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¿Ahora sí se acabó la Guerra Fría?

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Por Noelia Pérez Rivabent

El Mundial de Fútbol Rusia 2018 ha concluido y ha dejado contento a casi todos. No hubo amenazas terroristas y apenas se registraron hechos de violencia xenófoba y homofóbica. El broche de oro fue la invasión de campo auto-atribuida al colectivo punk feminista Pussy Riot que, si bien no tiene muchos seguidores dentro de Rusia, generó cierta empatía en la prensa occidental (véase el artículo “Las mujeres y el mundial de Rusia 2018). 

Al margen de los resultados deportivos, la gran victoriosa de la competencia ha sido Rusia. Los rusos han quedado más que satisfechos con un inesperado buen desempeño futbolístico por parte de su equipo nacional y, fundamentalmente, por poder mostrarle al mundo que ellos no son como se les quiere representar en las películas norteamericanas o en la prensa europea (véase el artículo “¿Cómo se preparó Rusia para el Mundial de Fútbol 2018?”). 

Este éxito internacional, sumado a la aparente nueva relación amistosa con Estados Unidos, podría cerrar finalmente la herida aún abierta de la Guerra Fría. 

La reunión entre Vladímir Putin y Donald Trump en Helsinki

El lunes 16 de julio se llevó a cabo en la capital de Finlandia una reunión entre el primer mandatario de Rusia y de Estados Unidos para hablar, entre otras cosas, sobre la venta de gas a Europa. Rodeada por protestas dirigidas a ambos políticos, la conferencia de prensa abordó temas como la erradicación de ISIS en Siria, la contención del peligro nuclear que representa Corea del Norte, la colaboración con  Irán e Israel, el restablecimiento económico de Ucrania y la interferencia de Rusia en la política interna estadounidense. 

Este último punto hace referencia a la supuesta interferencia rusa en las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016. Tras la asunción de Donald Trump en enero de 2017, el entonces director del FBI, James Comey, denunció que el gobierno ruso orquestó un ataque cibernético para favorecer al candidato republicano. En el marco de una investigación bipartidista en curso, la Comunidad de Inteligencia afirmó con “gran confianza” que el ataque ruso habría sido dirigido por el mismísimo Putin con el objetivo de dañar la potencial elección de Hillary Clinton y debilitar la confianza pública en el proceso democrático. Días previos a la reunión en Helsinki, fueron imputados 12 oficiales de la agencia militar de inteligencia rusa por haber tomado parte en el ciber-ataque. No sorprende, entonces, que de todos los temas tratados en la conferencia de prensa, este último punto haya sido el foco de todas las preguntas realizadas por la prensa norteamericana. 

Ambos mandatarios desmienten cualquier tipo de acusaciones. La estrategia discursiva de Trump consistió en negar que haya evidencia contundente que demuestre la intervención rusa, a diferencia de los “33000 e-mails” del servidor privado de Hillary Clinton. Insistió en que su victoria electoral fue limpia y que el presidente ruso fue muy firme al negar conocimiento alguno sobre los hechos que se le acusan. 

 

Por su parte, Putin, con una capacidad oratoria ampliamente superior a la de Trump, afirmó que no hay hechos que demuestren ningún ciber-ataque y que, en todo caso, la acción de un individuo no es la voluntad de un estado. Aún más, puso a disposición sus equipos de inteligencia para realizar una investigación conjunta. Frente a la pregunta “¿Quería que ganara Trump y dirigió a su gente para que eso ocurriera?”, Putin respondió: “Sí, yo quería que él ganara, porque él hablaba de la normalización de las relaciones entre EEUU y Rusia”. 

¿Por qué los rusos apoyaron en Trump en las elecciones presidenciales de 2016?

En la asamblea de partidos realizada de cara a las elecciones, cada candidato expresó sus opiniones respecto a Rusia. Hillary Clinton declaró que “necesitamos aunar esfuerzos en relación a Rusia y, en particular, con Putin (…) Todos deseábamos que Putin hubiera decidido modernizar su país y que hubiera habido un acercamiento a Occidente, en vez de hundirse en un comportamiento parecido al de un zar y en la intimidación a lo largo de las fronteras nacionales y en la proyección del poder ruso en lugares como Siria y otros. Creo que uno de los objetivos rusos es bloquear, oponerse y minar el poder estadounidense siempre que puedan”. 

  Frente a estas declaraciones abiertamente hostiles, Trump afirmó que “siempre he sentido que Rusia y los Estados Unidos deberían poder trabajar bien entre ellos para derrotar al terrorismo y restablecer la paz mundial, por no mencionar el comercio y todos los demás beneficios derivados del respeto mutuo” (para ver las declaraciones completas véase el link al final del artículo). 

En este sentido, Putin no mentía cuando en la conferencia dijo que “la sociedad rusa tiene una opinión formada en relación a las elecciones en EEUU, esto se sobreentiende, ¿qué tiene de raro? El presidente Trump, cuando aún era candidato, habló de la necesidad de restaurar las relaciones entre Rusia y Estados Unidos. Por supuesto que en la sociedad rusa se generó una simpatía hacia este candidato”.  

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¿Por qué los estadounidenses están tan obsesionados con Rusia?

Luego de sus declaraciones en Helsinki, Trump fue duramente criticado por sus compatriotas. El senador republicano por Arizona, John McCain, twiteó “Ningún presidente anterior se ha humillado más abyectamente ante un tirano”. Por su parte, el ex- director de la CIA John Brennan twiteó: “Los comentarios de Trump no sólo fueron imbéciles sino que está completamente metido en el bolsillo de Putin”. 

La prensa norteamericana también echa leña al fuego. Hace meses que se discute en los medios de comunicación la idea de que Rusia busca instalar aparatos de espionaje durante la construcción del gasoducto Nord Stream 2. Asimismo hubo una gran cobertura mediática por el arresto de María Bútina, una ciudadana rusa acusada de “conspirar contra EEUU”. En algunos foros también se ha sugerido que la pelota que Putin le regaló a Trump durante la conferencia tiene un micrófono escondido.  

Al inicio de su discurso, Putin dijo “La guerra fría terminó hace mucho tiempo y la época de las confrontaciones ideológicas está en el pasado”. Está claro que muchos estadounidenses no comparten esta visión.

¿Durará la amistad Putin-Trump?

Es difícil de decir. Desde la perspectiva de Trump, las alianzas internacionales le favorecen para compensar el descontento dentro de su país y dentro de su mismo partido, por no mencionar la impopularidad que internacionalmente merece sus políticas xenófobas y racistas. Sin embargo, en una estrategia ya usual en él, al día siguiente de la conferencia declaró que se expresó mal y que su verdadera intención fue decir: “no creo que haya ninguna razón por la cual Rusia no podría haber sido [responsable de intervenir en las elecciones]”.   

La posición de Putin, en cambio, es mucho más estable. Fue recientemente reelegido presidente hasta 2024 y el éxito de la organización del Mundial de Fútbol le ha otorgado mucha popularidad. Es difícil creer que un político como Putin, que ha sabido mantenerse en las altas esferas del poder por casi 20 años, pueda sostener buenas relaciones con una figura tan cambiante e imprevisible como Trump.  Especialmente cuando ambas partes tienen intereses geopolíticos comunes y encontrados. 

Recomendaciones:

  • Guía para entender “la trama rusa”

https://elpais.com/internacional/2017/05/19/estados_unidos/1495230718_381890.html

  • Declaraciones de los candidatos a las elecciones presidenciales de 2016 (en inglés)

https://www.usnews.com/news/articles/2016/01/12/presidential-candidates-weigh-in-on-russia-putin-middle-east 

  • Lo que piensan los estadounidenses sobre la interferencia rusa

https://actualidad.rt.com/video/281939-opinion-publica-eeuu-trama-rusa-medios

21 julio, 2018

Sobre el Autor

Redacción Resumen del Sur