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“En algún punto lo que está haciendo Argentina es la “chilenización” de la relación con el pueblo mapuche”

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La desaparición de Santiago Maldonado abrió varios debates en Argentina. Por un lado, lo relacionado con el rol del Estado en el accionar represivo que, como en otros momentos de la historia, ubicó al país en el centro del debate internacional. A su vez, puso sobre la mesa la discusión sobre el pueblo mapuche, su historia y los reclamos históricos. Es este marco, Resumen del Sur consultó al historiador Mariano Nagy quién explicó en detalle el conflicto y consideró que el país está frente a un proceso de “chilenizacíon respeto de la relación con el pueblo mapuche”.

 

¿Cuál es la situación actual del conflicto entre los mapuches con el estado argentino?

Está candente por varias razones, principalmente dos. Una de ellas es la feroz campaña contra el pueblo mapuche, que ha reactivado los discursos sobre la supuesta extranjería, la famosa teorías sobre la “araucanización de las pampas” que es la de década del 30. En segundo lugar, hay un componente racista muy importante en algunos sectores de la sociedad y que no casualmente se reactiva en un momento donde está en discusión la posibilidad o no de prorrogar la ley que frena los desalojos. Si bien esta ley se ha ejecutado de manera distinta en cada provincia, al menos es una variable jurídica que impide los despojos sobre los pueblos originarios.

Vos dijiste que hay un fuerte componente racista, ¿de dónde surge?

Por supuesto que esto es opinable. Nuestro grupo de investigación tiene una hipótesis, que tomamos de la antropóloga Claudia Briones. Ella dice que los discursos del siglo XIX sobre los indígenas, de Estanislao Zeballos o el Perito Moreno, o eso de exhibir sus cuerpos como habitantes del pasado, siempre vuelven a emerger. Yo le agrego que tiene que ver con la modalidad de construcción del estado argentino: se perpetró un genocidio contra la población originaria. Toda aquella política se encuadra dentro del delito de genocidio: campos de concentración, asesinatos, impedir nacimientos en el seno del grupo, traslados, borramientos de identidad, todo encaja en lo que señala la ONU como delito de genocidio. Yo entiendo que en este “genocidio constituyente”, como señaló Daniel Feierstein, que es cuando los estados se consolidan y buscan dejar afuera a aquellos pueblos que no están llamados a formar parte de este estado, en nuestro caso los indígenas o los afrodescendientes, ese discurso “queda ahí” latente. Mientras los indígenas sean buenos, vendan artesanías y muestren amor por la tierra y la ecología, nos parecen pintorescos. Ahora, cuando el estado o algunos funcionarios políticos o algunos medios, desde el desconocimiento, la ignorancia y la malicia, observan que pueden llegar a plantear alguna amenaza, real o imaginaria, sobre un supuesto “nosotros” argentinos, esos discursos vuelven a aparecer. No son distintas las cosas que se dicen hoy sobre el pueblo mapuche que las que se decían en el siglo XIX. Eso no es causalidad. Que son extranjeros, violentos, todo un bagaje discursivo que de novedoso no tiene nada: lo decía Estanislao Zeballos cuando pedía la partida presupuestaria para la “Conquista del Desierto”.

En ese sentido, ¿cómo fue la relación entre el pueblo mapuche y los estados argentinos y chilenos durante el siglo XX? Porque en los últimos años el conflicto parece resurgir con mayor violencia, sobre todo del lado chileno.

Yo creo que en algún punto lo que está haciendo Argentina es la “chilenización” de la relación con el pueblo mapuche. La gran diferencia de un lado a otro tiene que ver, simplificando, con que las dos conquistas utilizaron eufemismos distintos, pero son casi en la misma época. Allá se llamó “Pacificación de la Araucanía”, con lo cual, la negación está en el verbo: dice que hay paz pero son campañas y batallas. En el caso argentino no están negado el verbo, dice Conquista. Lo que en Chile no se niega es la región, la Araucanía. En Argentina si, se niega el lugar: el Desierto. En Chile arranca antes porque este país no participa de la Guerra de la Triple Alianza. Esta demoró los planes de Argentina en avanzar la frontera, que ya estaban en las leyes. Recién comienza un avance más sistemático en 1870 que termina en campos de concentración, personas atrapadas. Otra diferencia es que la población mapuche, que no es el único pueblo originario en Chile, se queda confinada en un sector que se considera el 5% de su territorio original. Quedaron concentrados en una zona. En Argentina hubo un fenómeno de mas de dispersión, hubo huidas. La otra diferencia es que Chile tuvo un gobierno socialista durante unos pocos años, que impulsó la reforma agraria y el reparto de tierras a la comunidad mapuche, cosa que acá no había sucedido. Entonces cuando vino la dictadura chilena, Pinochet volvió atrás con esas reformas y antes de irse, estableció que cualquier acción contra el estado, real o imaginaria, convertía a un mapuche en terrorista: la famosa ley antiterrorista. Que se sigue aplicando a los pueblos originarios en Chile. Se inventan causas y en el imaginario queda como que los mapuches están atentando contra el estado. Y como dijimos antes, como toda la población quedó concentrada en un 5% de su territorio, cuando uno mueve un pie ya está afectando al otro. Allá el avance de las empresas forestales es un fenómeno muy importante, hay enclaves forestales que avanzan sobre el territorio mapuche. Acá pareciera que los espacios son más grandes, y los conflictos son más diversos: hay intereses turísticos, petroleros, sectores de la agricultura, depende el lugar. Acá aparentemente no hay escalada conflictiva, no se que va a pasar de acá en adelante.

Escribiste un libro sobre el uso de la historia de las relaciones entre los pueblos indígenas y el estado en el aula, con el objetivo de romper esas imágenes y discursos cristalizados y especializados de los indios que siguen presentes en la propia formación de los docentes, ¿en qué quedó ese proyecto?

El libro se llamó Pueblos indígenas y estado: Aportes para una reflexión crítica en el aula. A mi me convocaron del Ministerio de Educación de la Nación en 2014 con el proyecto de hacer algo en la misma tónica de los libros sobre educación y memoria, como Pensar la Dictadura, con el mismo formato de pregunta y respuesta, con fuentes para trabajar en el aula. Yo le hice un par de reformas, porque los textos escolares suelen tener un discurso central sobre  la conformación del estado y en algunos recuadros alguna información sobre las relaciones interétnicas, como si fueran anecdóticas. Nuestra propuesta fue invertir esa relación, lo central en el libro son las relaciones interétnicas, entres los pueblos indígenas y los estados colonial y nacional, y después recuadros de contextualización: qué fue el virreynato, la revolucion de Mayo, la confederación, etc. Es una periodización en cuadro pero que cumple un rol secundario. Cada capítulo tiene un anexo para docentes. Lo central del libro refería a Pampa y Patagonia y buscábamos como una especie de “historia de largo plazo” que tuviera los últimos avances en cuanto a todos los temas que se discuten, de una forma clara y simple, pero sin perder el rigor histórico, que recogiera las discusiones académicas pero que sirviera para los docentes. Desgraciadamente, quedó trunco por el cambio de gestión.

5 septiembre, 2017

Sobre el Autor

Redacción Resumen del Sur