Desarrollo Sostenible, Destacados

Desarrollo sustentable como política de Estado

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Cuando propusieron escribir sobre desarrollo sustentable, lo primero que pensé fue que era un desafío debido a que mucho se habla sobre sustentabilidad, pero poco se conoce sobre ello.

Intentaré informar sobre lo que pasa en el mundo y la región sobre esta cuestión con un enfoque objetivo y profesional, pero sin dejar de lado que la sustentabilidad solo puede ser lograda con inclusión social y equidad. Mi formación a veces lleva a aclarar las cosas con datos científicos, muchas veces inentendibles o simplemente aburridos, buscaré otro enfoque de la comunicación científica.

Empecemos entendiendo al “desarrollo sustentable”. La mejor definición se expresa desde la necesidad de vivir cómodamente sin poner en riesgo la calidad de vida de las futuras generaciones. Y si a eso le sumamos los países en desarrollo, el desafío es doble.

Es importante destacar que el desarrollo sustentable (o sostenible) no se refiere a un estado inmutable de la naturaleza y de los recursos naturales, pero sí incorpora una perspectiva de largo plazo en su manejo, por lo que ya no se apunta a una “explotación” de los recursos naturales sino a un “manejo” de ellos. De esta manera se defiende la necesidad de que la dirección de la inversión y del progreso científico tecnológico estén encaminados a la satisfacción de las necesidades presentes y futuras.

Por eso, es hora de empezar a hablar de sustentabilidad real para que sea parte de los debates políticos y de la toma de decisiones a futuro. El motivo es simple, nos conviene a todos. A los empresarios, a los trabajadores, a los jóvenes y por sobre todas las cosas a las futuras generaciones.

Pero la sustentabilidad, como la naturaleza, es la suma del conjunto de cosas. En este caso, las acciones que producimos en el suelo que habitamos.  No puede haber sustentabilidad con explotación indiscriminada de recursos, con pobreza. No puede haber sustentabilidad con sistemas productivos que priorizan patrones de consumo monetarios, y no puede haber sustentabilidad sin una decisión política acorde.

Vamos a puntear algunos datos que solos no suenan relevantes, pero que viéndolos juntos nos pueden dar un poco de luz sobre qué debería cambiar a través de un desarrollo sustentable:

El 2015 fue el año más caluroso desde 1880. Más específicamente en el último diciembre se registró la temperatura más alta en 136 años.

Estas temperaturas se deben sobre todo a la emisión de CO2. En el tratado de Kyoto muchos países se comprometieron a reducir esta emisiones, pero lejos están de llegar lograrlo sin una planificación de la industria, la economía y la cultura del consumo.

Las grandes urbanizaciones  en la región son otro problema. Cerca de un 80% de la población vive en centros urbanos (Argentina encabeza esta lista con un 92% de su población). Pero no existen, salvo casos muy puntuales, ciudades preparadas para albergar de manera sustentable a tanta gente.

Otra cuestión es la explotación del recurso natural sin planificación, sin sustento ecológico y sin escrúpulos. Esto suele estar asociado a la explotación a niveles industriales favorecida por políticas de Estado y el abandono de la agricultura familiar, de la producción regional y local, la centralización de la economía y la exportación, como así también la expansión de la frontera agrícola en países con regiones tropicales y subtropicales con la eliminación de la cobertura natural propia, la implementación de monocultivos y la utilización de agrotóxicos para optimizar la producción.

Entonces, cuando juntamos todos estos eslabones podemos encontrarnos y entender los problemas ambientales diarios.

El primer ejemplo que puede darse de todo lo anteriormente relatado tiene que ver con las catástrofes ambientales de las últimas semanas en Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina. Allí se volvieron a sufrir los efectos de las altas precipitaciones, y si sumamos la deforestación, tenemos como resultado la poca filtración del agua caída que deja a miles de evacuados a las vera de los grandes ríos y arroyos internos. A su vez, Sudamérica y el Caribe  sufren la proliferación del dengue, el virus zika y chikunguña, trasmitidas por el conocido mosquito Aedes Aegypti.  Argentina y Paraguay sufren la peor plaga de langostas de los últimos 15 años. Podríamos enumerar en cada continente problemas similares de las últimas semanas.

Entonces, llegamos a la conclusión de que el desarrollo sustentable depende necesariamente de las decisiones políticas de los gobiernos, de los intereses y de los poderes de turno.  Pero también de cambios que estemos dispuestos a hacer como sociedad. Es hora, no de tomar conciencia, si no de llevar a la política el medio ambiente.  Es hora de que los científicos también sean políticos, es hora de que nuestros representantes tengan prácticas ecológicas. Pero sobre todo nosotros, ya no solo para asegurar el futuro de otras generaciones, si no de nuestro propio bienestar.

 

4 febrero, 2016

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Redacción Resumen del Sur