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El acuerdo de unidad palestina: buscando una salida a la crisis

Por Kevin Ary Levin *

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El pasado 12 de octubre, delegaciones de Fatah y Hamas se reunieron en El Cairo para formalizar un acuerdo de unidad que busca establecer una administración conjunta de la Autoridad Nacional Palestina. De esta forma, las dos principales facciones políticas palestinas buscan poner fin a un status quo de una década de duración que desencadenó en el control de Hamas sobre la Franja de Gaza y el control de Fatah sobre las porciones de Cisjordania bajo autonomía palestina.

 

Desde su aparición en la escena pública a fines de la década de 1980, Hamas se erigió como una alternativa a la hegemonía de Fatah al frente de la Organización para la Liberación de Palestina, desafiando abiertamente la aceptación de esta última a las concesiones territoriales, cooperación con Israel y renuncia a la violencia que los palestinos moderados venían planteando desde 1974. Esta actitud se vio reflejada en los Acuerdos de Oslo de la década de 1990, en los que la OLP (liderada por Fatah y su histórico dirigente, Yasser Arafat) reconoció al Estado de Israel y se comprometió oficialmente a un proceso de negociaciones con miras a la concreción de un Estado palestino que lindara con Israel en un territorio no mayor que Gaza y Cisjordania, territorios conquistados por Israel en la Guerra de los Seis Días de 1967, creando a tal fin la Autoridad Nacional Palestina (ANP) bajo el liderazgo de Arafat. Tras la muerte de esta figura clave en la política palestina en el 2004, las dos agrupaciones intensificaron su disputa, hasta llegar a un violento conflicto en el año 2007 que dejó un saldo de más de 600 muertos. Como resultado, desde ese año los territorios palestinos en disputa se dividieron en dos zonas sin continuidad territorial: Hamas tomó el control de Gaza y Fatah continuó dominando Cisjordania, gozando esta última agrupación del reconocimiento internacional y la designación de la Autoridad Nacional Palestina como resultado de su actitud conciliadora y su cooperación con el Estado judío.

 

Mientras que la relación entre Fatah e Israel tuvo sus altibajos, Hamas e Israel fueron consistentes en su hostilidad. En tres ocasiones durante los últimos años (2008, 2012 y 2014) Israel ingresó a Gaza con el fin de destruir la infraestructura de Hamas y detener el lanzamiento de cohetes y morteros al sur de su territorio. Las incursiones generaron crisis humanitarias en términos de salud, vivienda y electricidad, entre otros servicios, que nunca pudieron ser resueltas debido a los impedimentos logísticos, la falta de fondos y el incumplimiento de compromisos internacionales de ayuda humanitaria. Mientras tanto, Israel continúa bloqueando junto a Egipto la Franja de Gaza por tierra, aire y agua, medidas que sostiene son necesarias para limitar el poder de Hamas, que en los últimos años se dedicó a excavar túneles subterráneos hacia Israel. Israel culpa a Hamas por las condiciones de vida de los gazatíes, señalando su inversión política y económica en la destrucción de Israel antes que en la vida de sus habitantes. Gaza sufre también por la presión de Fatah, que durante los últimos meses logró reducir el suministro eléctrico a Gaza y recortar salarios de funcionarios en el territorio en un esfuerzo de lograr el control del territorio.

Las incursiones de Israel generaron crisis humanitarias en términos de salud, vivienda y electricidad Click To Tweet

Esta situación humanitaria y la falta de avances hacia la soberanía palestina deja a Hamas con poco para mostrar en cuanto a logros a diez años de la escisión intrapalestina. Por su parte, el enfoque moderado de Fatah basada en la cooperación de seguridad con Israel y ocasionales rondas de negociaciones sin éxito también da señales de agotamiento entre los palestinos, mientras la autoridad de su líder octogenario, Mahmoud Abbas, se ve profundamente deteriorada ante la falta de avances. Ninguna de las dos fuerzas quiere ver su autoridad desafiada por una tercera agrupación o por un levantamiento espontáneo palestino que siga el modelo de la Primera Intifada de 1987, que podría llevar al colapso de la precaria estructura política palestina y atrasar aún más el camino a la independencia. En ese contexto, el acuerdo Hamas-Fatah tiene el potencial de revitalizar el mandato de una desgastada Autoridad Nacional Palestina, al otorgarle mayor control sobre el territorio bajo su control y avanzar en un frente político unificado a posibles negociaciones con Israel con la mediación de Estados Unidos dotado de mayores capacidades de garantizar su cumplimiento en los dos territorios discontinuos bajo control palestino. Los primeros resultados ya son visibles: el 1 de noviembre la ANP asumió el control del control fronterizo Rafah que separa Gaza y Egipto, bajo la promesa de volver a su funcionamiento normal a mediados de mes luego de diez años de interrupción.

 Un frente político unificado en los dos territorios discontinuos bajo control palestino Click To Tweet

El acuerdo es evidencia también de la creciente influencia de Egipto en asuntos internos palestinos, un hecho relevante que puede limitar la capacidad de intervención de otros actores regionales que en los últimos años buscaron proyectar su influencia en el conflicto, como Turquía o Qatar.

 

Sin embargo, es muy temprano para presagiar avances políticos que redunden en un aliviamiento de la situación palestina y permitan ver pasos concretos hacia la independencia. Por un lado, esta no es la primera vez que los palestinos realizan un experimento de unidad durante la última década. Luego de cuatro fracasos anteriores, el éxito de este experimento implicaría llegar a compromisos que demostraron ser inalcanzables en el pasado, en un acuerdo futuro más detallado que incluya la transferencia de instituciones políticas en Gaza a la ANP (previsto para principios de diciembre), la unificación de fuerzas de seguridad que operan en ambos territorios y la realización de elecciones para designar un nuevo liderazgo palestino en ambos territorios. El 21 de noviembre se realizará una nueva reunión en El Cairo con las principales facciones políticas palestinas para intentar definir estos temas.

El acuerdo es evidencia también de la creciente influencia de Egipto en asuntos palestinos Click To Tweet

Por otro lado, el proceso de unificación está atravesado por fuertes presiones externas con una influencia decisiva sobre su futuro. En este sentido, el gobierno israelí anunció rápidamente su oposición a cualquier acuerdo de reconciliación palestina que no contemple el desarme de Hamas y el reconocimiento inequívoco de Israel. Netanyahu afirmó en Facebook que “reconciliarse con asesinos en masa es parte del problema y no parte de la solución”. El esperable rechazo israelí (un calco de las respuestas a acuerdos de unidad anteriores) parece no haber logrado detener la reconciliación, despertando críticas tanto de líderes de Fatah como de Hamas. Tal parece que la crisis a la que se enfrentan ambas agrupaciones le otorga a la reconciliación un carácter de urgencia que permite a Fatah poner en riesgo la continuidad de su diálogo con las autoridades israelíes con el objetivo de mantenerse en el poder.

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Por su parte, representantes del gobierno estadounidense también expresaron demandas de que Hamas se desarme y reconozca Israel, aunque se mostraron más optimistas que Netanyahu frente a las posibilidades de que este acuerdo pueda llevar a la moderación de Hamas. Desde la perspectiva de Estados Unidos y los otros miembros del Cuarteto del Medio Oriente (la ONU, la Unión Europea y Rusia) la unidad palestina es un paso previo necesario para la realización de un acuerdo definitivo basado en la fórmula de “Dos Estados para Dos Pueblos”. Aunque Estados Unidos considera a Hamas una organización terrorista y las actitudes iniciales de la administración Trump frente al conflicto israelí-palestino dan a entender que el gobierno estadounidense está lejos de presionar a Israel o de escalar tensiones con Netanyahu que fueron características de algunos momentos del período Obama, la postura final de Trump frente a la reconciliación será clave, dado que la ANP tiene una fuerte dependencia en la ayuda económica estadounidense.

 

El acuerdo abre una serie de interrogantes sobre sus consecuencias para el futuro de la región y el conflicto. Frente a estas presiones, el acuerdo puede llevar a una moderación de los reclamos de Hamas y una intensificación del contacto con las autoridades israelíes que pueda dar un ansiado reinicio al proceso de negociaciones entre ambas partes. Un escenario alternativo podría incluir la radicalización de la Autoridad Nacional Palestina ante la realización de postergadas elecciones y la falta de avances en el diálogo con Israel que podría dar fuerza a posturas palestinas maximalistas, dando lugar así a una escalada de tensiones que podría llevar al próximo enfrentamiento en la región, ya no limitado a Gaza, sino abarcando también el más extenso territorio de Cisjordania.

 

En un tercer escenario a la vista, la reconciliación palestina podría fracasar. En ese caso, el posible mensaje que sacarían los palestinos de la experiencia es que la salida del punto muerto en el que se encuentran en relación a sus condiciones de vida y el congelamiento de las negociaciones de paz podría requerir un cambio político más profundo. En relación a esta posibilidad, podemos conectar de forma directa las perspectivas de éxito de este acuerdo con las posibilidades de estabilidad política en la sociedad palestina y el conflicto palestino-israelí, en una región ya hoy marcada por su inestabilidad.

 

 

*Kevin Ary Levin es investigador del Departamento de Medio Oriente del Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de La Plata.

 

2 noviembre, 2017

Sobre el Autor

Redacción Resumen del Sur