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¿Todo tiene que ver con todo?

 

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Detención de Lula y condenas en segunda instancia en Brasil. Intervención del Partido Justicialista y abuso de prisiones preventivas en Argentina. Artilugios judiciales para demostrar delitos de Rafael Correa por acto administrativo y detención del vicepresidente Jorge Glas en Ecuador. Campañas sucias en países en año electoral como México y Colombia, donde los candidatos progresistas lideran las encuestas. Acontecimientos que suceden en paralelo en estos días agitados de América Latina.

¿Hasta qué punto están conectados? ¿Forma parte de una intención concreta contra las izquierdas regionales? Para responder estas preguntas es importante clarificar intenciones, similitudes en los procesos y la disputa de fondo en la región.

 

La fuerza de la opinión pública

El continente latinoamericano atraviesa una disputa frontal que parece tener cancha inclinada. De un lado, fuerzas políticas y sociales con liderazgos fuertes que se enfrentan con bloques de poder que conducen el Estado y cuentan con estrechos vínculos con los medios de comunicación, la justicia y las grandes potencias internacionales.

La detención de Lula en Brasil desnudó a un poder judicial convencido en basarse más en la opinión pública y “la alta convicción” de un juez, que en los elementos probatorios para decidir la libertad de una personas acusada por un delito. Con las diferencias propias de cada legislación, esta situación se asemeja a las prisiones preventivas en Argentina, amparadas por la “Doctrina Irurzun”, que mantuvieron detenidos a Carlos Zanini y a Luis Delia por la causa del Memorándum o la situación judicial de la militante social de Jujuy, Milagro Sala, detenida sin condena ni pruebas. En palabras del propio presidente Mauricio Macri, se debió a que “una porción importante de la gente cree que cometió un delito”. Con la corrupción como eje central (hay casos concretos de corrupción que son ineludibles como José Lopez y Ricardo Jaime en Argentina, o gran cantidad de legisladores del PT vinculados al “Lava Jato”) pero con un telón de fondo marcado por la decisión de la justicia de ir detrás de las tapas de los diarios, el poder judicial se convirtió en un instrumento de disciplinamiento de voces disidentes.

´Moro y Bonadío se parecen bastante, por lo menos en lo que a decisiones judiciales respecta´ Click To Tweet

 

El poder turno, tanto en Brasil como en Argentina, apeló a las presiones. En la jerga se conocen como “carpetazos” y se usaron con el fin de dividir a las fuerzas opositoras y condicionar libertad a cambio de aprobación de leyes de ajuste. La reforma provisional en Argentina contó con los votos del peronismo dialoguista, mientras que la reforma laboral en Brasil se materializó también gracias al papel del PSDB (fuerza política sin un solo detenido en cuatro años por la causa Lava Jato que llevó a la fama al Juez Sergio Moro). A su vez, la candidata presidencial y exministra de Lula, Marina Silva decidió sumarse al coro de voces que justifican la detención del líder petista. “La ley tiene que ser igual para todos”, fue la frase elegida por Silva, la misma que utilizó Geraldo Alckmin, candidato de la derecha. ¿Los motivos? Presiones, o tal vez oportunismo electoral. Estos son ejemplos del modus operandi.

Ecuador es otro ejemplo. Un vicepresidente condenado por asociación ilícita sin pruebas y un expresidente saliente con acusaciones penales por firmar un decreto para actualizar los montos de deuda según el manual del FMI. Esto sucede luego de una reforma constitucional realizada vía referéndum que, entre otras cosas, eliminó el Consejo de Participación Ciudadana dándole más atribuciones al poder judicial.

“La opinión pública es un escudo para las investigaciones de corrupción”, dijo Sergio Moro en su visita a la Argentina exponiendo uno de los pilares de su doctrina que, como pasó con el Manipulite italiano (“Manos Limpias”), busca destruir al sistema político.

´Los sectores de poder harán lo posible para alcanzar un definitivo cambio de ciclo´. Click To Tweet

 

Al mismo tiempo, el poder de la opinión pública y la voracidad mediática están operando fuerte en los procesos electorales de Colombia y México. El primero, con el progresista Gustavo Petro como favorito, muestra una gran coordinación entre el sistema político colombiano expresado en el candidato de Alvaro Uribe, Ivan Duque, y los principales medios de comunicación, que buscan diariamente relacionar a Petro con Maduro por su condición de izquierdista y su buena relación pasada con el fallecido líder venezolano, Hugo Chávez. Mas allá de que no signifique ningún delito coincidir con las políticas de Maduro, para la opinión pública colombiana, especialmente la de los centros urbanos, vincular a un candidato con Venezuela es sacar a relucir problemas comunes entre ambas naciones como la cuestión migratoria. A su vez, en un país que tuvo 50 años de guerra civil, vincular a Petro con las FARC (por sus antecedentes en la guerrilla M19) es mentir para perjudicarlo.

Por su parte, Manuel López Obrador en México es resistido por las grandes cadenas de medios, que no tuvieron inconvenientes en instalar que su esposa es la nieta de un ex jerarca nazi. Una mentira que aún ningún gran medio desmintió.

 

Proscripciones de aquí y de allá

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Nadie puede negar que Rafael Correa, Cristna Kirchner y Luiz Ignazio Lula Da Silva representan liderazgos fuertes y una cosmovisión de región que supo ser hegemónica. Ellos, más que las fuerzas políticas que los sostienen, son incómodos para un bloque de poder que hará todo lo posible para evitar su retorno.

Con los matices de siempre y las críticas que pueden hacerse de cada uno de los procesos que encabezaron, el factor común que se observa en estos países es el de forzar divisiones o, directamente inhabilitaciones que, en casos como el de Lula, incluyen la cárcel.

´Correa y Lula están casi fuera del escenario de disputa electoral en sus países´ Click To Tweet

“Quieren hacerle creer a la gente que fuimos corruptos”, le dijo Cristina a Rafael Correa en una entrevista de la cadena rusa RT. Para la opinión pública, estos tres presidentes son corruptos y deben pagar por ello. Sin embargo, la causa que terminó con la detención del exmandatario brasileño o la orden de prisión preventiva que pesó sobre la líder del kirchnerismo tienen muchos huecos. El caso del tríplex de Lula se basa en la “alta conviccion” de Moro y la delación premiada del CEO de la constructora propietaria del inmueble que, dicho y sea de paso, logró disminuir la pena de 9 a 5 años de prisión. En Argentina, la denuncia del fallecido Fiscal Nisman por encubrimiento al atentado de la AMIA es la causa que, de no ser por los fueros de la ahora Senadora Nacional tendría a Cristina tras las rejas y tuvo privado de su libertad al excandidato a la vicepresidencia, Carlos Zanini. En ese sentido, Moro y Bonadío se parecen bastante, por lo menos en lo que a decisiones judiciales respecta. El camino de la proscripción llegó al justicialismo, principal partido de oposición. En un fallo insólito de la jueza María Romilda Servini Cubría, se terminó designando como interventor al sindicalista aliado del gobierno de Mauricio Macri, Luis Barrionuevo (acusado, entre otras cosas, de quemar urnas y evitar votación en la provincia de Catamarca en el año 2003).  Sin argumentos jurídicos, la única manera de entender esta intervención antidemocrática es mediante la disputa política existente entre el partido de gobierno y el justicialismo. Servini de Cubría es la misma que  en diciembre de 2016 denunció al gobierno de Mauricio Macri por intentar presionarla para que abandone el juzgado federal con competencia electoral.

A la detención y posible inhabilitación de Lula, la ofensiva contra Cristina Kirchner y la proscripción del Partido Justicialista en Argentina, hay que sumarles la situación que se vive en Ecuador, donde el último referéndum constitucional prohibió la reelección para aquellas personas que ya fueron jefes de Estado, es decir, Correa no puede ser candidato en 2021 por haber gobernado el país entre 2006 y 2017.

Según dijo el propio Correa en una reciente entrevista a Resumen del Sur, esto sucede porque “la derecha tiene terror de enfrentarnos en las urnas”. Como fuera, Correa y Lula están casi fuera del escenario de disputa electoral en sus países.

 

El vecino el norte que mete la cola

Estados Unidos siempre está pendiente de lo que sucede en América Latina. Tiene áreas especificas para analizar procesos electorales y apoyar o rechazar determinados candidatos. Desde la victoria de Donald Trump, la incertidumbre comercial se apoderó de los gobiernos liberales de la región, que aún confían en fortalecer vínculos. No obstante, la Casa Blanca siempre mira con atención cada movimiento.

La salida de Rex Tillerson de la Secretaria de Estado y la posterior llegada del ex agente de inteligencia, Mike Pompeo significaron un giro virulento para las relaciones exteriores de la potencia del norte. Si bien esta orientación será más visible en el rol de Estados Unidos en la guerra de Siria o en la disputa directa con Rusia y China, en nuestra región existe la intención de profundizar un cambio definitivo de ciclo histórico.

´Las teorías conspirativas no son confiables, pero como las brujas: que las hay, las hay´ Click To Tweet

 

En la búsqueda de tranquilidad para atender asuntos en Medio Oriente, la administración Trump mueve a sus aliados para seguir acorralando a Venezuela con sanciones, aislamiento y asfixia financiera y prepara su presencia en la Cumbre de las América de Lima con algunos escenarios complejos en el horizonte, como la crisis brasilera y las elecciones en Colombia. Respecto de esto último, la DEA pidió la captura del dirigente de las FARC, Jesús Santrich, por delitos de narcotráfico. Con el apoyo del gobierno Juan Manuel Santos y la alegría explícita del candidato de la ultra derecha colombiana fiel a Alvaro Uribe, Ivan Duque, esta situación pone en riesgo el proceso de paz y pretende, en una rebuscada pero posiblemente efectiva operación política, perjudicar a Gustavo Petro.

Entonces, ¿todo tiene que ver con todo? Podríamos decir que las teorías conspirativas no son confiables, pero como las brujas: que las hay, las hay. Los sectores de poder harán lo posible para transformar un escenario de disputa de proyectos regionales en un definitivo cambio de ciclo que se instale por décadas. La cancha inclinada de este partido les permite utilizar todos los recursos que tienen a mano: detenciones ilegales, proscripciones, mentiras o incluso violencia institucional, como pudo verse en Brasil con el asesinato de Mariela Franco, o en Argentina con el caso Santiago Maldonado y la ofensiva contra la comunidad mapuche o en Ecuador, con la reciente muerte de la activista social, Gavis Moreno.

No hay dudas que están corriendo la frontera de lo posible. El dilema radica en cuánto somos capaces de tolerar.

11 abril, 2018

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata