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Brasil: expectativa e incertidumbre a dos meses de las elecciones

hadda-davila

Las confirmación de las candidaturas en Brasil dibuja un escenario abierto de cara al próximo 7 de octubre cuando se elija presidente en el país más importante de América Latina. El interrogante más grande gira en torno al futuro del expresidente Lula, quien parece encaminarse a ser inhabilitado por la justicia electoral cuando se inscriba su postulación el 15 de agosto.

El Partido de los Trabajadores ya presentó el plan B con la incorporación de Manuela D’ávila, del Partido Comunista de Brasil, como eventual candidata a vicepresidente de Fernando Haddad (en caso de proscripción del líder petista).

El sistema político brasilero aún no salió de la profunda crisis de representatividad generada luego del escándalo de corrupción del Lava Jato, que dio paso al crecimiento de outsiders como el pastor evangelista Marcelo Crivella o el empresario Joao Doria, además de un notable crecimiento en las encuestas del ultraderechista Jair Bolsonaro.

El binomio Haddad-Dávila, elegido por Lula y aprobada por un plenario del PT, representa una alternativa de izquierda con un programa de gobierno que incluye cinco puntos:  defensa de la democracia, garantía de los derechos, inclusión, promoción de un nuevo modelo de desarrollo y la inserción del pueblo en el Presupuesto de la Unión.

El interrogante más grande gira en torno al futuro del expresidente Lula Click To Tweet

 

A priori, esta homogeneidad programática e ideológica no significa que sea ganadora. Cuando decimos que no es una fórmula ganadora nos referimos a que el sistema de alianzas no incluye el pragmatismo habitual de las previas electorales. Tal vez haya pesado la experiencia de acuerdos (y traiciones) con el PMDB de Michel Temer, Eduardo Cunha y compañía, y la necesidad de mostrar algo sustancialmente distinto a lo que hoy aparece en el Palacio Planalto. Por eso, la fórmula presidencial depende pura y exclusivamente de la capacidad de transferencia de votos de Lula, el único dirigente que puede pararse por encima de la crisis de los partidos políticos tradicionales.

Fernando Haddad es abogado y magister en Ciencias Políticas. Tiene 55 años y es, a mi juicio junto al exgobernador de Bahía Jaques Wagner y la actual presidenta del PT Gleisi Hoffmann, uno de los cuadros más interesantes que tiene el Partido de los Trabajadores. A su vez, Manuela Davila es una prometedora joven dirigente que está dando sus primeros pasos en la política brasileña como diputada federal con tan solo 36 años. Ambos tiene un curriculum intachable e incuestionable para aquellos que criticaron al partido de Lula por abandonar sus bases durante el gobierno. Pero esto, ¿alcanzará para lograr la victoria? En 2010, 2013 y 2014 el expresidente logró garantizar la victoria de Dilma (2010-2014) y en 2013 elel de mágico de Lula le permitió al entonces ministro de educación Haddad obtener el triunfo en la alcaldía de San Pablo. Fue Haddad también el que padeció el golpe del Lava Jato cuando cayó derrotado con el empresario multimillonario y outsider Joao Doria. ¿En cuál de todos estos escenarios nos encontramos?

Economía, corrupción, trabajo e inseguridad serán los ejes de la elección Click To Tweet

 

Si hacemos futurología y nos paramos sobre las encuestas publicadas, teniendo en cuenta que Lula estará fuera del escenario, nadie tiene la vaca atada. Además del PT, el voto progresista podría ser interpelado por el exministro de Lula, Ciro Gomes, quien no acordó con el PT y podría quitarle votos, lo cual podría significar un alto costo político para el petismo. Por otro lado, Marina Silva también podría sumar votos de sectores desencantados con la corrupción de los gobiernos de Lula y Dilma, aunque la dirigente ambientalista que cuenta con el apoyo de sectores evangelistas hace tiempo que se viene corriendo  a la derecha.

Por el otro lado, tenemos dos expresiones conservadoras. El exgobernador de Sao Paulo Geraldo Alckmin y el ultraderechista Jair Bolsonaro. Este último ha crecido notablemente en los últimos años, pero cuenta con un techo muy marcado que le puede dificultar el acceso a la segunda vuelta y, por contar con pocos representantes en el Congreso, tendrá muy pocos minutos en televisión. Por su parte, Alckmin, referente del PSDB, tendrá que lidiar con el peso que significa la alianza parlamentaria con Michel Temer y los escasos 8 puntos que muestran las encuestas. Como contrapartida tiene el apoyo de los grupos económicos y de la Iglesia Universal del Reino de Dios que realizarán un fuerte lobby para su candidatura. Diferenciarse de Temer y mostrarse más moderado que Bolsonaro son algunos de los desafíos del candidato de la centro derecha brasileña.

Con este panorama, el escenario está abierto e incierto, a punto tal que podría darse que la lógica de los últimos años en donde las alternativas se polarizaron entre la centro derecha del PSDB y la centroizquierda expresada en el PT podría no cumplirse si Bolsonaro llega al balotaje. Eso pasaría si ninguna fórmula obtiene más de 30 puntos en la primera vuelta.

Economía, corrupción, trabajo e inseguridad serán los ejes de una elección que probablemente se realice sin el hombre con más apoyo y el preso político más conocido del mundo. Brasil define su  futuro y el de toda la región en un contexto de anormalidad institucional de la que cada día nos vamos acostumbrando de manera preocupante.

12 agosto, 2018

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata