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Bolsonaro y la decadencia de un gigante

 

 

bolosnaro

Jair Bolsonaro lanzó su candidatura para la presidencia de Brasil en un acto con tres mil personas en Río de Janeiro. La aparición de Bolsonaro en el escenario político no es nuevo dado que es diputado desde 1991. Lo novedoso entorno a su figura es el aumento de la representatividad electoral que marcan las encuestan y lo ubican segundo detrás del ex presidente Lula quien se encuentra detenido y con chances de ser inhabilitado.

Bolsonaro fue capitán del ejército y defiende abiertamente la dictadura milita que tuvo en el gigante latinoamericano entre 1964 y 1985. Su pertenencia a las Fuerzas Armadas se dio entre 1977 y 1987 y la primera incursión política fue en 1988 cuando lo eligieron como concejal de Río de Janeiro por el Partido Demócrata Cristiano, la misma fuerza política que lo depositó en el Congreso como diputado federal en 1990.  Algunos año antes, lideró la operación Beco Sem Saída (callejón sin salida), un plan consistía en poner bombas de fabricación casera en los cuarteles para protestar si el aumento de los sueldos de los militares fuese inferior al 60%.

A partir de entonces se mantuvo en el sistema político como una expresión marginal de un conservadurismo que parece estar creciendo a pasos agigantados. En ese sentido, el polémico dirigente fue el parlamentario más votado en las elecciones en Río de Janeiro de 2014 con 464.572 votos.

Lo curioso de este personaje es que dejó de ser marginal y tiene chances de meterse en la segunda vuelta de los comicios de octubre. Si hubiera que ubicar el momento en el que comenzó a despertar más simpatías que rechazos podriamos remontarnos al 2013-2014, en la previa de la reeleccion de Dilma Rousseff cuando el Movimento “Ven pra rúa” se movilizó contra la entonces presidenta, agrupando a sectores reaccionario de la sociedad brasilera que, entre otros reclamos, calificaban al PT de comunista y pedían la vuelta de la dictadura.

El escándalo de Petrobras se llevó puesta a Dilma pero también generó una profunda crisis de representatividad que permitió a outsider como el empresario Joao Doria y el pastor evangelista Marcelo Crivella ganaran las alcaldías de San Pablo y Río de Janeiro respectivamente. Ese tsuami que pasó por encima al gobernante Partido de los Trabajadores en particular pero al sistema político en general, produjo un fuerte crecimiento de Bolsonaro que, con la ayuda de  un veterano publicista con experiencia en Estados Unidos y partidario de la intervención de las Fuerzas Armadas en Brasil, profundizó sus postulados conservadores y operó sobre el sentido común de buena parte de la población que no cree en los políticos y rechazan la corrupción y la inseguridad.

Tiene frases para todos los gustos, “en mi gabinete tendré muchos militares. Los gobiernos anteriores colocaron a guerrilleros, terroristas y corruptos”, dijo. Cabe recordar que el congresista dedicó su voto a favor del impeachment contra Dilma al Coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, torturador de Rousseff.  A su vez, considera que “la homosexualidad puede resolverse a los golpes”, está de acuerdo al libre acceso a las armas y prometió “acabar con las reservas indígenas y las quilombolas (palenques, asentamientos en los que se refugiaban los esclavos rebeldes en Brasil y en las que ahora viven sus descendientes) porque obstaculizan la economía. Esto le costó una  denuncia en su contra ante el Ministerio Público y en una posterior condena judicial en primera instancia por daños morales colectivos a esas comunidades y a la población negra en general.

Dice ser admirador de Donald Trump y se parecen en la retorica violenta y nacionalista y en algunos planteos antiinmigrantes pero difieren en la política económica ya que, su asesor económico Paulo Guede es un defensor del libre comercio. El candidato a presidente votó por la apertura del  Pre-sal​ y afirmó que el “libre mercado es la madre de la libertad y que “debe ser privatizado lo máximo que pueda”. La comparación con Trump y Berlusconi no es del todo correcta, pues, Bolsonaro no tiene antecedentes en el sector privado. Respecto de la política internacional, el equipo del ex militar no dio más detalles que la intención de fortalecer la relación con la Casa Blanca.

El bloque dominante coincide en que el primer paso para evitar la vuelta del “populismo” es sacar de la cancha a Lula pero difieren en el apoyo a un candidato en particular. Los mercados y, al menos por ahora, los medios de comunicación miran con buenos ojos a figuras como el exministro de hacienda Henrique Meireles o el gobernador de San Pablo, Gerlado Alckmin. No obstante, el rol que han tomado las Fuerzas Armadas en el último tiempo podrían darle un aventón importante a Bolsonaro al que consideran como propio. Los militares y el diputado suscriben en la necesidad de instalar un proceso de “orden” para frenar la crisis social. Este eufemismo no es más que profundizar la violencia institucional que, entre otros casos, terminó con la vida de Marielle Franco.

Sabemos que aquello que alguna vez se pensó imposible en el escenario internacional termino trasformándose en realidad, con ver el Brexit y la victoria de Donald Trump alcanza para no descartar ninguna hipótesis. También es importante remarcar que un país de la magnitud de Brasil no puede gobernarse sin alianza parlamentarias, este es un problema para el Partido Social Liberal pero también para el Partido de los Trabajadores.

El crecimiento de su intención de voto creció de 6 a 17 por ciento en tres años y alcanza los 20 puntos cuando no miden a Lula. El apoyo que genera sus valores tradicionales, su defensa de la pena de muerte y su perfil violenta cristalizan la profunda crisis de un país que supo jugar en las grandes ligas de los asuntos internacionales.

El problema que tiene Brasil con Bolsonaro es que dejó de ser un personaje polémico para convertirse en un riesgo para la democracia que, si bien la falta de apoyo de los partidos tradicionales pueden complicarlo en segunda vuelta, la posibilidad de llegar al balotaje con el apoyo de la “familiar militar” y sectores evangélicos fundamentalistas demuestra que la realidad en Brasil puede mucho peor, es la clara decadencia de un gigante.

 

 

 

24 julio, 2018

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata