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Ni chilenos, ni argentinos: [en]clave Patagonia

mapu

Transnacionales sí, mapuches no

 Por Romina Casali (*)

La estigmatización y criminalización actual de lo indígena en general y de lo mapuche en particular se basa en sus “no derechos” sobre los territorios, como en los “si derechos” de los propietarios de tierras. Ambas operaciones son falaces. Ni los mapuche son chilenos, bárbaros y violentos, ni todos los empresarios son propietarios legítimos. Aquí un pequeño aporte –uno de los tantos posibles- a estas cuestiones.

Compañía y Sociedad incitan lo afable del ser. “La Compañía” y “La Sociedad” ya enturbian las sensaciones: tales las contundentes signaturas de la Compañía de Tierras del Sud Argentino (ASLCo) y la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego (SETF). Con génesis y trayectoria similar y paralela, una en (fundamentalmente) Chubut y otra en Patagonia austral, hicieron contacto cuando en 1975 la Great Western Corporation -off shore con sede en Luxemburgo- se hizo con el paquete accionario de “La Compañía”. La expresión del paraíso fiscal fue el grupo M.O.P, es decir los señores Menéndez, Ochoa y Paz. Eduardo Menéndez Hume era, nada más y nada menos, que el bisnieto de José Menéndez, uno de los fundadores del imperio SETF.

ASLCo fue nacionalizada en 1982 en el marco de la guerra de Malvinas, pero desde su creación en 1889 había sido la Argentine Southern Land Co. Inalteradas, aquellas originales 900.000 hectáreas fueron adquiridas –dicen que por 50 millones de dólares- por Luciano Benetton en los ’90; y en las que corresponden a Leleque y sus cercanías, fue hallado el cuerpo de Santiago Maldonado luego de 2 meses de desaparecido a partir de un operativo dirigido por gendarmería. La SETF fundó La Anónima en 1908 y hoy además de cotizar en bolsa, ser formadora de precios de comestibles y especialista en especular con ellos en momentos de catástrofe, cuenta con un miembro de la familia en el gabinete presidencial: Marcos Peña Braun, bisnieto de Mauricio Braun, también socio fundador junto a Menéndez (ver más ejemplos de cargos en “Las redes del clan Braun”, Nuestras Voces, enero 2017).

Para las minucias en la gestación y devenir de la ASLCo., recomendamos buscar en google Ese ajeno sur, de Ramón Minieri. Para uno de los más nítidos capítulos del despojo post “conquista del desierto” sufrido por los mapuche en Cushamen, sugerimos comprar La Chispa y escuchar al curador del archivo de Osvaldo Bayer, Bruno Nápoli: en este periódico de sugerente denominación, editado en Esquel entre diciembre de 1958 y abril de 1959, Bayer desnudó algunos de los efectos de la avanzada conservadora de los años ’30. Conservadores y radicales (ya por entonces) -en sus versiones política, judicial y comercial- estafaron a Rafael Nahuelquir para apoderarse de parte de las tierras que el general Roca entregara al cacique Miguel Ñancuche Nahuelquir en su segunda presidencia, acorde a la “Ley del Hogar” (N° 1501/1884). Para profundizar la perspectiva histórico-antropológica sobre la colonia Cushamen, nada mejor que acudir a los tantísimos académicos que se ocuparon del “tema mapuche” y que han demostrado con creces a lo largo de las últimas décadas que los sentidos comunes que hoy afloran para estigmatizarlos y criminalizarlos carecen de sustento alguno. Eran debates saldados hasta hace un par de meses.

La tan mentada propiedad privada que se arguye como fundamento principal es ilegítima e ilegal, “de base” y por “reproducción de”: porque se erige sobre el genocidio indígena y sobre la violación de leyes que tenían como objetivo el poblamiento y la pequeña propiedad (947/1878, 1265/1882, 1501/1884,1628/1885, por ejemplo). O porque directamente fue entregada en concesión por los gobiernos, léase: regalada. Luego, extrapolemos a Otranto, Noceti, Bullrich, Benetton, Magnetto al largo siglo XX del genocidio indígena e imaginemos las infinitas posibilidades y formatos de timos sobre las comunidades. Pensemos retrospectivamente en la eficacia de la SRA en esta materia en función de la actual, tiempos de tecnología informativa, fluir democrático, horizontalidades y complejidades en los cruces de poder. Admitamos la imagen del “corrimiento de los alambrados” desde siempre y hasta nuestros días por parte de los estancieros. Potenciaríamos así nuestra comprensión sobre lo ilegítimo e ilegal de la apropiación de la tierra por parte del blanco.

La ASLCo y la SETF no sólo no poblaron la Patagonia desde que se instalaron a fines del siglo XIX (ni nunca), sino que mantuvieron una dinámica de enclave. Pretendo hacer foco aquí en el flujo puntarenense. Patagonia Austral –Tierra del Fuego, Magallanes, sur de Santa Cruz- fue el escenario ecológico, político, social y económico de la acumulación primitiva; la versión concentrada de factores comunes a otras usurpaciones extranjerizantes y aquella extrema de la desterritorialización. La cualidad geográfica fue crucial, al igual que el tipo de colonización. A saber…

Patagonia austral está habitada desde hace al menos unos 10.000 años, según reza el registro arqueológico. Al momento de la llegada del blanco podían reconocerse cuatro grupos poblacionales: selk’nam (onas) en el interior de la Isla Grande, yámana (yaganes) en la zona del canal Beagle y del cabo de Hornos, kaweskar (alacalufes) a lo largo de los canales de la Patagonia occidental y haush, que habitaban la península Mitre, donde habrían sido confinados a partir de enfrentamientos con sus vecinos selk’nam a pesar de haber llegado con anterioridad.

Desde el descubrimiento del estrecho de Magallanes en 1520, pasando por el del cabo de hornos en 1616 y el del canal del Beagle a comienzos del siglo XIX, la zona fue impactada por el tránsito de las potencias en el marco de una globalización en ascenso que aún no contaba con el canal de Panamá como puerta interoceánica. La región, de taxativa relevancia geopolítica, fue víctima de un saqueo costero que dejó al borde de la extinción a muchas especies faunísticas y que violentó de forma aberrante a yámanas y kaweskar, no sólo explícitamente sino también a través de la dispersión de enfermedades. La corona española ensayó infructuosamente el asentamiento en 1584 mediante la fundación de “Nombre de Jesús” y “del Rey Don Felipe” sobre el estrecho, en el continente. Tierra del Fuego se mantuvo así al margen de la colonización española y fueron los ingleses los primeros en asentarse en 1869 en la actual Ushuaia, luego de un tenaz intercambio entre las Malvinas ocupadas en 1833 y el Beagle; acto anglo preludio y símbolo de lo que en breve expresaría la ganadería ovina.

Consideramos que Tierra del Fuego asistió a lo que hemos dado en llamar una doble colonialidad: un tipo de colonización que conjuga elementos propios de una iniciática o metropolitana y aquellos de la sujeción ejercida por los Estado-Nación en ciernes. Un neocolonialismo inglés que junto a la “conquista del desierto” republicana estructuraron los dispositivos de poder, todos y al mismo tiempo. Los selk’nam, una sociedad cazadora-recolectora aún no atravesada por la dominación, se vio impelida a tolerar todos los dispositivos de poder, soberanos y disciplinarios; todos sus agentes y artífices,  sin contar con una transición entre dos momentos coloniales. En otros espacios, los siglos de convivencia habían permitido una articulación entre “lo indígena” y “lo blanco”; aunque no exenta de tensión, esta dinámica social y comercial fue consecuencia y causa de las mutaciones sociales, políticas, económicas y culturales que oportunamente efectuaron las comunidades indígenas para sobrevivir.

Tierra del Fuego fue sujeto y objeto de un capitalismo tecnologizado, financiero y globalizado que la utilizó para desenvolverse como enclave. Hacia 1880 mediante el laboreo aurífero y desde 1885 y 1897 (Chile y Argentina respectivamente) a través de la ganadería ovina. El ingeniero rumano Julio Popper principió la autarquía despótica que luego sistematizaría la SETF: en la zona de la bahía de San Sebastián cazó selk’nam, acuñó moneda, imprimió estampillas y enfrentó al gobernador Cornero, quien fue suspendido en su cargo a raíz del conflicto, llegando el gobierno central a estimar la posibilidad de anular la gobernación de la isla y anexarla a la de Santa Cruz. Afortunadamente, Popper murió en 1893.

La SETF gestó, organizó y desarrolló aquello de lo privado sobre lo púbico y de la empresa por sobre el Estado y para ello el genocidio selk’nam fue fin y medio. La SETF fue potestad en un escenario regional, una unidad territorial con desarrollo autogenerado; una integración autárquica en la que Punta Arenas portó el rol dinamizador independientemente de las soberanías chilena y argentina. En lo que desde 1921 sería Rio Grande, a pasitos de esa fecha, aún se festejaba el día patrio chileno; en la isla circulaba la moneda del país trasandino al igual que la libra esterlina y los empleados del Banco Nación en Ushuaia cobraban su sueldo vía Punta Arenas. Con el atractivo ingrediente de ser Punta Arenas puerto libre de aduanas, la comunicación directa con el mercado internacional potenciaba esta situación y daba lugar a una “especial estrategia que permitía a estos capitales controlar simultáneamente la producción y distribución de los productos ganaderos en los mercados del Atlántico y del Pacífico”, como escribiera Susana Bandieri.

Que los empresarios ganaderos se desenvolvieran a ambos lados del límite internacional con total soltura, como ostentadores de autoridad y abastecedores de las agencias estatales, además fue consecuencia del monopolio: tierras, capitales, transporte y comunicaciones, comercio y mercados, en todo lo cual fue crucial la injerencia de las inversiones inglesas. Estos factores, imbricados, facilitaron una inusitada capacidad y diversidad productiva y un nivel tal de tecnologización y tecnificación en la cría del lanar, que en cuatro años la solvencia empresarial se tradujo en ganancias para los accionistas y en un sueño industrial -sin gente- en la estepa.

El imperio de la SETF comenzó en 1893 en Chile con base en 1.359.000 hectáreas que el presidente Balmaceda entregara al comerciante portugués José Nogueira, casado con Sara Braun. Fallecido Nogueira, su cuñado Mauricio Braun devino sucesor mercantil y quedó a cargo de “La Sociedad”, de la que también era parte José Menéndez. La endogamia financiera se ajustó con el casamiento en 1894 entre Mauricio Braun y Josefina Menéndez, hija de don José y María Behety. 1.359.000 sobre 2.800.000 que tenía la Tierra del Fuego chilena: el 50% de su superficie, pero casi la totalidad de la tierra apta para la cría del lanar. Como dijera Joaquín Bascopé, habiendo obtenido las colosales concesiones, supieron muy bien a quien interceptar para recabar capitales:

“el día en que Braun subió al barco Iberia, de paso en Punta Arenas, para entrevistarse con Peter McClelland, representante de la Duncan, Fox & Co. y futuro primer director de la Explotadora, fue el destino completo de la Patagonia el que dio un viraje decisivo”

El sur de Santa Cruz y la Tierra del Fuego argentina también fueron propiedad de la SETF. El propio gobernador de Santa Cruz, Carlos Moyano, visitó Punta Arenas en 1885 para entrevistarse con empresarios ganaderos e invitarlos a radicarse en su dominio, otorgando las tierras necesarias. En Tierra del Fuego, la SETF se hizo con toda la estepa en los remates de 1897 y 1899: circa 550.000 hectáreas sobre 418.000 de estepa, en las que instalaría las estancias Primera Argentina (luego José Menéndez), Segunda Argentina (luego María Behety), Tercera Argentina (o Herminita), Sara, San Sebastián, Ruby y Teresita, convirtiéndose José Menéndez en el mayor propietario individual de la parte argentina de Tierra del Fuego.

Ergo: los selk’nam serían perseguidos, cazados, deportados a la misión salesiana San Rafael en la isla Dawson o rematados para el servicio doméstico en Punta Arenas. Aproximadamente 1000 morirían a causa de la tuberculosis en las dos misiones salesianas, San Rafael y La Candelaria (Río Grande, Argentina).

El latifundio de la SETF no sobrevivió como el de ASLCo, por grosero e inocultable en una isla, pero también por la capacidad de la empresa de mutar luego de que Patagonia austral se convirtiera en periferia: la apertura del canal de Panamá, la crisis lanera originada en la disminución de la demanda y precio del producto y agravada por las huelgas de los peones rurales, la sequía de los años 1921-22 y la política de integración territorial encarda por Hipólito Yrigoyen (principalmente la reimplantación de los impuestos aduaneros), según analizara Elsa Barbería. El monopolio de los Braun-Menéndez en transporte también tambaleó desde la Ley de Cabotaje de 1918. Para estos momentos, el capital inicial era más que suficiente.

Así las cosas, ciertas propiedades privadas de hoy no son ni legítimas ni legales como pretende el imaginario colectivo. Más aún, aplicando el criterio de extranjería que es causal de estigmatización y criminalización de la comunidad mapuche y su lucha, se puede decir que el empresariado y sus “tierras” es más chileno que argentino, contundentemente transnacional; pero aquí tampoco es fácil eludir el doble estándar y entonces se vislumbra beneplácito. Mariano Nagy comentaba en una entrevista que la posverdad ya se había inventado para sostener la “conquista del desierto”: se construyó un relato performativo, que no respondía a la verdad histórica en función de una patria que, entre otros ingredientes, negaba lo indígena. No podemos como sociedad del siglo XXI comportarnos como la del XIX y ser cómplices o artífices de un genocidio continuo. Material, simbólico, ideológico.

 

(*) Doctora en Historia e Investigadora de CONICET.

24 noviembre, 2017

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Redacción Resumen del Sur