Limpia impida la candidatura dado que el articulo 26-C habla de la inelegibilidad puede ser suspendida cuando haya un recurso plausible de ser juzgado. En ese sentido, Lula tiene recursos tramitados en el Supremo Tribunal de Justicia y el Supremo Tribunal Federal.

A su vez, el artículo 16-A de la ley electoral establece que un candidato en fase de juicio puede efectuar todos los actos de campaña electoral, incluso los relativos a la utilización de horario gratuito en la radio y televisión y tener su nombre en la urna electrónica. Existen antecedentes en 2016 cuando 145 candidatos a alcaldes en esa situación “sub judice” se presentaron a las elecciones de los cuales, 98 gobiernan sus ciudades. Aquí, la arbitrariedad es patrimonio exclusivo para Lula.

Como ya lo hemos analizado en este espacio, la justicia de Brasil parece estar dispuesta a mantener a Lula detenido e inhabilitado con tal de impedir su victoria electoral, aún destruyendo lo poco que queda de Estado de Derecho y democracia en el vecino país. Recordar que este mismo poder judicial que viola derechos políticos es el mismo que avaló la reforma laboral que perjudica brutalmente a los trabajadores de Brasil.

Ahora lo que hay que analizar es cuales pueden ser los próximos escenarios a tan poco tiempo de los comicios. En primer lugar, el PT optó por profundizar por seguir acudiendo a instancias judiciales con el fin de ganar tiempo y, presión internacional mediante, acercarse a la fecha límite para hacer campaña sin hacer campaña.

¿Como es esto? Seguir judicializando el caso del ex presidente con el riesgo de no inscribir a Fernando Haddad como reemplazante, y por ende perder espacios de propaganda política en los medios de comunicación para que la prisión y proscripción de Lula sea la campaña.

Se trata de todo un experimento vinculado a abandonar las practicas tradicionales de la campaña electoral y explotar a fondo la situación del candidato con más intención de voto que esta siendo victima de una maniobra del poder. Así, tal vez, pueda garantizarse la transferencia de votos que necesita la formula Haddad-Manuela Dávila para, por lo menos, meterse en una segunda vuelta.

¿Alcanza? ¿Puede el PT ganar sin Lula? Garantizarlo es imposible pero es la única carta del PT para volver al poder. Hoy es factible pensar un Haddad fuera del balotaje como ganando la segunda vuelta, todo depende de la capacidad de tracción de votos del inhabilitado ex presidente.

Por otra parte, el bloque de poder no dudará en mostrar las cartas de la manera que saben hacerlo. Instalando candidatos en los medios, construyendo clima de inestabilidad económica por culpa del “populismo” o dando lugar a denuncias disparatadas como la que tuvo Fernando Haddad al que se lo acusa de enriquecimiento ilícito. Una eventual inhabilitación de Haddad para ejercer sus derechos políticos parece una locura, pero esto es Brasil y, como sabemos, todo puede pasar.

En frente del PT, un mar de dudas. Jair Bolsonaro crece y asusta, Geraldo Alckmin no mueve a  pesar de apoyos importantes que van desde los mercados hasta la Iglesia Universal del Reino de Dios y la ancha avenida del progresismo expresado por Ciro Gomes y Marina Silva confían en captar votos que iban a Lula pero no al PT.

La proscripción fue una crónica anunciada y el dilema para el PT es si hay vida después de Lula.

2 septiembre, 2018

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata