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La hora de AMLO

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La victoria de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) en México abre un debate intenso sobre el futuro del país azteca y de la región. El hecho que un hombre de centroizquierda acceda al Gobierno en ese país es de por sí un elemento a destacar, teniendo en cuenta que las experiencias anteriores (sin contar la Revolución Mexicana de 1910) quedaron en meras intenciones. Nos referimos a las candidaturas de Vicente Lombardo Toledano en 1952, Cuauhtémoc Cárdenas en 1982 y Arnoldo Martínez Verdugo en 1988 como experiencias previas a la llegada de López Obrador al escenario político mexicano en 2006. Todos los casos mencionados tiene en común irregularidades y fraudes instrumentados por el poderío priista para evitar la llegada de gobiernos nacionalistas o progresistas.

A este contexto histórico hay que agregarle algunos elementos en relación al carácter sistemáticamente influyente de México, la segunda economía más grande la región después de Brasil. Pero tampoco se puede dejar de lado el creciente deterioro de la calidad de vida de sus habitantes. Es decir, mientras México forma parte importante del G20 o la OCDE, el salario mínimo no supera los 4 dólares diarios y hay familias que viven con 8 dólares por día. Es así que una de las principales urgencias de la nueva gestión es impulsar un crecimiento con desarrollo e inclusión social.

López Obrador es la izquierda posible en un país en donde la derecha modificó la matriz… Click To Tweet

 

En su discurso, el presidente electo hizo hincapié tanto en los objetivos sociales como en la vocación para combatir a la corrupción y el narcotráfico, dos males endémicos del país. Como dijo el periodista Luis Hernández a este medio, “el 10 por ciento del PBI mexicano proviene de la economía criminal, entre ellos, el crimen organizado y el narcotráfico”.

Más de 30.000 desaparecidos en 6 años, cientos de miles de ejecuciones y decenas de periodistas asesinados demuestran que el narcotráfico controla territorios ocupando el lugar del Estado y, cuando estos sectores consideran a la política un escollo, no dudan en apelar a la violencia, tal como sucedió con los 132 políticos asesinados durante la campaña electoral. 

A la economía y la violencia hay que sumar la cristalización de la crisis del sistema político que tuvo como principal perdedor al hasta ayer hegemónico PRI, derrotado en todos estados mexicanos. A tal punto llega la crisis de los partidos tradicionales que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) fundado por el propio López Obrador apoyó en esta elección al candidato del Partido Autonomista Nacional (PAN).

En ese marco, Morena es hoy la fuerza de gobierno que, con menos de diez años de vida, deberá conducir un Estado plagado de vicios y afrontar una estructura política devaluada, pero que no puede darse por muerta. 

 

 

La izquierda posible

El frente Juntos Haremos Historia lo integran el Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) liderado por el presidente electo, el Partido del Trabajo ,que es una fuerza de izquierda cuyo lema es “Todo el poder para el pueblo”, y el Partido Encuentro Social, de impronta liberal y “defensor de la familia y en contra del aborto y el matrimonio igualitario”. En principio, el gobierno de AMLO estará marcado por el pragmatismo y el equilibrio entre estas fuerzas que le dieron la victoria e incluyen desde jóvenes que militan por un cambio político y social, hasta un liberalismo tradicional.

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Esto no quita que su gobierno no sea progresista, sino que clarifica las urgencias del país marcadas por la pacificación de los territorios controlados por el narcotráfico, el impulso de políticas sociales de inclusión, el desarrollo de las industrias, la generación de empleo, la mejora del salario y el abordaje de la relación con Donald Trump. 

Esto último es delicado por tres cuestiones centrales: la crisis migratoria, la relación comercial y su condición de vecino que hace que todo sea más complicado. Por eso, el pragmatismo deberá ser parte de una estrategia que implique pararse desde una posición de soberanía y fortaleza sin dar un volantazo que implique un golpe para la economía, ya que, más del 70 por ciento de las exportaciones tienen a Estados Unidos como destino. 

López Obrador es la izquierda posible en un país en donde la hegemonía de la derecha modificó estructuralmente la matriz productiva para convertirlo en dependiente de la principal potencia. ¿Puede México mirar a América Latina como alternativa ante la difícil relación con Estados Unidos? Sí, pero no será de la noche a la mañana. La lógica de Trump obliga a todos los países de la región (progresistas o no) a configurar una relación intraregión que permita construir un contrapeso al ritmo de las relaciones bilaterales que propone Washington.  De la misma forma que pensar en condiciones laborales y de vida dignas para aquellos mexicanos que sufren las políticas antimigrantes de la Casa Blanca deberá ser otro de los grande desafíos.

El progresismo puede entusiasmarse con la llegada de López Obrador a México sin dejar de entender el contexto y el marco de alianza que se necesitaron para llegar al poder en un país que parecía imposible para la izquierda. Si la llegada fue difícil, imagínense gobernarlo. La izquierda posible tiene que hacer de México un país gobernable.

No obstante, con AMLO en la cancha, la segunda batalla electoral se traslada a Brasil. Si la primera y segunda economía de América Latina recuperan al progresismo en el gobierno, el panorama regional se equilibra. 

Pero no es correcto apresurarse, sabemos que el exceso de optimismo hace que las decepciones sean más difíciles de procesar. 

3 julio, 2018

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata