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Jugar con fuego

maduro

Una vez más Venezuela está en el centro de las opiniones. En esta ocasión por un duro informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos que habla del “alarmante debilitamiento de los derechos humanos y la democracia en Venezuela”, un fenómeno que se ha “intensificado” en los últimos años.

Específicamente, la CIDH se ocupa de dos cosas. La crisis económica que ha deteriorado la calidad de vida de los venezolanos, al punto de -a juicio del organismo- expulsar a la población a las fronteras con Colombia y, por otro lado, los hechos ocurridos entre abril y julio del año 2017, en donde el Estado reprimió duramente a las manifestaciones en contra del gobierno de Nicolás Maduro.

Como era de esperarse, los detractores del chavismo se subieron al tren de criticas para sacar otra vez a la luz el carácter autoritario y antidemocrático que según ellos tiene el gobierno venezolano y utilizaron la presencia del tema en la agenda pública para criticar el adelantamiento de las elecciones.

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Aquí es necesario separar la paja del trigo. Por un lado la crítica valida y atendible de un organismo internacional a un país que tiene múltiples problemas y, por el otro, los argumentos que esgrimen los detractores para justificar una mismísima invasión norteamericana.

Sobre lo último es importante destacar que hasta el inicio de la gira por Sudamérica del Secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, estaba avanzada la mesa de diálogo en República Dominicana entre chavismo y oposición con altísimos grados de consensos. El huracán Rex pasó por el medio y de manera imprevista la oposición tiró por la borda los consensos alcanzados durante meses. Esto es grave porque le da oxígeno a la linea más dura de la extinta Mesa de Unidad Democrática, que parece más preocupada por lograr sancionar económicamente al país que de participar de los comicios. Si bien esto puede cambiar en el correr de los meses, la ofensiva de la administración Trump contra Venezuela parece estar dispuesta a todo, incluso a materializar un golpe de Estado, dicho por el propio Tillerson.

A la estrategia de confrontación de la Casa Blanca se suman los aliados de Trump en América Latina, más precisamente, Mauricio Macri, Michel Temer, los 13 presidentes que componen el Grupo de Lima y el Secretario de la Organización de Estados Americanos, Luis Almagro. Todos ellos confirman que declararán “Persona no Grata” a Nicolás Maduro y le prohibirán la presencia en la Cumbre de las Américas que se desarrollará en Perú. Al mismo tiempo, Argentina, Brasil y Paraguay militarizarán la triple frontera permitiendo la instalación de bases militares estadounidenses y Colombia hará lo propio en su frontera, allí donde miles de venezolanos buscan ingresar para salir de la crisis.

¿Estas medidas puede ser garantes de la resolución de la crisis venezolana? ¿De qué manera las sanciones económicas y el aislamiento pueden ser factores de paz y consenso? ¿Por qué la oposición abandonó una mesa de diálogo avanzada y pone en duda la participación en las elecciones del 22 de abril? Es importante hacerse todas estas preguntas porque realmente resulta incomprensible la postura obstinada del antichavismo regional y vernáculo que abiertamente propone una intervención militar para sacar a Maduro de Miraflores.

En 2014 y 2015 la estrategia opositora era una Constituyente que luego rechazaron en 2017, en 2016 un referéndum revocatorio y en 2017 la convocatoria a elecciones presidenciales. Ya en 2018 y con la realización de tres elecciones consecutivas el problema terminó siendo la realización de elecciones. Si, leyó bien: los que pedían elecciones hoy se oponen a las elecciones y los que gritaban por el adelantamiento de las mismas hoy gritan, pero para rechazar ese mismo adelantamiento.  Volveremos más adelante a esta paradójica postura sobre cómo se resuelve la crisis venezolana para meternos en el documento de la CIDH.

¿De qué manera las sanciones económicas y el aislamiento pueden ser factores de paz y consenso? Click To Tweet

 

Es importante decir aunque parezca una obviedad que está bien que la CIDH denuncie abusos o violaciones a los Derechos Humanos en Venezuela. No hay motivos para argumentar que no es atinado destacar la situación de Leopoldo Lopez o la represión del Estado a las movilizaciones opositores, de la misma manera que se denunció la desaparición de Santiago Maldonado o la prisión sin condena de Milagro Sala en Argentina, la escandalosa elección y represión en las calles en Honduras, la crisis humanitaria en Haití o la dramática situación de los periodistas que mueren todos los días en México, por citar algunos. Para discutir seriamente lo que pasa en Venezuela hay que partir de la base de que lo que ocurre es grave, que la crisis económica golpea fuertemente y que la calidad de vida ha desmejorado en los últimos seis años. Parándose desde ese lugar y reconociendo lo que haya que reconocer del chavismo en términos de inclusión puede resultar más fácil pensar una respuesta como región. Pero no, la lógica es otra y lo que alguna vez pudo lograr UNASUR en diferentes crisis entre gobiernos muy diferentes entre sí hoy se convirtió en un club de enemigos de Maduro que no sirve absolutamente para nada.

Especialmente cuando los acusadores no tienen las manos limpias. Macri tiene dos muertos en dos años y pidió ayuda a la DEA para abordar “el conflicto con los mapuches”, sin mencionar los casos de gatillo fácil o los conflictos de interés de su familia, o bien su presencia y la de sus funcionarios en los Panamá y Paradise Papers. Michel Temer, quien fue grabado avalando sobornos, ostenta un cargo por el que no fue electo luego de destituir a Dilma Rousseff en un proceso flojísimo de papeles, mientras la justicia pretender dejar afuera del proceso electoral a quien lidera todas las encuestas. ¿Seguimos? Podemos mencionar la relación con Odebretch del peruano Pedro Pablo Kuczyski y la irregular (con muertos en las calles) asunción de Juan Orlando Hernández en Honduras. ¿Esto le saca la responsabilidad a Maduro de la crisis que vive su país y naturaliza los abusos del Estado como la represión o la falta de garantías de quienes están condenados? Absolutamente no, pero como siempre remarcamos desde este espacio, lo que se pide es al menos un poco de ecuanimidad para abordar seriamente los problemas de la región.

Ahora bien, si para Luis Almagro es más grave Nicolás Maduro que la decisión del presidente de Perú de indultar a un acusado de crímenes de lesa humanidad como Alberto Fujimori, el conflicto pasa a ser ideológico y no político, humanitario o de Derechos Humanos.

La sobre ideologización con la que la derecha regional destruyó estructuras regionales autónomas para aceptar la hoja de ruta de Estados Unidos es alarmante y lo único que traerá para Venezuela es mayor caos del que ya existe.

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¿Querrán solucionarlo o buscan agravarlo? ¿Cuál será la actitud de los países cuando las migraciones internas se agudicen por jugar nuevamente a la guerra contra el comunismo? La realidad es que la hipocresía regional para tomar la situación en el país bolivariano va a terminar logrando que la crisis termine de estallar y que empecemos a hablar de Venezuela en clave de guerra, cuando América Latina desde hace tiempo es un territorio de (relativa) paz. Quién se beneficia con estas maniobras es una pregunta que deberán responderse ustedes, estimados lectores.

Por más antipático que resulte, Maduro ganó una batalla política estratégica a partir de la instalación de la Asamblea Nacional Constituyente. A partir de entonces, se desactivaron las movilizaciones y el chavismo tomó el impulso necesario para derrotar de manera contundente a la oposición en las elecciones regionales y en las municipales. Frente a esta coyuntura, la derecha insurreccional venezolana considera que con sanciones, aislamientos e intervenciones podrán compensar la ausencia de plan propio, las divisiones y la casi segura derrota en las urnas y garantizar la normalidad institucional que acomode al país al nuevo clima de época. Lo que no contemplan son dos cuestiones básicas: las consecuencias que esto podría generar en la población y lo cómodo que se siente el chavismo confrontando.

15 febrero, 2018

Sobre el Autor

Augusto Taglioni

Director de Resumen del Sur, periodista. Mar del Plata