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Pateando el tablero

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Trump continúa moviendo la estantería de la globalización. Pareciera que su arribo a la Casa Blanca tiene como elemento central desestabilizar la multilateralidad a la que recurrió la gran potencia durante la última década.

La cumbre del G7 en Canadá cristalizó esta crisis que demuestra la falta de consenso entre las potencias dominantes y enorme incapacidad de respuesta de las estructuras internacionales a las problemáticas globales.

Estados Unidos, tal como sucedió en diciembre de 2017 durante la reunión de la Organización Mundial de Comercio, mantiene su postura rupturista en función del cumplimiento del lema «Make America Great Again». Trump lo hizo realidad al cambiar un crecimiento hacia afuera por un crecimiento hacia adentro.

 

Esta postura lo aleja de la Unión Europea y sus aliados del NAFTA (México y Canadá), a quienes recientemente sorprendió con un aumento de aranceles al acero y aluminio, Un golpe contundente al intercambio comercial con esos países.

¿Puede conseguir aliados en esta cruzada anti-globalización? Al menos esto intenta. En el terreno del G7, Trump tendió puentes con Giuseppe Conte, flamante Primer Ministro italiano, que llegó al poder a partir de un acuerdo entre una fuerza antisistema y otra xenófoba y euroescéptica. Por otro lado, el presidente de Estados Unidos propuso el retorno de Rusia para re-editar el G8 que incluía a Moscú en momentos de mayor diálogo con Occidente. La crisis ucraniana y la anexión de Crimea a la Federación Rusa profundizó la tensión y terminó con la aplicación de sanciones de parte de la Unión Europea. Por eso, sugerir el retorno de Rusia no es más que una provocación de Donald Trump.

El crecimiento hacia adentro de Estados Unidos no incluye acuerdos globales, por lo tanto, no es tolerante a acuerdos de libre comercio que no contemplen cadenas de valor con domicilio y fronteras estadounidenses. En la medida que los números acompañen, la desocupación siga bajando y se registre apertura nuevas empresas, la globalización seguiría siendo enemiga de Trump.

 

¿Y la reunión con Kim?

El presidente estadounidense protagonizó un hecho histórico. Por primera vez desde 1953, un mandatario norteamericano se reunió con un Jefe de Estado norcoreano. Atrás quedó la recíproca retórica violenta del 2017 que puso en vilo al mundo entero pero que, como alguna vez analizamos en este medio, parecía más un fuego de artificio que una posibilidad real de conflicto.

 

Si bien resta por analizar la letra chica del acuerdo, la foto es contundente. Entre los beneficiados por la posible pacificación está, desde ya, su vecino Corea del Sur, pero por sobre todas las cosas China. El gigante asiático se pondrá la medalla de la mediación con Kim Jon Un y la revisión de su política de armamento nuclear. China no quiere más presencia norteamericana en su zona de influencia dado el carácter estratégico (por su peso comercial) que significa para Pekín el Mar Meridional.

No obstante, vale la pena preguntarse, ¿este acuerdo garantiza la salida de Estados Unidos de la región? Definitivamente no. Ni de la península de Corea, en donde tiene 30 mil soldados con sus respectivas bases militares, ni del Mar de China donde pretenden discutir el carácter internacional de mares que China asegura como propias.

El gigante asiático fue mediador y disciplinó a un vecino rebelde quien aceptó resignar su plan nuclear y debatir condiciones de paz con Corea del Sur a través de gestos muy importantes, como reunirse por primera vez en territorio surcoreano y destruir un centro de fabricación de armas nucleares. ¿Qué hizo Estados Unidos? Por el momento solo sacarse la foto. Puede hacer más, pero con esta administración republicana todo puede sorprender.

Como vimos, Trump patea el tablero constantemente, ya sea con una lógica proteccionista que pone nerviosos a China, la Unión Europea, Canadá y México; o moviendo el avispero de manera irresponsable y peligrosa en Medio Oriente, cambiando la Embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalén.

Lo que aparece sobre la superficie es la cara intención de Estados Unidos de abordar las grandes problemáticas con una lógica bilateral, sin aliados y por sobre todas las cosas, evitando discusiones en cualquiera de las instituciones de Bretton Woods. Además, la Casa Blanca está eligiendo sus enemigos. Evidentemente no es, al menos por el momento, Corea del Norte y todos los caminos conducen  a Irán.

De todas maneras, con Trump como actor global, todo es posible.

12 junio, 2018

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata